
La Diosa Que Durmió En Su Sombra
Capítulo 4
Cuando desperté, estaba en un centro de curación.
Maya estaba junto a mi cama; tenía los ojos rojos e hinchados.
—Estuviste inconsciente dos días. Por fin te estás recuperando. Ya quedó lo de la visa —me puso el pasaporte en la mano—. Lyon, Francia. El vuelo sale en tres días.
Me quedé mirando mi foto en el pasaporte.
Esa chica todavía sonreía.
Yo ya no recordaba cómo se hacía eso.
—Me voy.
—Lo sé —Maya me apretó la mano—. Ya es hora.
La puerta de mi cuarto se abrió. Escondí rápido el pasaporte en cuanto alguien entró.
Era Killian.
Vivian venía colgada de su brazo, cargando un ramo de flores enorme.
—¡Bendita sea la Diosa que estás bien! —con una preocupación falsa—. Si tan solo hubiera habido más espacio en el helicóptero... Nos sentimos fatal por haberte dejado ahí.
Miré sus manos entrelazadas.
—Gracias por su preocupación.
Killian se quedó parado al pie de la cama con una actitud indiferente.
—El sanador dice que tienes que descansar unos días.
—Sí.
—Qué bueno —se aclaró la garganta—. Tengo algo que anunciar.
Vivian bajó la cara, fingiendo timidez.
—Vivian aceptó mi propuesta —dijo Killian, con gusto—. Pasado mañana celebraremos nuestra ceremonia de anuncio de unión.
La habitación se quedó en silencio.
No me dolió el corazón tanto como esperaba.
Solo se sentía... vacío.
—Felicidades —dije, con una voz tan quieta como el agua estancada—. Son la pareja ideal.
La sonrisa de Vivian se ensanchó.
—Estas son para ti —puso el ramo en mi mesa de noche—. Es Sombra de Luna, ¿verdad que son bellas? En el lenguaje de las flores significan amistad eterna.
Me quedé viendo los pétalos de un blanco plateado.
Sombra de Luna.
A lo que soy alérgica.
Hace tres años, en una cena de negocios, casi me asfixio por culpa de esas flores.
Killian me sacó cargando del salón y me llevó de urgencia al centro de curación.
Miró al sanador a los ojos y le dijo: “Ella es muy alérgica a la Sombra de Luna. Recuérdelo”.
Ahora, solo estaba ahí parado, viendo cómo Vivian ponía un ramo entero junto a mi cama.
El polen empezó a flotar en el aire.
Me empezó a picar la garganta.
Cada vez me costaba más respirar.
—Llévatelas —dije—. Por favor, saca las flores.
—¿Por qué? —Vivian parpadeó con sus ojos grandes e inocentes—. ¿No te gustan?
—Soy... alérgica...
Killian tensó la mandíbula.
—La Sombra de Luna es inofensiva para los hombres lobo. Deja de exagerar.
Lo miré totalmente sorprendida.
“¿Que estoy exagerando?”
Empecé a toser con fuerza mientras se me escapaban las lágrimas.
No era por la alergia.
Era por la desesperación.
—Se te olvidó —susurré, mientras una risa vacía escapaba de mis labios—. Tres años, Killian. Y... se te olvidó.
Killian se quedó paralizado un segundo.
Entonces Vivian lo interrumpió.
—¡Ay, no puede ser, no lo sabía! ¡Freya, lo siento tanto!
Se llevó las flores con un gesto de arrepentimiento.
Pero actuaba muy mal.
Presioné el botón de auxilio que estaba junto a mi cama.
Una enfermera entró corriendo y me puso una inyección contra la alergia.
—Para la próxima debería avisar a sus visitas sobre sus alergias —me aconsejó la enfermera.
—Lo haré.
Vivian y Killian se fueron poco después.
Una hora más tarde, llegaron los padres de Killian.
Aunque siempre habían sido estrictos conmigo, parecía que sabían que yo era la pareja destinada de Killian.
—¿Estás bien? —Rose se sentó a mi lado con mirada amable.
—Estoy bien, gracias por preguntar.
—Escuchamos que planeas dejar la manada.
Asentí.
—Mi salud ya no es la de antes. Quiero irme de la manada y recuperarme un tiempo en Europa.
—¿Cuánto tiempo te irás?
—No estoy segura. Tal vez mucho tiempo. Tal vez para siempre.
El antiguo Alfa suspiró.
—Si esto es por Killian...
—No lo es —lo interrumpí—. Es mi propia elección.
—Él eligió a Vivian por el bien de la manada —dijo Rose, tomándome la mano—. Sobre ustedes dos, si estás dispuesta a esperar...
—Señora —le retiré la mano con suavidad—. He esperado cinco por años. Ese... vínculo... ya está roto.
Se quedaron callados.
—Las manadas en Europa son diferentes —seguí diciendo—. Son más abiertas con alguien como yo. Una loba con la sangre equivocada.
—El linaje no lo es todo. Todos hemos visto lo mucho que has aportado a la manada...
—Mi sangre nunca será lo bastante pura para ser la Luna de la manada, ¿no?
Sus padres se miraron entre sí. No dijeron nada para contradecirme.
—No nos volveremos a ver —dije, despidiéndome de ellos—. Gracias por su amabilidad todos estos años.
En ese momento, la puerta se abrió otra vez.
Killian entró apurado con la cara oscurecida por la furia.
—¿Que te vas? —gruñó, con una mirada que me dejó clavada a la cama—. Tú perteneces a esta manada. Me perteneces a mí. Y no te vas hasta que yo diga que puedes hacerlo.
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