
Me ignoró 304 veces: me divorcié
Capítulo 3
—La salud de Renata es más importante, no te echo la culpa.
Él apretó los labios, sus manos colgaban a los lados, como si estuvieran de más, moviéndose de un lado a otro con incomodidad.
—¿Tienes hambre? He reservado en tu restaurante francés favorito, ¿vamos a salir a comer?
—Olvídalo,— respondí negando con la cabeza, —estoy muy cansada. Además, no me gusta la comida francesa. Soy una persona común, no puedo comer cosas crudas, me da alergia.
Realmente me daba pereza lidiar con su simpatía momentánea. A la que le gusta la comida francesa no es a mí, es a Renata, la que disfruta de andar viajando y llevar una vida de pequeños lujos, también es a ella.
En sus ojos, y en los de sus amigos, siempre fui una persona común y vulgar, que no está a la altura; alguien de bajo perfil, que se aprovecha de Javier para trepar como un parásito.
Y aunque Javier nunca lo dijo directamente, las cosas que sus amigos dijeron de mí, él nunca las refutó.
—Lo que pasa es que estoy muy ocupado y no he tenido tiempo para ponerme a pensar en ti. El viaje junto a Renata fue por trabajo, ella tenía que preparar los diseños para la nueva temporada de la empresa. No lo vas a entender, y no te culpo, así que mejor no le hagas mucho caso y, déjalo así.
Él temía que pensara mal de ella. En su mente, Renata era pura y perfecta, como la luna en la ventana, y nunca podría estar equivocada. Aunque ella lo había traicionado antes, él mismo se autoengañaba, convencido de que debía haber tenido sus razones. Renata nunca podría ser la amante de alguien, porque su posición no lo permitía.
—Lo sé,— respondí de forma indiferente. —¿No tienes que ir a la oficina? ¿No estás muy ocupado?
Al Javier verme así, con esa actitud, se molestó.
—Lucía, ¿no puedes pensar un poco en mí? Trabajo todo el día, ¿para mantener a quién? Si al menos pudieras aliviarme un poco, no estaríamos así.
Asentí con la cabeza, —No te preocupes, no lo haré más.—
En ese momento, recibí un mensaje del abogado que contacté para el divorcio. Quedamos en vernos, así que me giré para ir a cambiarme de ropa.
—Detente ahí, ¿a dónde vas? Te digo un par de cosas ¿y me haces esta cara? ¿Qué esposa se comporta así?
Parecía que no se daba cuenta de que era él quien me había dado la cara todos estos años. Quiso subir a detenerme, pero tropezó con los vidrios rotos que había dejado esparcidos por el suelo. Lo dejé atrás sin hacerle caso, me cambié de ropa y salí.
Acababa de salir de la cita con el abogado cuando Javier me envió otro mensaje.
—Mi madre quiere verte, ven rápido a la vieja casa.
A mí no me importaba él, pero la señora Montenegro siempre había sido amable conmigo. Me brindó un amor maternal que nunca había conocido. No quería que ella sufriera y estuviera triste por mi culpa.
Tomé un taxi y regresé a la vieja casa. Tan pronto como entré, escuché risas.
—Qué patética, es como una sanguijuela pegajosa. Bastó con enviarle un mensaje desde el teléfono de mi hermano para que viniera corriendo como una tonta.
Camila Montenegro, la hermana de Javier, estaba recostada en el sofá, del brazo de Renata, y le dijo:
—Ella se casó con mi hermano gracias a lo que tiene, fue su cuerpo lo que la hizo llegar aquí. Pero no pasa nada, ahora que has vuelto, todos te queremos. Tú eres la única cuñada que yo reconozco.
Renata sonrió con indiferencia y me miró de reojo.
—Camila, tampoco seas tan dura con ella. Viene de una familia humilde, que use métodos algo cuestionables no es extraño… al fin y al cabo, su mundo es limitado.
Así que todos pensaban que yo solo me casé con Javier porque me aferré a él. Pensaban que yo no era digna de estar con él. Todos creían que Renata debería de ser su esposa. Yo, era basura salida de quién sabe dónde, ni siquiera merecía sentarme a la mesa a comer.
—Camila, discúlpate conmigo.
Camila soltó una risa llena de burla. —¿Y por qué debería disculparme contigo?
—Muy bien,— levanté el teléfono. —Lo grabé todo. Ahora mismo se lo voy a mostrar a tu madre.
Las caras de Camila y Renata cambiaron instantáneamente. La señora Montenegro, siempre tan cariñosa, nunca había perdonado a Renata por traicionar a su hijo. Si ella se enteraba de lo que ambas acababan de decir, sin duda le pediría explicaciones a Camila.
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