
Lo Ayudé a Triunfar y Lo Dejé
Capítulo 3
—La empresa de mi tío todavía necesita una asistente administrativa. No piden mucho, con que sepas usar una computadora basta. Aunque el sueldo no sea gran cosa, al menos sería un trabajo decente. Mejor que lo que hacías antes…
Alargó las últimas palabras a propósito, cargándolas de insinuación.
—Sí, sí —Paloma se apresuró a secundarlo con falsa preocupación—. A los hombres extranjeros quizá les atraigan mujeres como tú, pero casi siempre solo las buscan para pasar el rato. Fuimos compañeras durante tantos años. Si estás pasando por dificultades, puedes decirlo. Con tu situación… Ah, me refiero a que no fuiste a la universidad y tampoco parece que tengas mucha ropa presentable. Tal vez te costaría ir a una entrevista. ¿Qué tal si otro día te llevo a comprar un par de conjuntos decentes? Si no te alcanza, puedo prestarte algo. Después de todo, antes eras tan buena estudiante. Es una pena verte acabar así.
Iker seguía sin decir nada. Solo apretó un poco más los dedos alrededor de la copa, mientras sus ojos oscuros permanecían fijos en mí.
La nueva novia que tenía a su lado, Estrella Fregoso, finalmente no pudo contenerse.
Soltó una risa despectiva y se inclinó apenas hacia adelante, mirándome con una condescendencia altiva y un desprecio nada disimulado.
—He oído hablar de ti. Dicen que antes andabas detrás de Iker como una arrastrada. Le hacías las tareas, le pasabas tus apuntes y hasta le justificabas las faltas con los profesores. Debió ser muy agotador.
Hizo una pausa deliberada, disfrutando de las expresiones expectantes de los demás.
—Aunque, al menos tuviste algo de sentido común. Supiste que tú e Iker estaban en mundos completamente distintos, que entre ustedes no había futuro, y te fuiste por tu cuenta. Solo que parece que no te ha ido muy bien, ¿no? Ahora Iker es el heredero del Grupo Díaz. Y yo acabo de hacerme cargo de la marca de ropa de mi familia. Estoy ocupada negociando una colaboración con una firma internacional de diseño de primer nivel. Si estás pasando por apuros, podríamos ayudarte.
Tomé agua con calma.
—No hace falta, gracias.
Estrella me lanzó una mirada de desdén, y su voz rebosó ostentación.
—Tal vez no tienes idea del nivel de contactos que manejo. ¿Has oído hablar de Lumina? Es una nueva marca extranjera de joyería de lujo accesible. Su directora creativa ha ganado varios premios internacionales y se ha hecho un nombre en el extranjero. Es brillante, muy talentosa y además bastante misteriosa. Me costó muchísimo conseguir su contacto. Si acepta diseñar una línea de accesorios en colaboración con nuestra marca, será un bombazo en el mundo de la moda. Para entonces, con mover un dedo, podría conseguirte algo para que al menos tuvieras qué comer.
Los demás estallaron enseguida en exclamaciones y halagos.
—¡Conozco Lumina! ¡Sus diseños tienen muchísimo estilo!
—He oído que esa diseñadora es impresionante. Es dificilísima de impresionar; no cualquiera logra llamar su atención.
—¡Estrella, sí que tienes contactos! Tener acceso a una diseñadora de ese nivel es increíble. Solo alguien así merece estar al lado de Iker.
Estrella alzó la barbilla con satisfacción, disfrutando de toda aquella adulación.
Eso era exactamente lo que buscaba al hablar.
—¿Y cómo se llama esa diseñadora? —preguntó alguien con curiosidad—. Suena increíble.
—También se llama Rebeca.
Estrella siguió deshaciéndose en elogios hacia aquella diseñadora.
—Dicen que es muy joven, pero tiene un talento extraordinario y una posición muy alta en el círculo del diseño. Para una marca pequeña como la nuestra, lograr invitarla no ha sido nada fácil. Pero tengo confianza.
Mientras hablaba, se apoyó con familiaridad en el brazo de Iker.
—¿Verdad, Iker?
Iker respondió con un distraído:
—Ajá.
Su mirada seguía pegada a mi rostro. En sus ojos parecía haber resentimiento, pero no estaba dispuesto a bajar la cabeza ni a decir una palabra más.
Los demás, para seguir ensalzando a Estrella, redoblaron sus burlas contra mí.
Yo solo levanté el vaso y di un pequeño sorbo, sin que mi expresión cambiara en absoluto.
En ese momento, llamaron suavemente a la puerta del salón.
Una chica joven, vestida con traje de oficina y cargando una gruesa pila de documentos, asomó la cabeza con una expresión ansiosa y respetuosa.
—Señorita Fregoso, disculpe. Le traje los documentos urgentes que pidió sobre el proyecto de Lumina. Y respecto a la diseñadora…
Estrella la interrumpió de inmediato.
—¿Qué pasó con ella? ¿Ya respondió? ¿Aceptó reunirse con nosotros para hablar en detalle?
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