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La Dulce princesa Novel Cover

La Dulce princesa

In a world ruled by shadows, a young woman dubbed the sweet princess sees her life shattered. Forced into a dangerous mafia circle, she navigates a landscape defined by betrayal and shifting loyalties. When she meets a powerful underworld figure, an intense romance ignites despite the surrounding violence. As stakes rise, her innocence is pushed to the limit, forcing her to reconcile her heart with the brutal reality of a criminal existence.
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Chapter 5

— Selena, mi nombre es Selena. — respondió dejando que su aliento a fresa chocara con el rostro del italiano, eso tendría que haber encendido las alarmas en Gio, ¿Qué mujer lava sus dientes con pasta de fresa? ¿no es lo que usan los niños? Pero en lugar de provocar inquietud, solo le provoco una erección que se le marco en el pantalón de diseñador. — Mmm, tienes buen gusto para la moda. — continuo Dulce, al verlo tragar grueso por el solo hecho de tenerla a centímetros de su rostro, pero también apreciando la calidad de la tela entre sus dedos.

— Debo, me acabo de recibir de diseñador…

— ¿Eres gay? — pregunto con asombro dando un paso atrás de la sorpresa.

— No, rayos ¿Por qué todos piensan eso? ¿Es tan raro que a un hetero le guste la moda? — tenía razón y ella no podía negarlo.

— Lo siento, ahora si me disculpas, buscare a mi novio. — giro dejando a Giovanni deleitarse con su redondo trasero y como este se mecía de un lado al otro.

La sonrisa de Dulce parecía un sol, saber que podía inquietar a Giovanni de esa forma le gustaba, estaba pensando cual sería la mejor forma de decirle que ella era ese tonto koala que tanto le molestaba, de algo estaba segura, tendría su móvil listo para capturar el rostro de sorpresa del italiano. Aun perdida en su mente, comenzó a bajar las escaleras, cuando vio a un hombre de pie en mitad de camino, con sus ojos color cielo clavados en ella, su tez era bronceada, no tanta como la de Pedro, pero no había duda que en él también había descendencia latina, un moreno de ojos celestes y cabello castaño, con una pequeña y bien cuidada barba, un hombre que la última vez que lo vio tenía 17 años y que fue el responsable no solo de perder a sus amigos, de que su madre y tío se distanciaran por varios años, también de ese accidente que la dejo con secuelas de por vida.

— Horus. — dijo al llegar al mismo escalón donde el hombre aún se mantenía estático, apreciándola de pies a cabeza.

— ¿Pedro te hablo de mí? — fue lo que obtuvo de respuesta, además de una mirada que casi la desnudaba.

— Se supone, me trajo a conocer a su familia. — rebatió con sarcasmo. — Por cierto, sé que te odia y no te soporta, con permiso. — no, no quería saber nada con él, ni siquiera verlo, ya que su mano picaba por buscar un arma y volarle la cabeza.

— Espera. — dijo el castaño tomando su muñeca, para que se detuviera, no podía creer que tan parecida era esa joven a Valentina Constantini, solo sus ojos eran diferentes. — ¿Quién eres? — indago buscando un nombre, un indicio, algo que le asegurara que la culpa que ha sentido desde los 17 años, no lo hubiera vuelto loco.

— Selena, la novia de Pedro. — rebatió zafándose del agarre, con demasiada fuerza, algo que la hizo caer hacia atrás, por suerte, Horus era rápido, tanto como para tomar su cintura y pegarle a él.

— Es peligroso deambular por esta casa sola, estas rodeada de asesinos y mafiosos, supongo que Pedro te lo advirtió al traerte… si fueras mía, no te dejaría sola. — podía sentir el calor del mayor traspasar su ropa, aunque más la inquieto la humedad que se filtraba entre sus piernas al escuchar la voz seductora de Horus sobre su oído.

— ¿Y quién dijo que no me gusta el peligro? — Horus podía ver en esos ojos almendras que la joven no hablaba por hablar, ese brillo altanero y desafiante solo lo había visto en una persona, Valentina Constantini.

— ¿Quiénes son tus padres? — dijo mientras la liberaba, no estaba acostumbrado a no saber algo, él era Horus Bach, ante la ley era el hijo de Lucero Bach y Eros Zabet, futuro heredero de la familia más poderosa del continente americano y quizás del mundo entero. Pero más lo inquietaba el hecho de que estaba tratando de seducir a una mujer que acababa de conocer, algo que nunca le sucedió, jamás alguien había despertado su interés a tal punto, más teniendo en cuanta que era la novia de su primo, uno que no le hablaba y que mucho menos lo veía, como había dicho la joven Pedro lo odiaba.

— ¿Eres un clasista de mierda? ¿temes que Pedro traiga a tu familia alguien que no esté a su nivel?

— Eso lo puedo deducir por tu ropa pequeña, tienes dinero y de sobra. — dijo viendo que las joyas de la joven a pesar de ser pocas eran de la producción exclusiva de Diamnons, compañía que manejaba su padre Eros Zabet.

— En esa caso… deberás tratarme dulcemente si quieres saber más de mí, tendrás que tomarte el tiempo y la dedicación de pulirme como a una joya, sé que sabes hacerlo, desnuda mi alma y sabrás mis secretos. — Dulce sonrió con malicia, nunca creyó que podría provocar a un hombre de 30 años, pero lo podía ver en los ojos de Horus, lo había hechizado.

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