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Portada de la novela Cuando Dejé de Esperarte

Cuando Dejé de Esperarte

Tras levantarse de la cama de Antonio Toscano, la protagonista recibe su ropa interior de manos de él, quien le comunica con total frialdad que ha modificado la clave de acceso a su hogar. Con la instrucción de no regresar a menos que sea estrictamente necesario, Antonio justifica su decisión ante el desconcierto de ella: la mujer a la que tanto tiempo intentó conquistar finalmente ha aceptado ser su novia, y él no está dispuesto a arriesgar esa nueva relación permitiendo que se encuentren.
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Capítulo 7

—No seas tan terca. Yo sé que te gusta Antonio, pero…

Mi mamá se quedó callada de golpe.

—¿Qué dijiste?

Bajé la mirada. Dije:

—De acuerdo. Preséntamelo.

***

Después de cenar, agarré el celular por costumbre y me llegó una llamada de WhatsApp de Antonio.

Ya había cambiado de número, pero muchos amigos seguían escribiéndome al WhatsApp del número viejo, así que estos días todavía lo abría de vez en cuando.

Él parecía haber olvidado por completo todo lo ocurrido en los últimos días. Habló como si nada:

—¿Por qué no me entran tus llamadas?

No alcancé a responder cuando continuó:

—Olvídalo. Ya tengo todo listo para Año Nuevo. ¿Quieres que compre algo más? Le digo a mi asistente que lo consiga.

De pronto recordé el año en que murió la madre de Antonio.

Ese Año Nuevo yo había vuelto a casa. La noche de fin de año le hice una videollamada para desearle Feliz Año Nuevo. Tardó mucho en contestar. La pantalla estaba completamente negra; solo se veía un puntito naranja que poco a poco se apagaba.

La voz de Antonio sonó ronca:

—¿Qué quieres?

Pasó un momento antes de que entendiera lo que veía. Estaba solo, sentado en el balcón. A su alrededor había botellas vacías y colillas de cigarro por todas partes.

Afuera, miles de luces iluminaban la ciudad. Pero esa celebración no parecía tener nada que ver con él. Se limitaba a mirar, en silencio, la felicidad de otros, fumando a solas en la noche.

En ese instante, se me apretó el corazón por él. Me ardieron los ojos. Forcé una sonrisa y dije:

—Te llamo para desearte feliz año por adelantado. ¿No hay regalo para mí?

Soltó una risita, apenas. Luego me llegó la notificación de una transferencia. Me había enviado diez mil dólares.

Me quedé inmóvil. Un largo rato después, Antonio habló en voz baja:

—Celina, vuelve pronto. Y…

El viento se llevó el final de la frase. No supe si iba a decir "estoy solo" o "te extraño".

No lo pensé dos veces. Le dije a mis padres a toda prisa que en la empresa había una urgencia, compré el primer boleto disponible y regresé a Solan.

A las tres de la madrugada, Solan seguía despierta. Luces, neón, autos sin descanso.

Pero en casa de Antonio, todo estaba a oscuras.

Subí corriendo, sin aliento, y golpeé la puerta con fuerza.

—¡Antonio, abre!

Pensé que ya estaría dormido, no imaginé que abriría tan rápido. Me miró fijo, como si se hubiera quedado en blanco.

—Tú…

Se quedó allí, inmóvil.

—¿Por qué volviste?

Sonreí, con los ojos curvados de alegría.

—Vine a pasar el Año Nuevo contigo.

No dijo nada, solo me miró.

Cuando ya empezaba a sentirme incómoda bajo su mirada, de pronto me abrazó con fuerza. Tan fuerte, como si quisiera apretarme contra su pecho y no soltarme.

Desde entonces, cada año me quedaba a pasar el Año Nuevo con él antes de volver a casa, y se convirtió en una costumbre silenciosa entre los dos.

Solo que nunca imaginé que este año, con Marcela ya a su lado, aún me llamaría para pasar el Año Nuevo juntos.

Miré hacia la ventana y hablé en voz baja:

—Volví a Puerto Brisamar.

Antonio se quedó quieto. No se lo esperaba. Después de un momento, soltó un "ah" y fingió naturalidad.

—Tiene sentido. Llevabas muchos años sin volver para Año Nuevo. Está bien que regreses.

—Sí —dije, apretando el celular.

El silencio se alargó entre los dos. Entonces escuché vagamente, de fondo, la voz de Marcela:

—Antonio, ven rápido. ¿Cómo le subo la temperatura al agua?

—Ya voy —respondió él.

—Entonces, ya te dejo —murmuré, apretando los labios.

—Ajá.

No había emoción en su voz.

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