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Los Alphas de Alana Novel Cover

Los Alphas de Alana

Betrayed by her own pack and facing a violent execution, Alana's life ends in tragedy until a mysterious rebirth sends her back in time. Armed with knowledge of the future, she is determined to alter her fate and avoid her previous demise. Her path intertwines with three formidable Alpha brothers, sparking intense passions and revealing hidden secrets. Alana must now navigate a treacherous landscape of shifting loyalties to secure her survival.
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Chapter 4

Actualidad.

— Lina, ¿qué es lo que sucede? — pregunto Lucio, aun un poco aturdido ante la orden que su luna había dado, sus hijos llevaban desde los 16 años buscando su compañera, la anhelaban, y la condición que Lina había dado, para poder ser el rey de los lobos, solo los estresaría aún más y un animal estresado es un animal peligroso.

— Lo comprendí, al fin después de tanto tiempo, la luna me mostro en sueños lo que era incapaz de ver. — Lucio solo podía agradecer que su luna al fin estaba de pie, luego de un año de permanecer en cama, por fin su luna mostraba no solo estar mejor, ella se veía radiante.

— ¿Era eso lo que te mantenía enferma? — consulto acariciando su rostro, para los lobos, su compañera lo era todo.

— Lo era mi Alpha, tú me amas y yo te amo, pero tu buscas en nuestros hijos al próximo rey, y yo busco su felicidad, si ellos no cambian, tu legado acabara mi Alpha, se destruirán y a todos nosotros con ellos. — no dudaría de lo que su compañera decía, la conocía, era poderosa, aún más que él.

— ¿Qué debemos hacer? — consulto con miedo a un futuro incierto.

— Rezar mi Alpha, rezar para que su compañera pueda unirlos.

— ¿Compañera?

— Sí, solo una, para los tres, así como solo será un reino el que deban dirigir los tres, te lo dije Lucio, lo raro, no siempre es malo.

Alana estaba durmiendo en el establo, ese era el lugar al que las demás empleadas la enviaban cuando los reyes no estaban y ella… solo acataba la orden, sin decir nada, no queria causarle problemas a Lina, no después de haberla acogido en la mansión y aunque Lucio le aseguro que podía quedarse como una huésped, Alana no lo acepto, no queria abusar de la buena voluntad de sus reyes, por lo que pidió ser una empleada, algo que no fue bien acogido por los demás y es que no solo era un ser defectuoso para cada persona de la manada, los celos de los empleados al ver como la trataba la luna Lina, era lo que más problemas le traía, estaba sola, contra todos y eso no era bueno, claro que no.

— Alana. — la voz del Alpha Edur la hizo abrir los ojos, pensó por un segundo que estaba soñando ¿Qué haría el de ojos verdes allí? — Alana. — canturrio dejando ver en su voz un tono diferente.

— ¿Alpha Edur? — consulto la joven al tiempo que salía de entre la paja y sacudía su ropa.

— Linda, Alana, ¿Qué haces aquí? — la pelirroja quedo unos segundos en silencio, Edur nunca hablaba con ella, la ignoraba como sus hermanos, pero ahora, no solo estaba allí, sino que también le había dicho linda.

— ¿Que? — susurro aun descolocada ante lo que veía, y es que Edur se notaba raro, su cabello estaba desordenado, sus pupilas estaban dilatadas y su rostro. — Alpha Edur, tiene un dibujo en su cara. — dijo sorprendida, se había tatuado, uno de los posibles reyes había decorado su rostro, algo que despertó la curiosidad de la joven.

— Sí, era necesario para hacerme cargo de redomón. — respondió con voz quedada viéndola desde la punta de los pies, hasta la punta del cabello, siempre le había parecido hermosa, pero Edur respetaría a su compañera, ese siempre fue su pensamiento, mantenerse puro para ella, pero ahora, luego de tomar su lugar en la mafia y consumir un poco de lo que le vendían a los humanos para destruirse, las ganas de ver a Alana lo desbordaban.

— Ah, ¿felicidades? — rebatió dudosa, aun preguntándose que hacia ese Alpha allí.

— No Alana, así no se celebra tan magnifica distinción.

— ¿Cómo? — a Alana le estaba costando seguirle el ritmo a los dichos de uno de sus Alphas, y es que estaba cansada, hacia una semana que los reyes no estaban y su vida era un infierno.

— Ven aquí, te mostrare como debes felicitarme por ser mejor que mis hermanos.

La joven brinco de su cama y Gala la observo sorprendida, estaba toda sudada y su rostro estaba pálido.

— ¿Todo bien Alana?

— Si… es solo, un mal sueño. — aseguro tratando de calmar su corazón.

— Bien, creo que deberías darte un baño, Benjamín pasara pronto por nosotras. — solo asintió, no queria pensar en que regresaría a la manada, aunque estaba segura de que no vería a Edur, aun así, estaba Otto, no pudo evitar estremecerse ante esa verdad.

— ¿Segura que estas bien Alana? — Gala sentía la necesidad de cuidarla, como si fuera una hermana menor.

— Sí, sí, iré a bañarme.

La pelirroja dejo que el agua caliente cayera sobre ella, trataba de relajar su cuerpo, odiaba tener esa pesadilla, la noche que Edur tomo de ella lo que quiso, el día que Edur la marco para siempre; aunque no fue el único, cada uno de los trillizos la había marcado a su manera, tanto física como mentalmente, ellos habían apagado su luz, poco a poco, lo que sucedió el último tiempo, solo fue la estocada final.

— ¡Alana, Benjamín ya está aquí! — el grito de Gala, solo le acelero el corazón, era el fin, al menos de un año maravilloso.

— Vamos Alana, solo serán unos días, tú puedes. — trato de alentarse, solo serían las vacaciones y regresaría con ellos, los humanos, sus amigos. — Estoy lista. — informo luego de vestirse en tiempo récord.

— Alana, si no secas tu cabello te enfermaras. — dijo Benjamín apenas y la vio llegar a la sala.

— No hay tiempo Romeo, mejor regálale tu gorro. — Gala trataba de ser sutil, de hacerle ver a la pelirroja que ese rubio estaba calado hasta los huesos por ella, pero Alana o no lo comprendía o no queria hacerlo, tal vez en el fondo, esperaba que la diosa luna le concediera el milagro de darle a su loba y así poder encontrar a su pareja.

— Toma pequeña. — Benjamín sin demora alguna, le coloco su gorro de lana, tan rojo como el mismo cabello de Alana.

— Gracias Benjamín. — no pudo evitar sonrojarse, no debía, pero lo hizo, el rubio siempre la hacía sentir importante.

— Bien tortolos, ya nos fuimos.

Ni Alana, ni Benjamín se quejaron ante los dichos de Gala, si bien el rubio no podía decir que amaba a Alana, si sentía algo especial por ella, protegerla era lo único que lo hacía sentir bien.

Emprendieron el viaje hacia el norte de la ciudad, para Alana no era raro que sus amigos vivieran pasando su manada, sabía que aun entre sus tierras había pequeños pueblos que los humanos usaban como lugares turísticos, aunque queria ser la última en bajarse de ese automóvil, y no la primera, no queria dejarlos, con ellos se sentía bien, como un ser con vida, que merecía respeto, dignidad.

— Prueba esto, esta delicioso. — habían hecho una parada en una cafetería, para un pequeño bocadillo, y Alana no pudo evitar sorprenderse cuando Benjamín le dio la mitad de su wafles.

— Pero, es tuyo, tu pagaste por él. — rebatió en un susurro, parecía que cada kilómetro que estaba más cerca de la manada, su voz se fuera apagando un poco más.

—Lo sé, pero quiero que pruebes lo delicioso que esta, además es solo comida Alana. — la voz de Benjamín se esfumó poco a poco y su mente la llevo unos años atrás.

— ¿Estas robando mi comida? — la voz de Otto la hizo dar un brinco.

— No, no, solo… lo siento… — como podía explicarle al Alpha que una fresa había caído al piso, mientras preparaba su plato y que ella llevaba tres días sin comer. — No es que la saque de su plato… se había caído… — estaba avergonzada, literalmente había cogido comida del suelo.

— Que descaro tienes al inventar tal cosa. — Otto clavo sus ojos verdes en ella, la hizo sentir tan pequeña, como un insecto. — Mi madre te acogió aquí, te trata como a su hija y tienes el descaro de justificar tu falta, con una excusa tan repugnante. — claro que Otto no le creería, si se suponía que ella recibía los mismos tratos que ellos, los Alpha de la manada.

— Yo… — Otto lanzo la bandeja que aun tenía Alana en sus manos, la fruta al igual que el tocino y los huevos se desparramaron por el suelo de la cocina.

— Si insinúas que aquí se te alimenta tan mal como para comer del piso… te daré motivos para decirlo.

— ¿Qué? — Alana no comprendía porque esos Alpha siempre la molestaban, no cuando estaban los reyes por supuesto, cuando Lucio y Lina estaban en la mansión, ellos la ignoraban, pero ante su ausencia, el mismo infierno se desataba.

— Que comas, quiero verte comer mi desayuno. — la joven espero, los minutos pasaron en silencio, y ella aun esperaba que Otto riera, que le dijera que todo era un chiste. — Me estoy cansando Alana, o lo haces por las buenas, o yo te ayudare. — sus ojos se cristalizaron, no podía creer que uno de los futuros reyes dijera tal cosa.

— Tu no podrías… — queria decirle que no debía ser tan injusto, él no sabía lo que los empleados le hacían, y, aunque lo supiera, no debía tratarla de ese modo, ¿no era acaso miembro de la manada? ¿en verdad no valía nada?

— Claro que puedo. — para un Alpha competitivo y altivo como Otto, los dichos de Alana eran un reto que no estaba dispuesto a pasar por alto. — Ven aquí, estúpida inservible.

— Tierra llamando a Alana. — la voz de Benjamín, que aun la veía expectante la trajo de regreso y Alana solo sonrió, deseando no tener que regresar a la manada.

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