
Tras el divorcio, los gemelos se arrepintieron
Capítulo 2
Un enorme camión fuera de control se lanzó de repente hacia nosotras. No hubo tiempo para esquivarlo. Con todas mis fuerzas empujé a Elena lejos del impacto… pero yo quedé atrapada dentro del auto.
Sentí un calor tibio deslizándose por mis piernas. En ese instante supe que mi hijo se estaba yendo. Temblando, llorando, intenté gritar pidiendo ayuda. Las lágrimas me nublaban la vista, pero de mi garganta no salió ningún sonido.
Antes de perder el conocimiento, escuché el llanto desesperado de Elena… y la voz de Santiago al otro lado del teléfono.
—Ya deja de exagerar, Elena. ¿Solo porque estoy acompañando a Daniela ahora vas a inventar cualquier cosa? ¿Un accidente? Ni tú te lo crees. ¿Sabes qué tan baja es la probabilidad de que alguien sufra un accidente así? Te lo he advertido muchas veces, aléjate de esa amiga tuya. No empieces a copiarle esos celos ridículos. Daniela está herida y todavía estoy vendándola. No me estés molestando.
Al final, fueron los que pasaban por allí quienes llamaron a la policía y a la ambulancia. Nos salvaron la vida, pero las dos perdimos a nuestros bebés.
Miré a Elena. Sus dedos apretaban con fuerza el teléfono. La cirugía le había robado todo el color del rostro, solo quedaba en ella una palidez. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Perdóname… —susurró—. Nunca pensé que Santiago fuera capaz de dejarnos así.
Yo había perdido demasiada sangre. Necesitaba una operación de alto riesgo, y el único que podía realizarla… era Santiago. Pero él estaba convencido de que todo había sido una mentira inventada por celos hacia Daniela. No solo no vino, sino que la culpó.
Al final, tuvieron que extirparme el útero, nunca más volvería a tener un hijo. Suspiré y cuando estaba por hablar el teléfono de Elena sonó, era Santiago.
—¿Qué es lo que te pasa? ¿Cuál es tu problema? Ayer un accidente, hoy un aborto… ¿mañana qué sigue? ¿Que vas a saltar de un edificio? Ahora hasta usan el divorcio como amenaza. Tal para cual con Valeria. Aprendiste muy rápido sus mañas. Si no fuera porque tengo que cambiarle la venda a Daniela, iría personalmente a ponerlas en su lugar. Mi hermano ya tiene suficiente presión como psicólogo, y encima Valeria no sabe ser comprensiva, siempre con sus escenitas. Si me preguntas, deberían divorciarse de una vez. Con una cuñada así, hasta me da asco.
La llamada se cortó abruptamente.
Vi que tenía los ojos rojos y el cuerpo le temblaba sin control. Estiré la mano y le acaricié el dorso de la suya.
—No lo escuches más. Descansa… y luego nos divorciamos juntas.
Las lágrimas cayeron una tras otra, llenándole todo el rostro, y yo tampoco pude contener el llanto.
Ese amor que alguna vez creímos perfecto… nos había empujado al abismo. Desde que Daniela intentó suicidarse en casa por su depresión, ellos dos giraban alrededor de ella las veinticuatro horas del día.
Sebastián incluso dejó de atender a otros pacientes, solo trataba a Daniela. Para ayudarla a dormir, la llamaba todas las noches y le leía cuentos antes de acostarse.
Mientras tanto, yo sufría náuseas constantes, insomnio y ansiedad por el embarazo. Él solo decía con impaciencia:
—Todas las demás mujeres pueden soportarlo. ¿Por qué tú tienes que ser tan problemática?
Llevaba a Daniela a parques de diversiones para que se divirtiera. Pero cuando yo le pedía que caminara conmigo, me rechazaba.
—¿No tienes a Elena? Daniela solo nos tiene a mi hermano y a mí.
Durante el embarazo, al ver mi cuerpo deformarse, caí en una profunda ansiedad, hasta que terminé desarrollando depresión. Cuando se lo conté, Sebastián me miró con evidente fastidio, en su voz no había nada de compasión… solo desprecio.
También te podría gustar





