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Portada de la novela Tras la humillación en la piscina

Tras la humillación en la piscina

Lo que prometía ser un descanso tranquilo se transforma en una pesadilla en esta novela de romance multimillonario. Mientras disfrutan de la piscina de un hotel de lujo, la protagonista y su suegra son humilladas por una mujer arrogante que las acusa de colarse y exige su expulsión inmediata, afirmando que su esposo es el dueño del lugar. Sin embargo, ambas mujeres reaccionan con desprecio al descubrir la mentira, pues el verdadero propietario del hotel es Nicolás. ¿Quién es realmente esa impostora?
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Capítulo 1

Lo que debía ser un viaje tranquilo con mi suegra se convirtió en una pesadilla. Tras llegar al hotel, fuimos juntas a la piscina del lugar a relajarnos.

Sin embargo, una mujer elegantemente vestida se nos acercó, tapándose la nariz y con total desprecio nos dijo:

—Este es un hotel de lujo, ¿cómo es posible que haya gente como ustedes aquí? No serán esas personas que se cuelan para usar la piscina, ¿verdad? ¡Es un asco compartir la piscina con ustedes! Me da miedo que nos contagien alguna enfermedad.

Mi suegra y yo nos sentimos muy incómodas por sus palabras, pero aún así le respondí, indiferente:

—La piscina del hotel es pública , todos los huéspedes pueden usarla. Si no te parece bien, construye una en tu casa.

La mujer, furiosa, levantó las cejas y, gritando, dijo:

—¿Te atreves a responderme? ¿Sabes quién es mi esposo? Este hotel es de él, y la suite más cara siempre ha sido mía. ¡Les ordeno que se larguen inmediatamente! Huelen a pobreza y han contaminado el agua. ¡Qué asco!

Mi suegra y yo nos miramos y, al instante, pudimos ver el mismo desprecio en nuestros ojos. Este hotel es propiedad de Nicolás, ¿en qué momento se convirtió él en el esposo de esa mujer?

Mi suegra y yo habíamos querido mantener un perfil bajo, así que al registrarnos en el hotel no revelamos nuestra identidad. Nunca imaginamos que terminaríamos envueltas en una situación así. El buen ánimo con el que habíamos llegado desapareció por completo en un instante.

Mi suegra, que toda su vida ha sido una mujer fuerte y dominante, ni siquiera se dignó a tomarla en serio y le respondió con desdén:

—¿Y tú quién te crees para darnos órdenes? La que debería largarse eres tú. El verdadero asco es tu falta de educación.

E ignorando a la mujer, que ya estaba furiosa, se viró hacia mí y me dijo:

—Drea preciosa, sigamos nadando, no le hagas caso. Cuando regresemos, iremos a preguntarle a Nicolás qué está pasando aquí.

Pero al ser ignorada, la mujer se puso roja de la ira. De pronto, una sonrisa maliciosa apareció en su rostro:

—Muy bien, si tanto les gusta nadar, entonces quédense en el agua y no salgan hoy.

Sacó su teléfono e hizo una llamada. Poco después, llegó un hombre.

—Valentina, ¿me buscabas? ¿Quieres que te enseñe a nadar?

Ella nos señaló a mi suegra y a mí, sonriendo con malicia:

—Kevin, ve y dale una buena lección a estas dos mujeres que no saben cuál es su lugar.

Él entendió al instante y sumiso asintió con la cabeza:

—No te preocupes, Vale. Soy instructor de natación, sé perfectamente cómo hacer sufrir a alguien en el agua.

Saltó a la piscina y, aprovechando que no estábamos atentas, sujetó la cabeza de mi suegra y la empujó con fuerza bajo el agua. Mi suegra, ya mayor, no podía competir con su fuerza. Enseguida tragó agua y comenzó a forcejear desesperadamente.

Al ver aquello, me llené de pánico y corrí a apartarlo, pero él era ágil y terminó hundiéndome también, obligándome a tragar varios bocados de agua. Aprovechando un descuido, le mordí con todas mis fuerzas el brazo. Solo entonces me soltó.

Rápidamente saqué a mi suegra del agua. Estaba tan ahogada que puso los ojos en blanco, como si fuera a vomitar los pulmones de tanto toser, hasta que finalmente pudo recuperar el aliento.

Ella siempre ha sido una mujer orgullosa, imparable en el mundo de los negocios, capaz de llevar su cadena hotelera a cada ciudad del país. Dondequiera que va, es tratada con el mayor respeto. ¿En qué momento había sufrido una humillación así? Con voz severa, le gritó a la mujer:

—¿Sabes que podrías matar a alguien haciendo esto? ¡Es una total falta de respeto! ¡Voy a hacer que mi equipo de abogados te demande!

La mujer sonrió con indiferencia:

—¿Y si se muere, qué? Mi esposo tiene cientos de hoteles en todo el país. Lo que gana en un solo día basta para comprar las miserables vidas de toda tu familia. Antes de enfrentarte a mí, deberías averiguar quién soy. ¿Abogados? ¿De verdad creen que pueden pagarlos?

Este hotel era solo uno de los muchos que mi esposo administraba para mi suegra. La actitud de esa mujer, como si fuera la dueña del lugar, me llenó de dudas. ¿Acaso Nicolás tenía otra esposa? Le di unas palmaditas en la espalda a mi suegra para calmarla y pregunté muy seria:

—¿Tu esposo se llama Nicolás Andrade?

Ella respondió con arrogancia y orgullo:

—Así es. Al menos tienes algo de conocimiento. Si ahora mismo se arrodillan y me piden disculpas, y además limpian la piscina, podría considerar dejarlas tranquilas. De lo contrario, cuando él llegue, se van a arrepentir.

Sentí un frío recorrerme el corazón. Ese Nicolás que me había jurado amor eterno, que prometió serme fiel toda la vida… ¿De verdad me había engañado?

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