
Tras el divorcio, los gemelos se arrepintieron
Capítulo 5
Le respondí de inmediato:
—¿Muy ocupado? ¿Ocupado viajando, escalando montañas, contándole cuentos a Daniela?
Mientras le contestaba se me apretó el pecho, y el corazón me dolía tanto como si mil agujas lo atravesaran.
Sebastián se quedó atónito por un momento, luego me contestó, se notaba claramente su incomodidad.
—Daniela es mi paciente. Todo lo que hago es para que pueda recuperarse lo antes posible. Para un médico, el paciente es lo primero. ¿Podrías dejar de competir con ella todo el tiempo?
Solté una risa burlona.
—No te preocupes. Mañana nos vemos en el registro civil. Cuando el divorcio esté firmado, podrás hacer lo que quieras. No volveremos a vernos jamás.
Después de decir eso, colgué el teléfono y lo bloqueé otra vez.
A la mañana siguiente, Elena y yo llegamos temprano al registro civil. Pero inesperadamente vimos a Daniela. Llevaba un vestido blanco, la reconocí enseguida, pues era el mismo que Sebastián le había regalado. Incluso había presumido de él en sus redes sociales.
Antes de que Elena o yo pudiéramos decir algo, Daniela ya tenía los ojos enrojecidos.
La punta de su nariz se volvió rojiza, sus ojos brillaban húmedos, como si las lágrimas estuvieran a punto de caer. Su rostro delicado parecía aún más frágil llorando de esa manera, tan lastimera que cualquiera sentiría pena por ella. Se acercó a nosotras, haciéndose la víctima.
—Lo siento… No sabía que por mi culpa ustedes llegarían hasta el divorcio. En este mundo no tengo a más nadie en quien apoyarme, solo ellos pueden darme un poco de cariño. Pero no se preocupen, jamás me metería en sus matrimonios. Ya les dije que vinieran a disculparse con ustedes… pero no me escucharon.
Sus palabras parecían sinceras, pero cada frase era una forma de presumir. Nuestros maridos… seguían de su lado.
Elena estaba tan furiosa que varias veces quiso responderle, pero yo la detuve. Miré a Daniela con calma.
—No importa. Muy pronto estaremos divorciadas. Cuando eso pase, podrán hacer lo que quieran. Incluso si terminan viviendo juntos, nosotras no diremos ni una sola palabra.
Dicho eso, me di la vuelta para irme. No quería seguir perdiendo el tiempo.
Pero de repente me agarró la muñeca, e instintivamente intenté apartarla. Sin embargo, antes de que pudiera siquiera hacer fuerza, ella soltó mi mano por sí sola… y cayó sentada al suelo. Su bolso salió volando y la piel de su rodilla se raspó contra el suelo.
Me quedé congelada por un segundo. Antes de que pudiera reaccionar, una voz furiosa resonó cerca:
—¡Valeria! ¿Qué crees que estás haciendo?
Al instante, alguien me empujó el hombro con fuerza. De no ser porque Elena me sostuvo a tiempo, mi cabeza habría chocado directamente contra la columna que estaba a mi lado.
Cuando volví a mirar, vi a Sebastián preocupado sosteniendo a Daniela en sus brazos. Su rostro se llenó de ira mientras me miraba.
—Valeria. Pide disculpas.
Pero de pronto su mirada cayó sobre mi vientre, que claramente ya estaba plano. Su rostro se puso pálido, sus ojos se llenaron de pánico y su voz comenzó a temblar.
—Valeria… ¿dónde está nuestro hijo?
En ese momento, Santiago llegó. Lo primero que vio fue a Daniela sentada en el suelo. Estaba a punto de enfurecerse, pero en cuanto su mirada se posó en Elena y en mí, se quedó paralizado.
Sujetó a Elena por los hombros, temblando.
—Elena… ¿tu vientre? Mi amor… ¿y nuestro hijo?
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