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Portada de la novela El amor que ya no vuelve

El amor que ya no vuelve

En la novela de fantasía y romance El amor que ya no vuelve, la protagonista viaja en el tiempo tras una muerte brutal. En su vida pasada, se casó con su tío político sin lazos de sangre tras quedar embarazada por salvarlo de un afrodisíaco. Esto impidió que él rescatara a su verdadero amor, Luz, quien murió secuestrada. Como venganza, él la dejó morir en el parto. Ahora, de vuelta en el día del incidente, ella decide no ser su antídoto y llama a Luz para cambiar su trágico destino.
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Capítulo 2

Por instinto, quise cerrar la puerta. No quería discutir, ni mucho menos volver a enredarme con él.

Pero Hugo la detuvo con una mano antes de que pudiera cerrarla. Frunció el ceño y me miró con esa expresión que conocía tan bien.

—¿Estás evitándome? ¿Por qué? —preguntó con voz baja.

Se acercó un poco más, observándome con atención.

—¿Estás molesta? ¿Por Luz?

Negué rápidamente con la cabeza, intentando sonar tranquila.

—No, no estoy molesta tío. Me alegra por ti, tío… Al final, los que se aman terminan encontrándose, ¿no?

Él entrecerró los ojos, claramente insatisfecho con mi respuesta.

—¿De verdad lo dices en serio? ¿No es sarcasmo?

De pronto soltó una risa corta, cargada de cinismo.

—Selena, ¿no me digas que todavía no me has olvidado? En tu fiesta de mayoría de edad, cuando tenías dieciocho, te emborrachaste y me robaste un beso. ¿Pensaste que no me di cuenta?

Me quedé helada. Pero continuó hablando.

—Todas esas cartas de amor que me escribiste en secreto… las leí una por una. Pensabas que lo ocultabas muy bien, pero el amor en tu mirada era tan evidente… ¿quién en esta casa no se dio cuenta que estabas enamorada de mí?

No atreverte a confesarlo fue la mejor decisión de tu vida —añadió con una sonrisa sarcástica y llena de desprecio—, porque te juro que me habría burlado de ti. Sí… me habría reído de lo ridícula que eras.

Después de decir eso, continuó riéndose con sarcasmo, como si todo aquello le resultara divertido. Luego pasó junto a mí y fue directo al escritorio. Tiró con fuerza del último cajón y lo abrió de golpe.

Agarró un enorme montón de cartas de amor, las levantó y las dejó caer al suelo. Después, las aplastó con el pie.

—Selena, te crié desde que tenías siete años. Te vi crecer. Y tú, siendo apenas una niña, escondías esos sentimientos enfermos por tu propio tío político. Sabías perfectamente que en mi corazón solo hay lugar para Luz, y aún así me escribías estas tonterías. ¿Sabes lo que siento? Asco.

Sus palabras me golpearon como cuchillos. Y, aún así, no se detuvo. Se inclinó hacia mí, acercándose tanto que podía sentir su respiración junto a mi oído. Y con una voz baja, casi como un susurro, cargado de desprecio dijo:

—Solo vine para decirte algo. Ayer, cuando me drogaron con ese estimulante, vi cómo me mirabas. Vi el deseo en tus ojos, no lo niegues. Querías ofrecerte como mi antídoto, para “ayudarme”. Menos mal que no lo hiciste, porque si hubieras sido tú… me habrías repugnado de por vida. Tú no estás a la altura de satisfacerme, Selena.

Mi corazón se contrajo de golpe, un dolor profundo me atravesó el pecho. Aunque en esta vida ya no lo amo, escuchar esas palabras tan crueles todavía me dolió.

Después de eso, Hugo me lanzó una última advertencia, me dijo que me mantuviera lejos, que no volviera a aparecer frente a él, para no provocar malos entendidos con Luz. Luego dio un portazo y se marchó.

No quería seguir siendo una molestia en su vida, ni seguir respirando el mismo aire que ellos. Justo tenía que salir a preparar mis papeles para irme del país, así que recogí mis cosas y salí de la casa.

Esa noche, esperé a propósito hasta casi las diez para regresar a mi habitación. Al entrar, noté que algo no estaba bien, alguien había movido mi cama.

Entonces vi que Luz había subido una nueva foto en su red social, una selfie acostada en la cama, y decía:

—No hay nada como un colchón de nivel millonario, es realmente cómodo. Sólo le mencioné a mi Hugo que no podía dormir bien, y enseguida me consiguió uno nuevo. Que importante es tener a un hombre que te ame.

El colchón… lo había cambiado, era el que me había comprado mi tío Hugo a principios de año, cuando se me agravó la lesión de espalda, y había costado más de un millón,

Él solía tratarme bien, sabía lo que significaba para mí, una chica a la que había criado, ser tratada así, y aún así me permitió enamorarme de él.

Y sin embargo, se colocaba en un pedestal moral, diciéndome que no podía amar a mi propio tío.

Y ahora, con solo unas palabras de Luz, él ni siquiera me avisó antes de que cambiaría el colchón.

Escuché pasos acercándose, de repente Hugo apareció en la puerta de mi habitación, y dijo ligeramente:

—Como el sueño de Luz es tan ligero, le di tu colchón. Total, tu espalda ya está bien; da igual en qué colchón duermas.

Respondí sin mirarlo, le dije un simple “mm, ajá” para dar por terminada la conversación.

Frunció el ceño y se quedó mirándome con atención.

—Selena, últimamente estás demasiado tranquila, no te reconozco. ¿Qué te pasa? Antes te enfurecías cada vez que me veías ser amable con otra persona, ¿y ahora? ¿Porqué no haces tus típicas rabietas? ¿No estarás tramando algo, verdad? —dijo con tono de advertencia—. Te lo advierto, si te atreves a meterte con Luz, no te lo voy a dejar pasar.

Entonces levanté la vista, lo miré con calma y le contesté:

—No tengo intención de molestar a nadie. Al contrario, lo que más deseo es que nadie vuelva a meterse conmigo. Además, tío, ¿no eras tú quien siempre decía que tenía que comportarme y madurar? Pues ahora lo estoy haciendo. Deberías alegrarte, ¿no crees?

Él apretó los labios, molesto y con el orgullo herido, y repitió tres veces con sarcasmo.

—Muy bien… muy bien… muy bien, Selena.

Dio un portazo y bajó las escaleras. Siempre que lo hacía, significaba que estaba furioso, era su forma de mostrar enojo.

Pero ya no me importaba, ya no tenía ganas de consolarlo . Porque por primera vez su enojo no significaba nada para mí. Muy pronto…me iré de aquí para siempre.

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