
Me ignoró 304 veces: me divorcié
Capítulo 2
Al final, él comenzó a perseguirme con insistencia. Pensé que me había enamorado completamente de él. Pero cuando Renata regresó, todo cambió.
Él dejó de quedarse en casa y empezó a aprovechar cada pequeño momento para estar con ella. Ocho años le hicieron olvidar la traición, pero parece que no pudo olvidar su amor por ella. En realidad, yo solo fui una tonta que aprovechó los momentos en los que ella no estaba para disfrutar de un instante de felicidad.
Tomé el teléfono que estaba en la cabecera de la cama y le envié un mensaje a Javier. Le pedí que me avisara cuando regresara, porque iría directamente al registro civil a pedir el divorcio.
Era la primera vez que respondía tan rápido.
—Renata está enferma, no puede estar sola. Deja de hacer un escándalo y, quédate tranquila en casa esperando a que regrese.
Sin embargo, yo no tenía ni la más mínima intención de esperarle. La enfermera me dijo que necesitaba descansar, así que hice los trámites para ingresarme en el hospital.
Ya había estado acompañando a mi padre en el hospital durante dos meses, y las enfermeras eran más como mi familia que el propio Javier.
Y Javier, quien me persiguió incansablemente, hasta lograr que me casara con él. Sabía que solo tenía a mi padre en este mundo, y que dependía completamente de él. También que era una niña adoptada, sin nadie más en quien apoyarme. Me prometió que siempre estaría conmigo y que sería mi familia.
Pero ocho años pasaron rápidamente, en un abrir y cerrar de ojos, y al final, me di cuenta de que estaba completamente sola. Y lo más irónico es que, a pesar de sus promesas, no tuvimos ni siquiera un hijo.
Pasé una semana en el hospital y cuando el médico confirmó que no había nada grave, fue entonces que regresé a casa.
Durante ese tiempo, Javier no me llamó ni una sola vez, y yo tampoco tenía ganas de ver sus redes sociales para averiguar a qué lugar estaba llevando a Renata.
Pero cuando abrí la puerta de la casa, lo encontré parado en la sala. Tenía el teléfono en la mano, cuando me miró frunció el ceño.
—Te dije que me esperaras en casa, ¿dónde te fuiste?
Dicho esto, guardó el teléfono, probablemente había planeado llamarme cuando vio que no estaba en la casa. Tal vez si hubiera sido sumisa y no me hubiera comportado de manera tan rebelde, seguramente no se habría molestado en llamarme tan rápido.
—Me caí por las escaleras y acabo de salir del hospital, ¿tienes algún problema con eso?
Él parecía querer decir algo, pero al final simplemente se quedó en silencio. Se sentó en el sofá, frotándose la frente dijo:
—Tengo hambre, ve a preparar algo para comer.
Lo ignoré y no le respondí, subí directamente al piso de arriba.
Enfurecido, pateó la maleta y me gritó:
—¡Lucía! ¿Esa es la actitud de una esposa?
Me apoyé en la barandilla de las escaleras, me giré ligeramente hacia él y le respondí:
—¿Quién es tu esposa? ¿No es Renata? ¿Qué tiene eso que ver conmigo?
Y subí las escaleras. Desde abajo, oí cómo pateaba la mesa de centro de la sala. Pero cerré bien la puerta de mi habitación con llave, ya hacía tiempo que él no entraba en nuestra habitación. Me acosté en la cama para descansar un rato, me quedé profundamente dormida y cuando por fin me desperté ya era el siguiente día.
Antes, seguramente habría corrido a prepararle todo lo necesario para su viaje. Pero él siempre encontraba algo para criticarme, la ropa no era adecuada, o la comida era demasiado simple. Mis maneras, demasiado vulgares, no eran dignas de su estatus. Y como en sus ojos no valía la pena y era tan inútil, no tenía ganas de seguir esforzándome por agradarle.
Sin embargo, cuando bajé, me sorprendió verlo recogiendo los vidrios de la mesa de centro que había roto la noche anterior. Cuando escuchó que bajaba, levantó la vista y me miró un instante, luego apartó la mirada.
—Sé que la muerte de tu padre te ha afectado mucho, por eso ayer regresé a propósito lo más rápido posible, ¿y ahora vas a seguir celosa de Renata?
—¿Ayer? ¿Cinco días tarde y dices que fue por eso?
Javier al escuchar esto, soltó la escoba y me miró molesto:
—¿En serio no recuerdas qué día es hoy? ¿Olvidaste nuestro aniversario de bodas?
Levantó el mentón y señaló el paquete de regalo sobre el sofá.
—Con esta actitud tan indiferente, ¿te atreves a compararte con Renata…?
No había terminado de hablar cuando se quedó en silencio. Me miró, y con una sonrisa le recordé suavemente:
—Fue anteayer, Javier.
Se sintió algo incómodo y decidió cambiar de tema rápidamente, me preguntó:
—Me dijiste que te caíste de las escaleras, ¿qué pasó?
—Nada grave, estuve todo el día ocupada con los trámites de mi padre, luego pasé toda la noche sentada en la orilla de la playa, tomando el aire y, no comí nada. Así que me bajó el azúcar, fue por eso que me caí.
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