
Venganza con el Perro
Capítulo 3
Fui en coche con Carmen al centro comercial. Cuando salimos, ya había anochecido.
Mientras tanto, Elena, al revisar las cámaras de su casa, notó que no había ido a alimentar al perro. Pensando que me había echado atrás, contactó a León urgentemente.
Justo cuando iba a llevar a Carmen de vuelta, sonó el teléfono.
Puse el altavoz a propósito, para que ella también lo escuchara.
—Sofía, ¿no ibas a darle de comer al perro de Elena? Se te olvidó, ¿verdad?
Fingí sorpresa: —Ay, es verdad, ni me acordaba. Voy ahora.
León asintió: —Date prisa, no lo dejes esperando.
Al colgar, me dirigí a Carmen con expresión de disculpa: —Perdón, señora. Elena me pidió que le diera de comer a su perro y se me pasó. ¿Le parece si pasamos primero por su casa y luego la llevo?
Carmen había visto crecer a Elena. Le tenía más cariño que a mí. Al oír que era para ayudarla, aceptó sin dudar.
Mis esfuerzos no fueron en vano. Al fin la tenía justo donde quería.
En mi vida pasada, después de quedar desfigurada, esta vieja fue a humillarme, diciéndome que me alejara de su hijo.
Que jamás aceptaría a un monstruo en su familia, y que Elena era la nuera que siempre quiso, que yo solo me había interpuesto.
Al llegar al edificio de Elena, justo antes de entrar al ascensor, me volví hacia Carmen: —Señora, creo que dejé el teléfono en el auto. ¿Quiere subir usted primero?
Justo en ese momento llegó el ascensor. Carmen subió sola.
Yo me quedé afuera, sonriendo mientras la veía irse.
Cuando se fue, tomé otro ascensor al piso inferior al de Elena, y luego subí por las escaleras de emergencia.
Apenas salí, un grito desgarrador atravesó el aire: —¡Aaaah!
—¡Socorro!
Me escondí en la salida de emergencia. Aunque había una puerta de por medio, los alaridos se traspasaban nítidos, mezclados con ladridos furiosos.
Apreté la puerta contra incendios con todas mis fuerzas, temiendo que la bestia olfateara mi presencia. Al mismo tiempo, llamé a la policía.
Los gritos de Carmen alertaron a los vecinos. Quizá por el cambio de horario, el buen vecino que me salvó antes no estaba en casa. Nadie se atrevió a intervenir.
Los pitbulls son razas peligrosas, prohibidas en zonas urbanas. Ni idea de cómo Elena logró tener uno.
El perro, de pie, medía como una mujer adulta. Llevaba días sin comer. Con su complexión menuda, a Carmen quizá ni le alcanzaba como comida.
La policía llegó rápido. Les costó trabajo, pero al final mataron al animal.
Carmen yacía en el suelo, cubierta de heridas. Parecía grave.
El administrador del edificio, al ver la escena, casi se desmaya. Llamó de inmediato a Elena.
—Elena, ¡tu perro atacó a alguien! ¡Regresa ya!
La voz de Elena sonó claramente emocionada: —¿Cómo pasó eso? ¡Enseguida voy!
Aún no sabía que la atacada no era yo.
También te podría gustar





