
Renacida, adiós a la esposa del Don
Capítulo 3
—¿Que qué estoy diciendo? —mi madre se limpió las lágrimas con la manga y me lanzó una mirada cargada de desprecio—. ¿A poco no es obvio? Te mueres de celos por cómo Gideon trata a Bella y por eso quisiste desquitarte. Pero, ¿qué no piensas? ¡Es tu propia hermana!
Mi padre no se quedó atrás y escupió con rabia:
—¿Cómo pudimos tener una hija como tú? ¡Eres una maldita!
De pronto, Gideon me soltó de golpe.
—Enciérrenla en el calabozo —ordenó—. Y que se quede ahí para que aprenda, hasta que Bella despierte.
—Yo no hice nada. De verdad estoy enferma... no salí con nadie... —mi voz temblaba, el miedo me estaba ahogando.
—Claro, yo sé que no lo hiciste —dijo Gideon, clavándome la mirada—. Evelyn, tú serías capaz de cualquier cosa por mí. ¿Cómo ibas a traicionarme?
Se giró hacia Zerrick con los ojos llenos de desprecio:
—Te acercaste a él solo para provocarme. Puedes jugar a lo que quieras, pero ¿cómo te atreves a verle la cara a Bella?
Al oír eso, mis padres rompieron a llorar con más fuerza. Era como si su hija menor estuviera agonizando en ese mismo instante.
Gideon apretó los puños y fulminó a sus hombres con la mirada.
—¿Qué esperan? ¡Llévensela!
Sus hombres se acercaron de inmediato. Randel Lane, el subjefe, intervino con cautela.
—Jefe, lo del accidente no parece planeado. Además, los reportes indican que la señora Wade ha perdido muchísima sangre...
Una bala pasó rozando la oreja de Randel y se incrustó en la pared.
Él se llevó la mano a la herida mientras la sangre empezaba a brotar. Cayó de rodillas y el rojo brillante manchó los azulejos
Gideon bajó el arma con una frialdad absoluta.
—Lane, no olvides quién es tu jefe. Más te vale no ponerte en mi contra. ¿Y ahora te vas a aliar con ella para mentirme? ¿Mucha sangre? ¿Me estás tomando por tonto?
Hizo una pausa, su mirada era puro hielo.
—Esa bala es solo una advertencia. Si vuelve a pasar, la próxima va directo al corazón.
Se enderezó y chasqueó los dedos. Dos tipos avanzaron al instante, me agarraron de golpe y me metieron al auto como si fuera un saco.
***
Cuando volví a abrir los ojos, todo estaba oscuro. No alcanzaba a verme ni las manos.
Sentía un dolor leve en el abdomen.
Me llevé la mano al abdomen e intenté forzar una sonrisa amarga. No tenía ni idea de si el corazón de mi bebé seguía latiendo.
Pasó un buen rato antes de que escuchara voces afuera. Era Bella.
—Gideon, ¿cómo pudiste encerrarla? —preguntó ella con la voz quebrada—. Todo fue mi culpa por pasarme el semáforo. Por eso me chocaron. De verdad, estoy bien...
—No es tu culpa —la voz de Gideon sonaba sorprendentemente suave—. Ella te mintió.
—Evelyn solo estaba asustada. Cree que soy una amenaza para ella —Bella sollozó, y su voz se iba apagando con cada palabra—. Pero yo nunca haría algo así. Es mi hermana... ¿Cómo iba a intentar robarle a su hombre? Aunque ese hombre... sea el mejor del mundo...
Su voz se fue perdiendo hasta que el pasillo quedó en un silencio total.
Por la rendija de la puerta, vi a Gideon abrazando a Bella, acariciándole el cabello con ternura.
Sonrió apenas y murmuró:
—No digas eso. Nunca te olvidé. Si no te hubieras ido, jamás me habría casado con ella. Todo lo que ella tiene es solo porque me recordaba un poco a ti.
Mis dedos se enterraron en la palma de mi mano.
Clavé las uñas en la palma de mi mano. Aunque en mi vida pasada ya sabía lo que sentía, escucharlo así de claro me soltó las lágrimas.
Gideon no siempre fue el temido "Don". Antes era un chico tímido que siempre andaba en mi casa, jugando con nosotras. Desde entonces se le notaba que estaba loco por mi hermana, pero ella ni lo pelaba. Siempre decía que él no tenía ni un peso, ni apellido, y que no podía darle los lujos que ella quería.
Por eso, en cuanto creció, se largó al extranjero a buscarse un mundo de gente rica.
Cuando ella se fue, Gideon pasó un tiempo destrozado, pero seguía cenando conmigo como siempre. Llegué a creer que ya la había olvidado... que por fin su corazón me pertenecía.
Así que, cuando mis padres me presionaron para que me casara con él ahora que ya era el Don más poderoso, acepté encantada.
Todo fue más fácil de lo que esperaba: él me buscó y nos casamos.
Pensé que nos esperaba un futuro feliz, pero lo único que recibí fueron cinco años de un matrimonio oculto y frío. El peso de tanta humillación me cayó encima de golpe. Me cubrí la cara y rompí a llorar.
Tal vez Gideon me escuchó. Estuvo a punto de soltar a Bella, pero ella le rodeó el cuello con los brazos y lo besó.
Gideon se quedó helado un segundo, pero enseguida la abrazó con fuerza.
El beso fue increíblemente tierno.
Después de un largo rato, la soltó poco a poco.
Ella se apoyó en él, y su tono tenía una especie de insinuación.
—Gideon, cuando despierte, ¿cómo le vas a contar lo de nosotros? Tal vez deberías... pedir el divorcio.
Gideon se quedó callado un momento, procesando la idea. Luego la apartó suavemente.
—No hay prisa. Evelyn me ama. Si le hablo del divorcio ahora, probablemente se volvería loca.
—¿Y si acepta? ¿A poco no eres tú el que ya no la soporta? —soltó Bella casi sin pensar.
Gideon la cortó en seco.
—Basta. Eso lo decido yo. Es tu hermana. No querrás que pierda la cabeza y empiece a dar problemas, ¿verdad?
Antes de que Bella pudiera responder, un subordinado llegó corriendo y le susurró algo al oído.
—Qué desastre... —murmuró Gideon, y salió a toda prisa.
Mientras Bella lo veía irse, la sonrisa desapareció de su rostro, reemplazada por un odio frío y profundo.
En cuanto Gideon se alejó, ella pateó mi puerta con fuerza.
—¡Deja de fingir! ¡Sé que estás despierta! —gritó Bella con furia—. ¡Maldita sea! Me pasé de la raya. ¡Ahora Gideon realmente piensa que me importa lo que te pase!
Entró a la celda y se topó con mi mirada vacía.
—¿Te sientes orgullosa ahora? Escucha bien, ya no eres su esposa. ¡Tengo mis maneras de hacer que te deje!
En ese momento, mis padres salieron de las sombras.
—No te preocupes, Bella —dijo mi padre—. Vamos a seguir con el juego. Tu hermana siempre ha querido hacerte daño. ¡Es normal que te favorezcamos!
Mi madre me miró con desprecio.
—Fue un error poner nuestras esperanzas en esta inútil. Solo nos ha dado vergüenzas.
Se aferró al brazo de Bella y le susurró con malicia:
—Hija, tienes que seguir así. En cuanto seas la esposa del Don, nadie va a tener el valor de meterse con nosotros.
Sus risas empezaron a retumbar mientras mis padres rodeaban a Bella, escoltándola por el pasillo hasta que sus sombras se perdieron a lo lejos.
Poco a poco, un silencio pesado y asfixiante se apoderó del pasillo.
Saqué mi celular del bolsillo con manos temblorosas, justo cuando apareció una solicitud de amistad de una cuenta desconocida.
"He investigado todo. Te ayudaré."
Era Zerrick.
Solté un suspiro largo, sintiendo cómo se me escapaba el aire. Nunca me gustaba darle problemas a nadie, pero sabía perfectamente que el único con el poder suficiente para plantarle cara a Gideon era él.
Acepté la solicitud y, con los dedos todavía vibrando por el miedo, escribí:
"Necesito un jet privado. Destino: Denomia."
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