APKDock Logo
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Cuando Dejé de Esperarte

Cuando Dejé de Esperarte

Tras levantarse de la cama de Antonio Toscano, la protagonista recibe su ropa interior de manos de él, quien le comunica con total frialdad que ha modificado la clave de acceso a su hogar. Con la instrucción de no regresar a menos que sea estrictamente necesario, Antonio justifica su decisión ante el desconcierto de ella: la mujer a la que tanto tiempo intentó conquistar finalmente ha aceptado ser su novia, y él no está dispuesto a arriesgar esa nueva relación permitiendo que se encuentren.
Capítulos
Compartir

Capítulo 8

Aparté el celular de la oreja y colgué.

La pantalla se apagó.

***

Pensé que no podría dormir, pero no fue así. Esa noche me quedé dormida en cuanto toqué la almohada.

Cuando desperté, ya habían pasado de las dos de la madrugada. Me despertó la sed. El invierno del norte es seco y frío, y todavía no terminaba de acostumbrarme.

Bajé a tomar un vaso de agua. Pero, justo cuando iba a subir las escaleras, escuché un ruidito muy leve que venía del baño.

¡Hay un ladrón en la casa! Todo mi cuerpo se tensó al instante. Sentí cómo se me erizaba la piel.

El corazón me dio un vuelco. Contuve la respiración, me quedé quieta un momento, y luego avancé descalza, con cuidado.

Mi celular estaba arriba. Tenía que subir para llamar a la policía.

Pero justo cuando estaba a punto de llegar a las escaleras, la puerta del baño se abrió de golpe.

Se me erizó hasta el cuero cabelludo del susto. Por instinto, agarré el paraguas que estaba a un lado y lo lancé sin pensar. El hombre lo atrapó de inmediato. Antes de que pudiera gritar, me jaló hacia él y me tapó la boca.

Fue entonces cuando, horrorizada, caí en cuenta de que… no llevaba ropa interior. El camisón, sostenido apenas por los tirantes, dejó mi espalda al descubierto, y se pegó directo a su pecho desnudo. Había calor, vapor… y un ligero aroma a verbena húmeda.

¡Carajo! ¡Este ladrón no solo se metió a mi casa, sino que encima anda desnudo!

Temí que me asfixiara. Giré la cabeza y le mordí el antebrazo con todas mis fuerzas, forcejeando desesperada.

Pero su fuerza era demasiado grande. Me sujetó con firmeza y, cuando me di cuenta de que no podía zafarme, me entró el pánico de verdad.

Estaba asustada, furiosa y desesperada. Pensé que, por haberlo descubierto, podría matarme para silenciarme… ¡y mis papás estaban arriba!

Con la voz temblorosa, casi llorando, supliqué:

—No… no me mates. En el mueble junto al balcón está el dinero que mi papá tiene escondido; debe haber unos doscientos dólares. Si no te alcanza, puedo transferirte un poco más, pero no tengo mucho, apenas unos cuantos miles dólares. Agarra el dinero y suéltame; y hacemos de cuenta que esto nunca pasó. Yo esta noche no vi nada, no sé quién eres. Soy joven, ni siquiera he tenido novio ni me he casado… no quiero morirme, por favor.

Escuché una risita apagada junto a mi oído y, al instante siguiente, se encendió la luz de la sala.

Cuando mis ojos se adaptaron a la luz cegadora, vi frente a mí a un hombre joven. Tenía el torso desnudo. Pequeñas gotas de agua resbalaban por sus músculos firmes y bien definidos, bajaban por la cintura y caían al suelo.

Era muy alto. Me sacaba al menos una cabeza; debe haber medido como un metro ochenta y tantos. Frente a él, yo parecía diminuta.

Lo miré unos segundos y dije, con una mezcla de emociones:

—Oye, con esa cara podrías ser modelo o, no sé, irte de acompañante de alguna señora con dinero y ganarte fácil cuatro o cinco mil dólares. ¿Qué se te ocurre venir a robar a mi casa? ¡Si somos pobres!

Sus labios finos, de un tono rosado, se curvaron levemente. Y entonces noté que su voz también sonaba bien.

—Tú eres Celina, ¿verdad? Soy el inquilino de al lado. Se me descompuso el calentador y tu mamá me dijo que podía venir a bañarme aquí. Perdón, te asusté.

Me quedé en blanco un momento. Entonces recordé que, en el camino, mi mamá había mencionado algo sobre que la casa de al lado ya estaba alquilada.

Nuestra familia había comprado dos casitas juntas, frente al mar. En una ciudad pequeña no valían mucho, pero el paisaje era precioso. El balcón daba directo al océano, y con el desarrollo del turismo, poco a poco empezaron a llegar inquilinos.

Sentí tanta vergüenza que quise desaparecer. Con la cara roja hasta las orejas, balbuceé:

—Perdón, yo…

Él hizo un gesto con la mano.

—Fue culpa mía también. Yo también me asusté… y vaya que lo pagué.

En su antebrazo había una marca redonda de dientes, ya empezaba a sangrar.

Me llené de culpa.

—De verdad lo siento mucho. Voy por yodo para desinfectarte.

También te podría gustar

Portada de la novela Adiós Ex, Hola el Rey del Bajo Mundo
8.8
El día de su boda, Emilia es humillada por su prometido, Ryder Conti, quien se casa con otra mujer por interés. Tras romper con su pasado, ella viaja a Sicilia para contraer nupcias con el Padrino de la familia Vettori. Tres años después, Emilia regresa a New Valley convertida en la respetada Donna del bajo mundo junto a su esposo e hijo. Al reencontrarse con un arrogante Ryder que la confunde con una simple sirvienta, él descubrirá que la mujer que abandonó ahora tiene el control absoluto.
Portada de la novela Adiós, Novia Cruel
8.4
En la novela juvenil Adiós, Novia Cruel, Harry toma una decisión radical tras descubrir una dolorosa traición. Dispuesto a proteger a Lena, su amiga de la infancia, acepta cambiarse de escuela con ella para evitar un supuesto acoso. Sin embargo, todo resulta ser una mentira de Lena para distanciarse de él. Al descubrir la verdad, Harry decide no ir a la preparatoria local planeada; en su lugar, llena la solicitud para estudiar en el extranjero, recordando que ambos pertenecen a mundos muy diferentes.
Portada de la novela Cuando me tuviste, no me viste
9.2
Tras sufrir el tercer aplazamiento de su boda porque Nelson prefiere apoyar a Ivana, la protagonista decide poner fin a la situación. Sin dudarlo, le propone matrimonio a César, su amigo de toda la vida. El día del enlace, mientras Ivana celebra radiante, Nelson observa en silencio y con los ojos rojos la transmisión en vivo de la boda de su ex prometida con César, el heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
Portada de la novela Mi esposo, su héroe
7.9
La protagonista descubre que su esposo, Nelson Navarro, es el padre del futuro hijo de la viuda de su mejor amigo tras ver una ecografía en redes sociales. Al ser cuestionado, Nelson reacciona con furia, defendiendo su acción como una promesa de honor. Poco después, otra publicación muestra a Nelson cocinando en el nuevo y lujoso departamento de la viuda. Ante esta evidente traición camuflada de caridad, ella decide que su matrimonio ha llegado a su fin de manera definitiva.
Portada de la novela Su Confesión, Nadie Más Escucha
9.3
El día de su cumpleaños, Brittany Moreno presencia cómo su esposo, David Herrera, la relega sin titubear para favorecer a su hermana adoptiva, Ana Blanco. Tras obligarla a viajar en autobús mientras los demás ocupan los autos, David y Ana exhiben una complicidad descarada en el chat grupal. La humillación culmina al descubrir que han consumido su banquete y entregado su pastel de cumpleaños como postre. Ante la indiferencia de David tras siete años de matrimonio, Brittany decide que es momento de poner fin a su relación de manera definitiva.
Portada de la novela Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio
9.2
Marcada por el suicidio de su madre tras un divorcio detonado por unos mangos, una mujer advierte a su esposo, el multimillonario Héctor Preciado, que regalarle esa fruta significará el fin de su matrimonio. Tras cinco años de aparente respeto y de alejar a una rival, ella regresa de un viaje de negocios solo para ser víctima de una cruel traición: Héctor y su amiga Violeta le sirven jugo de mango como una burla. Al descubrir el engaño y la falta de empatía de su esposo, ella decide divorciarse sin mirar atrás.