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Portada de la novela El amor que ya no vuelve

El amor que ya no vuelve

9.6 / 10.0
En la novela de fantasía y romance El amor que ya no vuelve, la protagonista viaja en el tiempo tras una muerte brutal. En su vida pasada, se casó con su tío político sin lazos de sangre tras quedar embarazada por salvarlo de un afrodisíaco. Esto impidió que él rescatara a su verdadero amor, Luz, quien murió secuestrada. Como venganza, él la dejó morir en el parto. Ahora, de vuelta en el día del incidente, ella decide no ser su antídoto y llama a Luz para cambiar su trágico destino.

El amor que ya no vuelve - Capítulo 1

Regresé a ese momento de mi vida en que mi tío político —con quien no tengo lazos de sangre— había sido drogado con esa droga afrodisíaca.

Pero esta vez, no me convertí en su “antídoto”. En lugar de eso, marqué el número de la mujer que él realmente amaba.

En mi vida anterior, me enamoré perdidamente de él. Cuando supe que había sido drogado, ignoré su súplica de llamar a su gran amor… y fui yo quien calmó su deseo.

Un mes después, quedé accidentalmente embarazada. Por lo que él se vio obligado a casarse conmigo, pero el día de la ceremonia de nuestra boda, su amada —que había viajado al extranjero para olvidar su dolor— fue secuestrada y asesinada.

Antes de morir, le hizo ciento noventa y nueve llamadas pidiendo ayuda. Él, que estaba ocupado cumpliendo con la boda, no contestó ninguna.

Después… solo se quedó mirando aquellas llamadas perdidas, sin decir una palabra. Hasta que, el día que tenía que dar a luz, me encerró en el sótano.

Le rogué que me llevara al hospital. Pero él solo sonrió, con esa frialdad que jamás olvidaré, mientras me veía morir lentamente, sin poder traer al mundo a nuestro hijo.

Sus últimas palabras antes de que cerrara los ojos y muriera fueron:

—Si no hubieras quedado embarazada, nunca me habrían obligado a casarme contigo. Si no fuera por ti, habría contestado las llamadas de Luz y, ella no habría terminado así. Tú… mereces morir.

Y entonces, volví a abrir los ojos. Era ese mismo día, el día en que él había sido drogado con ese medicamento afrodisíaco.

—Selena, rápido, llama a Luz.

Escuchar esa voz me estremeció. Me di cuenta que había vuelto a vivir.

Sin dudarlo, saqué mi teléfono y marqué el número de Luz. Frente a mí estaba Hugo Quiroga, mi tío político, tenía el rostro enrojecido, la mirada nublada y ardiente.

En el pasado, fue justo esa mirada la que me hizo cometer el error más grande de mi vida. Esta vez, aparté la vista y salí de la habitación sin dudar.

—Aguante un poco más. Su amada llegará en diez minutos —dije, cerrando la puerta tras de mí.

Al hacerlo, escuché una voz ronca desde dentro, llamando por mi nombre. Pero fingí no oírlo, cerré con fuerza y me quedé esperando afuera.

Diez minutos después, Luz llegó apresurada. Me miró con una expresión tensa y, al notar que mi ropa estaba intacta, noté como respiró aliviada.

Antes de entrar, me lanzó una mirada fría.

—Ya puedes irte, no te necesitamos aquí.

Y sin responder, di la vuelta y subí a mi habitación. Esa noche no volví a dormir, y no fue hasta pasada la media noche que la habitación finalmente quedó en silencio.

En mi vida pasada, lo amé tanto que acepté ser su antídoto esa noche, llevar a su hijo dentro de mí y arruinarme por él. Él en cambio, presionado por la familia, terminó casándose conmigo.

Y cuando Luz murió, perdió el amor de su vida, desde ese día su amor se convirtió en odio. Reprimiendo todo hasta el día en que se acercaba mi parto.

Ese día me encerró en el sótano. El dolor en mi vientre era insoportable, llorando le supliqué que salvara al bebé, que tomara mi vida a cambio de la suya.

También era su hijo… pero aún así ignoró mis súplicas, me vio morir junto a su hijo… todo para vengar a la mujer que amaba y perdió.

Pero esta vez, todo sería distinto, tenía una nueva oportunidad así que hice lo que me pidió. Le había devuelto a su amada, y pronto me iría para siempre.

A la mañana siguiente, Luz apareció en la mesa del desayuno de los Quiroga como si nada hubiera pasado.

Hugo, tranquilo, tomó un bocado de la ensalada, luego tomó un sorbo de sopa de arroz, y dijo con naturalidad:

—A partir de hoy, Luz será mi novia. Y pienso casarme con ella. Quiero que todos la traten bien.

Después, señalándome con los cubiertos me dijo:

—Especialmente tú. Compórtate bien con tu futura tía, no quiero problemas.

Asentí con frialdad e incómoda. Y Luz sonrió satisfecha, mirándome con aires de triunfo. Por lo que fingí no verla y me levanté para regresar a mi habitación sin haber terminado mi desayuno, pero su voz llorosa me detuvo.

—Hugo, ¿ves? Creo que Selena no me quiere aquí… Sé lo importante que es para ti, y si ella no me acepta, prefiero irme.

Lágrimas rodaron por sus mejillas, tan oportunas como falsas. El frunció el ceño, molesto y me ordenó:

—¡Selena Robles, siéntate y termina tu desayuno!

—Ya comí —respondí sin mirarlo.

Su voz se volvió más áspera.

—¡Te dije que te sientes! ¿No entiendes lo que te digo? O,¿se te han olvidado tus modales? ¿Dónde quedó la educación que te enseñé desde niña?

No quería discutir, a diferencia del pasado esta vez no tenía intención de involucrarme con ellos, solo mantenerme lejos de ellos. Pero insisten en no dejarme en paz.

Me giré hacia ellos y le dije con cortesía.

—Tío, tía… de verdad ya terminé. Disfruten de su desayuno, yo me retiro antes.

Media hora después, tocaron mi puerta. Cuando abrí, Hugo estaba allí. Sus ojos, oscuros y fríos, me miraban fijamente.

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