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La reina de la mafia Novel Cover

La reina de la mafia

Within a brutal criminal underworld, a formidable woman fights to establish her reign as the ultimate mafia queen. To secure her power, she must navigate a web of deadly conspiracies and volatile alliances while managing a high-stakes romance that complicates her path. As threats emerge from every corner, she is forced to defend her empire and her life, ultimately proving that only the most ruthless can survive this lethal game of ambition.
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Chapter 5

Aprieto el brazalete con tanta fuerza que mis nudillos se blanquean, y solo cuando estoy dentro del ascensor me permito leerlo. Eliot y Tina por siempre, suspiro, es patético, pero desde que él murió, suspirar se volvió natural en mí, es como si el peso que carga mi corazón me impidiera respirar con normalidad. Al abrirse las puertas, el rostro enojado de Donato es lo primero que me recibe y suspiro una vez más, tratando de aferrarme a los recuerdos de Eliot que llegan a mi mente.

Ezzio.

Observo el club Diamnons Black, uno de los tantos que los Constantini poseen, y puedo comprender el porqué de su poder, no se manejan con la clase media baja como nosotros, ellos apuntan a la alta sociedad, a los más ricos y descontrolados, ellos se manejan con millones mientras nosotros apenas estamos comenzando, pero estoy de acuerdo con mis hermanos y primos, nosotros reinaremos esta ciudad. Por lo que pudimos averiguar de nuestra competencia, son hermanos, un hombre y una mujer, dicen que la mención de su apellido causa miedo en la mayoría, todos los respetan, pero no por ellos mismos, ese temor lo genero su abuelo Marco Constantini, mafioso de antaño, que tenía muy poca paciencia y la mano más rápida para disparar que cualquiera de su tiempo, por lo que concluimos que no será difícil derrocar a los actuales dueños de Chicago, después de todo, en estos últimos tres años, nos hemos apoderado de muchos suburbios, y ello solo pelearon por un vecindario, aunque Lupo dice que eso es porque a ellos no les interesa los suburbios, deberíamos quedarnos en el lado este de la ciudad, podríamos gobernar allí, pero no puedo negar que Leonzio tiene razón, ya perdimos en Italia por creer que si nos manteníamos en nuestro lado estaríamos tranquilos, no correremos el riesgo de que también nos corran de aquí.

Bebo un poco de cerveza, mientras observo a las bailarinas, son lindas, pero las he visto mejores. Una melena rubia cruza frente a mí, y aun mejor, toma asiento justo a mi lado.

— Fran, dame lo de siempre.

Observó su perfil, esta con los ojos cerrados, tocando su sien, masajeándola, parece sufrir jaqueca, estoy casi seguro, su nariz es recta y pequeña, sus labios brillan cubiertos con un labial rojo, que es más notoria gracias al vestido negro que lleva puesto, sus curvas sí que es algo que no he visto muy seguido, y sus piernas… kilométricas, tomo un poco de cerveza ya que de pronto mi boca se secó, el cantinero llega con una copa con un líquido traslucido, pero estoy seguir que no es agua, y lo confirmo cuando él tal Fran la ve con asombro cuando de un solo movimiento se bebió todo.

— Dame otra. — dice, sin siquiera abrir sus ojos.

— Tina…

— No estoy de humor Fran. — eso sonó a mal de amores y me pregunto quién sería tan estúpido como para dejar a semejante mujer.

— ¿Puedo ayudarte en algo además de servirte vodka? — parece que la conoce, es un hombre mayor, que la ve con cariño.

— ¿Lo puedes traer de regreso? Dime Fran, ¿puede hacerlo regresar? — al fin abre sus ojos, aguamarina, hermosos, pero cargados de dolor.

— … Te dejare la botella. — veo mal al tal Fran, ella no está bien, y yo no me equivocaba, una mujer despechada, y una botella de vodka no es buena combinación.

— Asique te llamas Tina. — digo al girarme y ella me ve por un segundo, totalmente inexpresiva, como si mi belleza no le ocasionara nada, y eso me pone, y sí que lo hace, estoy acostumbrado a que las mujeres se derritan por mí y se desvivan por obtener mi atención. — Mi nombre es…

— No me interesa y si tu intención es coquetear, olvídalo, pero si quieres compañía para ahogar penas… puedes decirme Tina y yo te diré Chicco. — me pierdo en sus labios, al borde de la boca de la botella, maldición, realmente lo está bebiendo como si nada.

Los minutos se convierten en horas, en las cuales las palabras son casi nulas o monosílabas que salen sin ninguna interferencia por parte del alcohol, es como si ya estuviera anestesiada a sus efectos, trato de analizar todo de ella, es un enigma andante, no ve su teléfono móvil, eso quiere decir que la ruptura no es reciente o que sabe perfectamente que ese hombre no la llamara, tampoco ve a su alrededor, solo de vez en cuando gira a ver mis ojos, no sonríe, tampoco llora, pero parece que el dolor de cabeza ya no la afecta, al fin su celular vibra sobre la barra, y lo toma con fastidio.

— ¿Que sucede? — pregunta sin siquiera ver quien llama. — De acuerdo, voy en camino. — me incomodo, no he conseguido nada, solo su nombre.

— ¿Debes irte? — me ve, desde la punta de mis pies hasta el último cabello, me recorre completo y se pone en pie.

— Debo... gracias por la compañía Chicco, hacía tiempo que no me sentía tan acompañada y a gusto. — eso me molesta, la soledad no es buena, menos para alguien tan joven como ella.

— Podrías darme tu número y entonces podría hacerte compañía… — su labio se mueve en algo que pretende ser una sonrisa, pero, aunque la mueca parece insignificante, veo en sus ojos un destello de diversión.

— Te daré algo más valioso. — da un paso y con una seguridad única, toma mi mentón con una de sus manos, su tacto es cálido y sueve y cuando menos lo pienso me besa, sus labios recorren los míos, mis manos se apresuran a tomarla por la cintura, pegándola más a mí, que, sin darme cuenta, también me he puesto de pie, su lengua reclama mi interior y mi pene palpita con esperanza de que hoy tenga un poco de liberación y atención, porque si besa de esa manera, no quiero pensar lo que puede hacer con mi amigo.

— Eliot. — abro mis ojos de golpe y la encuentro con los ojos rojos, cargados de sufrimiento y no puedo, no puedo enojarme por ser utilizado, es más, me ofrezco para serle de utilidad, puede golpearme, besarme, puede… hacer conmigo lo que quiera.

— Mi nombre es…

— Shhh, para mi eres Chicco y llego el tiempo de despedirse. — una maldita lagrima rueda por su mejilla, pero al fin muestra una sonrisa tan grande de dientes completos que me embelesa más de lo que me gustaría admitir. — Adiós Chicco.

Y simplemente gira sobre sus talones, un paso frete al otro, como si la pista de baile fuera una pasarela y ella una maldita modelo, las personas abren paso con cada pisada que da, el bamboleo de sus caderas es apreciado por más de uno, y las luces reflejan el brillo de su vestido negro, provocando destellos, las mujeres la ven con envidia y otras con admiración, como si de una reina se tratara.

— Será mejor que te marches muchacho y no regreses. — el comentario de Fran me obliga a dejar de verla y quiero matarlo por eso.

— ¿Disculpa?

— Lo digo por tu bien, no solo sus hermanos querrán tu cabeza, gira y ve cuantos ya te quieren muerto, Tina no ha besado a nadie después de… hace 3 años que ella ni siquiera le dirige palabra a un hombre.

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