
Me Llamó Interesada y Me Perdió
Capítulo 2
Y mientras hablaba, me hizo una transferencia desde el celular: dos dólares.
Con una nota que me dejó helada: "interesada".
Siete años con él y yo no le había sacado ni un centavo.
En fechas importantes, en aniversarios, yo sí le preparaba regalos. Él los aceptaba como si fuera lo normal. Pero si yo insinuaba que también me tocaba a mí, él se reía y me devolvía la pregunta con sarcasmo:
"¿Tú crees que un hombre está obligado a comprar regalos para consentir a su novia?"
Así me describía: "interesada".
Así era el "heredero poderoso" con una fortuna obscena.
Pensé en la lista de regalos para Sara; pensé en mi madre, consumida por la enfermedad, sin dinero para tratarse, sufriendo hasta el final.
Un segundo más frente a él era demasiado.
Me levanté para irme.
Entonces, volvió a escucharse movimiento en la entrada.
Era Sara.
Entró mientras se quitaba el abrigo, dejando ver un conjunto provocador. Pero al verme, se sobresaltó y se lo volvió a poner a toda prisa, como si de repente recordara que debía "portarse bien".
—¿Leticia? ¿Tú qué haces aquí?
Giré la cabeza hacia Pablo.
—Si no recuerdo mal, este es el departamento que tú y yo alquilamos juntos. ¿En serio le das el código a cualquiera y además dejas que entren como si nada?
Sara puso cara de víctima, como si yo la estuviera humillando. Corrió un par de pasos, se sentó pegada a Pablo y se aferró a su brazo.
—¿Cómo que cualquiera? Yo no soy una cualquiera. Solo se me quedaron las llaves y vine a pedirle a Pablo que me dejara pasar la noche. Además, si no fuera porque Pablo aceptó alquilar aquí, tendrías que pagar todo sola. En realidad, la beneficiada eres tú.
Ese tipo de veneno, dicho con voz dulce, quién sabe cuántas veces lo habría soltado a mis espaldas.
Y Pablo ni siquiera pensó que hubiera hecho algo mal. Al contrario, le pareció lógico.
—Sara tiene razón. Yo tengo casa propia y, aun así, pago el alquiler aquí; qué desperdicio. Esto se parece demasiado a como si te estuviera pagando por acostarte conmigo, ¿no?
Dicho eso, me pasó sus datos bancarios. Y me habló como si me estuviera haciendo un favor:
—Si no quieres que te digan "interesada", devuélveme todo lo que pagué de alquiler durante estos siete años.
***
Este departamentito de cuarenta y tantos metros cuadrados era el que Pablo y yo habíamos alquilado cuando recién empezábamos.
Después de graduarme, me quedé trabajando en Beu para ganar un poco más. Con lo que yo podía ganar en ese entonces, lo único que me alcanzaba era un cuartucho apretado, lejos del centro.
Pero Pablo decía que estaba demasiado lejos, que ir a verme era incómodo.
Pablo decía que aquel cuarto "ni siquiera era un lugar para vivir", que hasta estar conmigo le arruinaba el ánimo y que mejor alquiláramos algo más grande.
Así que yo me cargué con un alquiler más alto. Y para compensar, aproveché el tiempo que ahorraba en traslados y me conseguí otro trabajo.
Y ahora, no solo quería que le devolviera la mitad del alquiler de los últimos siete años, sino que encima hablaba como si me estuviera pagando por acostarse conmigo, como si fuese el perjudicado.
—Pablo, en estos siete años… ¿qué fui para ti?
Se me juntaron las lágrimas, no por él, sino por mí, por mi juventud, por haberla tirado a la basura con alguien así.
La mano que me había tendido le tembló cuando una lágrima le cayó encima. Apretó los labios y la retiró.
—Solo era una broma; a lo mucho, fue un comentario estúpido…
No alcanzó a terminar.
Sara chasqueó la lengua, con una expresión de desprecio.
—¿Ves? Claro que es por el dinero de Pablito. Si no fuera por él, ¿tú podrías pagar un departamento así?
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