
La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre
Capítulo 2
La gala de subastas se celebró en el gran salón de la manada Luna Oscura. Entré del brazo de Leo… y la vi de inmediato.
Selena.
Su amor de la infancia. La misma que había presumido aquel árbol de Navidad.
Llevaba un vestido de terciopelo rojo vino, maquillaje impecable, y caminó hacia nosotros con una sonrisa calculada.
—Sophia, cuánto tiempo sin verte —inclinó la cabeza, recorriéndome con la mirada—. ¿Mala noche? Estás tan pálida que ni el maquillaje lo tapa.
Miré las ojeras marcadas bajo sus ojos y respondí con indiferencia:
—Tú tampoco te ves muy bien. Esas bolsas están a punto de caerse.
Su sonrisa se tensó apenas un instante.
Claro que estaba hecha un desastre. Una noche entera así… no hay maquillaje que lo disimule.
Leo intervino de inmediato:
—Selena aún es joven, no ha salido mucho. Solo la traje para que vea mundo. No le hagas caso, cariño.
No respondí. Solo esbocé una sonrisa leve, sin emoción.
La subasta llegó a su lote final. La pieza principal apareció sobre la plataforma.
Un collar.
“El Corazón Eterno”.
Tallado, según decían, a partir de la piedra lunar de un antiguo Rey Lobo, emitía un brillo frío, casi irreal.
Leo me miró de reojo, evaluando mi reacción… y levantó su paleta.
Tras una puja intensa, el collar fue suyo.
Deslizó la caja hacia mí.
—Para ti.
Antes de que pudiera decir algo, mi teléfono vibró.
Un mensaje de Selena.
"¿Apostamos? Con una sola palabra mía, ese collar será mío."
Miré la pantalla. No respondí.
Y, como era de esperarse, menos de un minuto después, el teléfono de Leo también sonó.
Lo revisó. Su expresión no cambió… pero sus dedos se tensaron apenas.
Desde el rabillo del ojo, alcancé a ver la pantalla.
"Leo, ese collar es precioso. ¿No dijiste que me darías lo mejor de todo? ¿Ya olvidaste lo que me prometiste?"
Debajo, una selfie. Selena inclinando la cabeza, con una mano sobre el vientre, los labios fruncidos.
Leo me sonrió.
—Cariño, espérame un momento. Tengo que hacer una llamada.
Se alejó hacia una esquina, dándome la espalda, hablando en voz baja.
Observé su figura… y el último rastro de calor en mi pecho se extinguió.
La gala terminó. La gente empezó a dispersarse.
Leo regresó.
—Selena bebió demasiado. Vamos a dejarla de camino a casa.
Lo dijo como si fuera lo más natural del mundo.
Asentí.
Ya nada importaba.
De regreso, el auto tomó un camino forestal apartado. De repente, los arbustos a ambos lados comenzaron a agitarse violentamente.
Un segundo después, tres sombras emergieron de la oscuridad y atravesaron el techo.
Una emboscada.
El coche volcó con fuerza. Mi cuerpo salió despedido contra la puerta, el hombro golpeando el marco con un dolor agudo.
En medio del caos, vi a Leo moverse… hacia el asiento delantero.
Selena gritó, encogiéndose. Leo la atrajo hacia su pecho, cubriéndola con su propio cuerpo mientras el vidrio estallaba a su alrededor.
Un brazo rodeándola. El otro transformándose en garras.
Atacó a los enemigos que se abalanzaban sobre ellos.
Ni una sola vez miró hacia atrás.
Me desplomé en el asiento trasero, la sangre corriendo desde mi hombro, la conciencia volviéndose borrosa.
Y entonces… un recuerdo.
Aquella noche, tres años atrás.
En los bosques del norte, cuando las flechas de plata surcaban el aire… Leo no dudó. Se interpuso frente a mí.
Tres flechas atravesaron su espalda.
Aun así, se giró, con el rostro cubierto de sangre… y sonrió.
—¿Estás bien?
Recordé cómo temblaba, cómo lloraba, presionando sus heridas mientras la sangre se filtraba entre mis dedos.
"Tranquila. Estoy aquí. Nadie va a tocarte", me había dicho.
Pero ahora…
Mismo peligro. Mismo instante decisivo.
Y la persona a la que protegió por instinto… ya no era yo.
Cerré los ojos en aquel coche destrozado y, por fin, lo entendí con absoluta claridad—
El corazón de Leo me había abandonado… hace mucho tiempo.
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