APKDock Logo
Portada de la novela Me Llamó Interesada y Me Perdió

Me Llamó Interesada y Me Perdió

8.3 / 10.0
En la novela romántica Me Llamó Interesada y Me Perdió, Leticia vive una farsa de siete años junto a Pablo Pimentel, un heredero multimillonario que, para probar su desinterés, jamás gastó un centavo en ella. Tras negarle dos mil dólares para la cirugía de su madre enferma, Leticia enfrenta sola el funeral. Al volver, descubre que Pablo colma de lujos a su vecina Sara y se burla de su dolor con sus amigos. Con el corazón roto y la verdad al descubierto, decide desaparecer de su vida para siempre.

Me Llamó Interesada y Me Perdió - Capítulo 1

Mi novio, Pablo Pimentel, es el heredero de la familia más poderosa de la capital. Su fortuna supera los cien mil millones de dólares.

Para ponerme a prueba, durante siete años de relación, nunca me regaló nada, nunca gastó un solo centavo en mí.

Ni siquiera cuando iba a comprar condones: insistía en pagar mitad y mitad.

Después, mi madre se enfermó de gravedad. Les pedí dinero a todos los familiares y amigos que pude. Solo me faltaban dos mil dólares para cubrir el costo de la cirugía.

Le supliqué, le rogué.

Pero Pablo no me prestó ni un dólar.

Tuve que pagar yo sola los gastos del funeral de mi madre.

Cuando regresé a casa para recoger mis cosas, encontré por casualidad una lista de regalos que le había comprado a Sara García: una villa de lujo, bolsos de marcas exclusivas, joyas valoradas en cientos de millones de dólares…

También vi los audios en el grupo con sus amigos:

"Pablo, ¿es cierto que Leticia se arrodilló para pedirte dos mil dólares?"

Pablo se rió con frialdad, su voz sonó despreocupada, casi divertida.

"Sara tenía razón: quien se arrodilla por tan poco dinero no es más que una interesada. Apenas llevamos siete años juntos y ya está desesperada por sacarme dinero."

Resultó que siete años de "prueba" no valieron más que un comentario venenoso de su vecinita de al lado.

No importa.

Desde el momento en que mi madre murió, ya lo había decidido: desaparecer de su vida para siempre.

Apenas dejé la lista de regalos en su sitio, la puerta se abrió.

Pablo entró apestando a alcohol. Sin la menor vergüenza, se dejó caer a mi lado y dijo, con la voz pastosa:

—Desapareciste unos días; pensé que por fin tenías dignidad y no ibas a volver. Pero mira: no puedes vivir sin mí. Volviste solita, bien obedientita.

Le faltó decir en voz alta que yo había regresado para volver a sacarle dinero. O quizá, desde el principio, para él yo no era más que eso: una interesada.

Ni siquiera levanté la mirada. Me hice a un lado, esquivando el brazo que él intentó pasarme por los hombros.

Se quedó congelado por un segundo, miró su mano, luego me miró a mí y decidió que yo solo estaba haciendo berrinche por los dos mil dólares.

—Me eché unas cervezas —dijo, como si nada—. Tengo sed. Tráeme un vaso de agua.

Siempre fue así: se le escapaba ese aire de "niño rico", de heredero de la élite.

Y sin embargo, cuando me buscó hace siete años, actuó como si no tuviera nada. Con una actuación malísima se hizo pasar por pobre, y me embaucó por completo.

—Leticia, yo no tengo nada. No puedo prometerte un futuro estable. Pero podemos esforzarnos juntos y, algún día, salir adelante.

En ese momento, al ver su cara sincera, yo asentí.

Yo necesitaba dinero, sí, pero podía trabajar y salir adelante por mi cuenta.

Elegí a Pablo porque me conmovió ese "juntos". Ese "vamos a construir".

Pero mientras más tiempo pasaba, más claro era que él no era como la gente normal. Se le notaba el desprecio por las cosas baratas y, en cualquier cosa que él podía hacer, me mandaba a mí a hacerlo.

Hasta que un día, trabajando, lo vi bajar de un auto de lujo y entrar a un club exclusivo, rodeado de gente que lo trataba como si fuera el centro del universo.

Ahí lo confirmé: lo nuestro había sido una mentira. Y él, todo el tiempo, tenía miedo de que yo quisiera su dinero.

La voz de Pablo volvió a interrumpirme:

—La próxima vez que quieras dinero, dímelo de frente. Usar la enfermedad de tu madre como excusa, ¿no te da miedo el karma?

Se me escapó una risa amarga.

Levanté la vista y lo miré con frialdad.

—¿Si te lo digo de frente, me lo das?

Se quedó quieto, dudó. Pero al segundo siguiente, como si hubiera confirmado algo, me clavó una mirada llena de burla.

—Sara tenía razón. Te quedaste a mi lado por mi dinero.

Continuar leyendo

Tabla de contenidos de Me Llamó Interesada y Me Perdió

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3 Ch. 4 Ch. 5
Ch. 6
Ch. 7
Ch. 8
Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
all

También te podría gustar

Novedades

Capítulos
Leer ahora
Compartir