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Portada de la novela Solo La Muerte Es Libertad

Solo La Muerte Es Libertad

El devastador diagnóstico de cáncer de la protagonista de Solo La Muerte Es Libertad solo desata la crueldad de su esposo, quien la acusa de mentir para competir con su hermana, mientras su propio hijo la rechaza con odio. Sin espacio para el llanto ni los reclamos, ella decide guardar el secreto de su enfermedad y planificar su propio deceso en silencio. En dos semanas abandonará la ciudad para buscar una muerte digna y en paz, privando a su egoísta familia de cualquier oportunidad de redención.
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Capítulo 7

Cuando Evelyn volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba en una bodega vieja y abandonada. Las cuerdas se le enterraban en las muñecas y los tobillos, tan apretadas que le provocaban un dolor intenso.

Frente a ella, Zoe estaba sentada con las piernas cruzadas, arreglándose las uñas con tranquilidad. Al notar que Evelyn había despertado, Zoe le sonrió.

—Al fin despiertas, Evelyn.

Evelyn sintió angustia. El desconcierto y la incredulidad se apoderaron de ella.

—¿Qué estás haciendo?

No le quedaba mucho tiempo. Su vida ya se contaba por semanas. No representaba ninguna amenaza para Zoe.

Daniel y Noah le habían dado la espalda hacía mucho. Solo necesitaba resistir un día más. Mañana desaparecería a un lugar donde nadie pudiera encontrarla. ¿Por qué Zoe se molestaba en secuestrarla ahora?

La sonrisa de Zoe se volvió más brillante.

—¿No te da curiosidad? Si las dos estuviéramos en peligro, ¿a quién elegirían salvar Daniel y Noah?, ¿quieres apostar?

Antes de que Evelyn pudiera responder, uno de los hombres se acercó y marcó un número en su celular.

En cuanto entró la llamada, Zoe soltó un sollozo falso.

—¡Daniel, ayúdame! ¡Evelyn me pidió que nos viéramos, pero nos secuestraron en el camino! ¡Quieren dinero! ¡Si no se los dan, me van a hacer daño! ¡Tengo mucho miedo!

—¿Zoe? —Daniel se quedó mudo por un segundo y luego se le notó el pánico en la voz—. ¿Dónde estás?, ¿estás bien?

El hombre que sostenía el celular habló.

—Señor Hayes, tenemos a su esposa y a su amante. Solo quiero cinco millones en efectivo. Tráigalos ahora mismo y le mandaré la ubicación. El intercambio será en persona. Si no hay dinero, no hay trato.

—¡Está bien! ¡Llevaré el efectivo! —A Daniel le temblaba la voz—. ¡Les pagaré lo que me pidan! ¡Solo asegúrense de que Zoe esté a salvo!

El hombre se rio.

—Cálmese. Nosotros cumplimos nuestra palabra. Denos el dinero y nadie saldrá herido.

—Bien. —Daniel suspiró con alivio—. ¿Y Evelyn?, ¿ella está bien?

Evelyn casi se ríe. Hasta ahora se acordaba de que ella existía. Si ella hubiera sido la única secuestrada, lo más probable es que él ni siquiera hubiera creído que la llamada fuera real.

—Está bien. Solo tenga listo el dinero, señor Hayes.

Después de colgar, los dos secuestradores tomaron otra cuerda y amarraron también a Zoe.

Daniel no tardó mucho en devolver la llamada.

Los hombres las agarraron a cada una y las sacaron a rastras. Solo entonces Evelyn se dio cuenta de que estaban en la montaña. Caminaron por un sendero lleno de piedras hasta llegar a un punto a media ladera.

Daniel y Noah estaban allí, ambos tensos y muy nerviosos.

En el momento en que Zoe los vio, se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¡Ayúdenme!

Daniel y Noah perdieron la calma.

—¡Tía Zoe! —gritó Noah.

—¡No tengas miedo! ¡Vine a salvarte! —dijo Daniel de prisa.

Evelyn estaba de pie al lado de Zoe, amarrada con la misma fuerza. Estaba en peores condiciones que Zoe; tenía la cara pálida como un papel y las piernas apenas la mantenían derecha. Pero ninguno de los dos se molestó en mirarla.

Evelyn cerró los ojos lentamente. No era que llorar sirviera de algo, es que ellos ya habían decidido quién les importaba.

Daniel lanzó un maletín a los pies de los secuestradores.

—¡Son cinco millones! ¡Ni un centavo menos! ¡Dejen ir a Zoe y a Evelyn!

Uno de los hombres se agachó, abrió el maletín y se rio al ver las filas de billetes acomodados.

—¿Cinco millones? ¡Cinco millones solo alcanzan para una persona, señor Hayes!

A Daniel le cambió el semblante.

—¡Me dijiste que cinco millones! ¿Ahora me sales con que cambiaste las condiciones?

—Usted entendió mal. Nunca dije que cinco millones cubrirían a las dos. ¡Son cinco millones por cada una! Claro que, si trae otros cinco millones mañana, se puede llevar a ambas. Pero por ahora, tiene que elegir a una.

Se hizo un silencio. Daniel apretó la mandíbula y miró a Evelyn por instinto.

Noah se agarró de la manga de Daniel, igual de sorprendido.

Entonces, Zoe gritó y se dejó caer de rodillas.

—¡Me duele! —Jadeó para intentar respirar mientras se le escapaban las lágrimas. Se agarraba la panza como si la hubieran herido.

Un momento después, sacudió la cabeza mientras sollozaba.

—¡Llévense a Evelyn! ¡Solo llévensela a ella! ¡Yo ya tengo cáncer! ¡Soy una carga! ¡Podría morir en cualquier momento! ¡Solo déjenme morir!

—¡De ninguna manera! —estalló Daniel.

—¡No digas eso, tía Zoe! ¡Tú no eres ninguna carga! ¡La carga es... ella! —gritó Noah.

En cuanto esas últimas palabras salieron de su boca, Evelyn sintió que el corazón se le partía en dos.

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