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Portada de la novela La Diosa Que Durmió En Su Sombra

La Diosa Que Durmió En Su Sombra

Usada en secreto por el Alfa Killian durante cinco años para saciar sus celos, la protagonista descubre con dolor que él se unirá a otra loba de sangre pura. Decidida a no ser más su sumiso secreto, desecha sus supresores de esencia y acepta la propuesta del Alfa Adrian, el gran rival europeo de Killian. Con solo siete días antes de partir para siempre y dejar atrás su pasado, ella arriesgará la furia de su antiguo Alfa para reclamar su libertad en una intensa historia de intriga y romance.
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Capítulo 7

La alta sociedad se reunió esa noche para la ceremonia donde se anunciaría a la pareja oficial. Yo me quedé en un rincón del salón, con un vestido negro sencillo. El comando de Alfa era una jaula y mi cuerpo era su prisionero. Tenía que sonreír, mantenerme erguida y cumplir con mi papel.

Vivian era la estrella de la velada. Llevaba un vestido hecho a medida en color champaña y su collar de diamantes brillaba bajo las luces. Killian estaba a su lado, como un rey imponente en su traje de corte perfecto.

—¡Amigos míos! —el viejo Alfa levantó su copa—. ¡Esta noche somos testigos de un evento trascendental!

Se escuchó un estruendoso aplauso.

—¡Mi hijo, Killian, se unirá a la encantadora señorita Vivian!

Hubo más aplausos. Vivian se recargó con timidez en los brazos de Killian. En el momento en que se besaron, sentí una daga en el corazón.

—Pareces necesitar una distracción, ¿no? —dijo una voz suave a mi lado—. ¿Me concedes esta pieza?

Me di la vuelta y vi a un Beta atractivo. Tenía el cabello castaño oscuro y una sonrisa amable.

—No soy muy buena bailando.

—No importa, yo te guío —me ofreció la mano—. Soy Marcus, de la manada de Seattle.

Miré hacia la pista. Killian y Vivian compartían el primer baile. Giraban juntos; eran la imagen de la perfección.

—Está bien.

Tomé la mano de Marcus y nos dirigimos despacio a la pista. Él era todo un caballero; se movía con ligereza y fluidez.

—Eres muy hermosa —me susurró al oído—, pero te ves muy triste.

—Es una ocasión alegre.

—Para algunos sí —respondió mientras me hacía girar—, pero tus ojos me dicen que escondes una historia aquí.

No respondí. Por alguna razón, bailar con un extraño me hacía sentir... libre. Sin presiones, sin dolor, sin emociones complicadas. De pronto, sentí una mirada ardiente sobre mí. Desde el otro lado del salón, Killian me observaba fijamente. Vivian seguía hablándole, pero él no la escuchaba. Su mirada era de puro odio.

—¿Tu ex? —preguntó Marcus al notarlo.

—Mi “exjefe”.

—No parece muy contento.

—No le gusta que sus “propiedades” tengan vida propia.

Marcus se rio.

—Entonces debería estar encantado. Esta noche no estás trabajando.

La música siguió sonando y continuamos girando. La mirada de Killian seguía cada uno de mis movimientos. Las puertas del salón estallaron hacia adentro. Se desató el caos. Una docena de lobos vestidos de negro irrumpieron en el lugar. Eran errantes.

—¡Todos al suelo! —gritó el líder.

Comenzaron los gritos y los invitados corrieron aterrorizados.

—¡Protejan al Alfa! —los guardias entraron en acción.

En medio del alboroto, una enorme columna decorativa empezó a ladearse. El candelabro de cristal que colgaba arriba se sacudió.

—¡Cuidado! —Marcus me empujó para quitarme del camino y los escombros lo golpearon a él.

La columna se desplomó donde yo había estado parada. Cerré los ojos, esperando el final. Parpadeé mientras el polvo se asentaba. Entonces lo vi. Vi la ancha espalda de Killian. Él no se había movido hacia mí; se había lanzado en la dirección opuesta para proteger a Vivian con su propio cuerpo.

Y a mí... un trozo afilado de escombro bañado en plata me cortó la espalda. La sangre brotó y un dolor punzante recorrió todo mi cuerpo. Me desplomé en el suelo mientras el ardor en mi espalda se extendía. La sangre empapó mi vestido negro.

—¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —Killian ya estaba revisándola, pasando sus manos frenéticamente sobre ella.

—Es-estoy bien, solo tengo mucho miedo —sollozó ella contra su pecho.

—Tranquila, aquí estoy —le acarició el cabello—. No dejaré que nadie te haga daño.

Me obligué a caminar, dando cada paso con un dolor insoportable hacia la salida. Nadie me prestó atención; todos los ojos estaban puestos en Vivian. La sangre me corría por las piernas, dejando un rastro rojo sobre el piso.

La voz de Marcus me llamó desde atrás. Me giré hacia él. Le sangraba la frente.

—Estás herida.

—Tú también.

—Deja que te lleve a un centro de curación.

Negué con la cabeza.

—No, estaré bien.

—Gracias por el baile de esta noche —le dediqué una pequeña sonrisa—. Fue la primera vez que me sentí feliz en años.

Eché un último vistazo hacia atrás a través de las puertas destrozadas. Killian le murmuraba cosas a Vivian mientras le acariciaba el cabello. Luego le dio un beso en la frente, una muestra de ternura que jamás había tenido conmigo. Me di la vuelta y desaparecí en la noche.

Los ojos de Killian se clavaron en el rastro rojo que dejé en el suelo. Una garra de hierro le apretó el corazón. Su lobo le rugía por dentro.

“Síguela. Ve tras nuestra pareja”.

Pero no se movió. Se quedó ahí parado mientras las puertas se cerraban, borrándome de su vista.

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