
La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre
Capítulo 3
Cuando desperté, estaba en la cama de la residencia. Tenía el hombro vendado, con un dolor sordo que latía de fondo.
Leo estaba sentado a mi lado, los ojos enrojecidos, el rostro cargado de culpa.
—Lo siento. Selena siempre ha sido frágil… todo pasó muy rápido. Pensé que no lo lograría, así que fui primero con ella.
Extendió la mano para tocarme el rostro. Me aparté.
—Por favor, no te enojes conmigo. Golpéame, grítame… lo que sea. Solo no me ignores.
Miré el techo en silencio.
“¿Qué había que decir?”, reflexioné.
Todo lo que sentía murió en el instante en que corrió hacia Selena.
El vacío en mi pecho ya no dolía. Solo estaba ahí… hueco. Como si alguien hubiera arrancado algo, y ahora el viento atravesara ese espacio sin encontrar nada.
Al ver que no respondía, Leo empezó a ponerse nervioso. Se inclinó hacia mí.
—En tres días es nuestro tercer aniversario. Te llevaré a donde quieras… solo dime el lugar.
Guardé silencio un momento.
—A los Territorios del Sur.
—¿Los Territorios del Sur? —parpadeó—. Está muy lejos.
—Sí.
Leo no preguntó por qué. Solo asintió.
—Está bien. A donde quieras. Yo me encargo.
Luego añadió:
—Últimamente la manada ha estado ocupada. Cuando termine con todo, estaré contigo en nuestro aniversario. Te lo prometo.
—Está bien.
Mi voz apenas se escuchó.
No sabía que los Territorios del Sur eran territorio de la manada Sombra de Sangre.
Ese viaje… era solo de ida.
***
La mañana en que debía irme, me desperté temprano.
El cielo aún estaba oscuro cuando me senté junto a la ventana a esperar.
Cuando salió el sol, el lado de Leo en la cama seguía vacío.
Había roto su promesa…otra vez.
Mi teléfono vibró y un mensaje de Selena.
Una imagen…un informe prenatal.
En el apartado de “Padre”, el nombre de Leo aparecía claro.
Apagué la pantalla y me quedé sentada un largo rato.
Luego me levanté.
Y empecé a hacer lo que tenía que hacer.
***
Cinco horas antes de irme.
Me quité el anillo.
Era el anillo de linaje de Leo, el símbolo de la línea Alfa de la manada Luna Oscura. El día que me lo puso, dijo que era lo mismo que marcarme ante toda la manada.
Pero nunca lo hizo de verdad.
Dejé el anillo sobre la mesa de la sala, perfectamente colocado.
A partir de ahora… su querida amiga de la infancia sería la Luna de la manada Luna Oscura.
Ese anillo debía estar con su verdadera dueña.
***
Tres horas antes de irme.
Llevé todo lo que había acumulado en tres años hasta la chimenea.
El anillo de promesa. El retrato. Las cartas. Cada nota que me escribió, cada foto, cada pequeño regalo.
Uno por uno…
Todo terminó en el fuego.
***
Dos horas antes de irme, mi teléfono vibró otra vez.
Un video de Selena.
Lo reproduje.
En la grabación aparecía la plaza del altar de la manada Luna Oscura. Antorchas alineadas a ambos lados. Los miembros de la manada formando un círculo.
Leo estaba en el centro.
Selena inclinó la cabeza, dejando expuesto su cuello.
Leo bajó el rostro.
Sus colmillos atravesaron su glándula.
La ceremonia de marcaje.
La había marcado… frente a toda la manada.
A su alrededor estallaron vítores y aplausos.
Al final del video, Selena sonrió a la cámara y envió un mensaje:
"¿Lo ves? Soy la única que toda la manada Luna Oscura reconoce como Luna. Una loba errante como tú debería darse por satisfecha si logra casarse con una simple omega."
Miré el mensaje durante diez segundos.
Luego cerré el chat.
No respondí.
Abrí la aplicación de notas y reuní todos los mensajes que Selena me había enviado: sus burlas, sus provocaciones, la foto del árbol, el informe prenatal, el video de la ceremonia…
Todo.
Programé el envío.
Destinatario: Leo.
A medianoche.
Para entonces… yo ya estaría muy lejos.
***
Una hora antes de irme, envié mi último mensaje.
"Leo, me voy. Te deseo lo mejor. No me busques."
Después de enviarlo, desactivé el número.
Caminé hasta el lago detrás de la residencia y lancé el teléfono lo más lejos que pude.
Luego crucé las puertas.
En la entrada, diez Rolls-Royce Phantom blindados, negros como la noche, estaban alineados en fila.
La puerta del vehículo central se abrió desde dentro.
El Beta Marcus se inclinó levemente ante mí, con tono respetuoso.
—Su Alteza, el Rey Alfa me envió para llevarla a casa.
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