
Rechazó el marcaje, yo subí de Alfa
Capítulo 4
En la chimenea de la casa segura, las llamas devoraban un montón de viejos recuerdos.
Ahí estaba el amuleto que tardé tres años en tallar usando el colmillo de un Lobo Gigante para proteger a Ethan.
Estaba la Flor de Luna seca que él arrancó para mí la primera vez que me llevó a cazar al bosque.
Y estaba el diario de batalla donde yo había anotado, con todo detalle, cada uno de sus gustos al comer y sus hábitos al pelear.
Vi cómo todo se hacía cenizas y mi corazón se mantuvo indiferente.
El celular sobre la mesa vibró. Era un correo electrónico encriptado.
Damon: “Bienvenida a la manada, Comandante Selena. El equipo de extracción llegará a la frontera a medianoche”.
Un nuevo hogar. Desde que volví a nacer, esto era lo único que esperaba con ansias. Me quedé mirando el fuego mientras revisaba mi equipo por última vez, lista para aceptar mi nueva vida.
Pero mi paz volvió a verse interrumpida. Recibí un mensaje de los padres de Ethan. Por lo visto, ya estaban de vuelta de su patrullaje diplomático y esa dichosa cena familiar requería mi presencia.
Está bien, que sea mi despedida de todos. Era de noche cuando llegué a la Manada.
Los padres de Ethan, unos sabios a los que crecí respetando, estaban sentados a la cabecera de la mesa larga. Ethan estaba a la izquierda. Pero a su lado, en una silla que no debería estar ahí, estaba sentada una temblorosa Ivy.
La cara de todos era de mucha seriedad. Solo podía imaginarme las cosas que Ivy les estuvo cuchicheando al oído mientras yo no estaba. Entré sin inmutarme.
La mirada de Ethan me recorrió. Parecía molesto por mi indiferencia. Lanzó el cuchillo de mesa y este cayó haciendo un ruido seco.
—Verte con esa cara de velorio me quitó el hambre.
Se levantó y se dirigió al estudio de la planta alta. Ivy, actuando como un conejito asustado, se levantó para ir tras él.
—Por favor, no te enojes...
Los ignoré y me senté. La pareja de sabios intentó disculpar a su hijo con torpeza, incluso me sirvieron comida en el plato.
Miré con atención a esos dos señores que alguna vez me trataron como a su propia hija. En mi vida pasada, intentaron detener la tiranía de Ethan. A cambio, él los encerró en las montañas alegando que ya estaban seniles, y terminaron muriendo de tristeza.
En esta vida no los culpaba a ellos. Solo me culpaba a mí por haber sido tan necia como para confundir una piedra con un diamante. Dejé la copa de vino en la mesa y hablé con suavidad, pero con una voz firme.
—He estado pensando mucho las cosas. Tal vez la Diosa de la Luna no nos bendijo a Ethan y a mí. Nuestro vínculo no sirve; nuestros lobos no conectan. Por el bien de la Manada Silver Moon, y para dejar de sufrir los dos... Yo, Selena, rechazo a Ethan como mi compañero. También renuncio a mi cargo como Comandante.
A la antigua Luna se le cayó el tenedor de la mano. Se puso pálida y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Mi niña... ¿en serio llegamos a esto? ¿Ese cachorro te está tratando mal?
Asentí con firmeza. Al decir lo que tanto me había pesado desde mi renacimiento, me sentí muy ligera, aun cuando el ambiente en la habitación se puso denso.
Antes de irme, no regresé a la habitación llena de recuerdos. En su lugar, fui al almacén del tercer piso. Necesitaba recuperar las reliquias de mis padres: dos cofres de esmeralda que contenían sus cenizas.
Mis padres murieron protegiendo a la Manada Silver Moon. Esos cofres eran la única conexión que me quedaba con ellos, lo único que no podía dejar atrás. Pero cuando abrí la puerta del almacén, me quedé helada.
Ivy estaba junto a la repisa, jugando distraída con los dos cofres en sus manos. Al verme entrar, sus labios formaron una sonrisa retorcida. Bajó la voz hasta convertirla en un susurro.
—¿Ya te vas? ¿Te quieres llevar a estos muertos contigo?
—Dime... si estos frascos se rompieran, ¿tú también te morirías de tristeza?
Se me dilataron las pupilas.
—¡Suéltalos!
La sonrisa de Ivy se hizo más grande. Una chispa de pura maldad cruzó sus ojos y abrió las manos.
—Ups. Se me resbalaron.
—¡CRASH!
Dos impactos de algo rompiéndose resonaron por el pasillo silencioso. Los cofres se hicieron añicos. Las cenizas de color gris explotaron y llenaron el aire con un polvo lúgubre antes de caer en un desorden sobre el piso.
En ese instante, se me heló la sangre. Mi visión se volvió roja. Una ola aterradora de energía de Rango S, alimentada por el dolor y la rabia, explotó de mi cuerpo.
—¡TE VAS A MORIR!
—¡BOOM!
La onda de choque golpeó a Ivy de lleno en el pecho. Gritó y su cuerpo frágil salió volando hacia atrás como si fuera una muñeca de trapo.
—¡Ahhh! ¡No! ¡No me pegues! Mi vientre... me duele...
Al escuchar el escándalo, Ethan entró corriendo. Lo primero que vio fue el piso cubierto de pedazos de esmeralda y polvo gris.
Supo de quién eran esas cenizas. Por un segundo, la rabia en sus ojos se detuvo, reemplazada por una mirada de asombro.
Me miró y le tembló un poco la voz.
—¿Esos son... tus padres...?
Sabía lo mucho que significaban para mí. Por instinto, intentó dar un paso hacia mí para consolarme.
—¡Ayúdame...!
El llanto de Ivy lo interrumpió. Estaba hecha bolita en el piso, protegiéndose el vientre con las manos.
—Selena se volvió loca... yo solo quería ayudar a limpiar los cofres y me atacó... me duele mucho la panza... Nuestro cachorro... es nuestro cachorro...
Ethan se quedó paralizado.
—¿Un cachorro?
Arrugó la frente, mostrando enfado y confusión.
—¿Cuál cachorro? Como Alfa, habría sentido los latidos de su corazón en cuanto existiera. No sentí nada de ti.
Ivy temblaba mientras se agarraba de su ropa, con las lágrimas rodando por su cara.
—Es porque soy muy débil, Ethan... El sanador dijo que mi cuerpo es tan frágil que oculta la presencia del cachorro... quería darte la sorpresa cuando estuviera estable... Pero ahora... ya no lo siento... el poder de Selena... ella lo mató...
La culpa de Ethan desapareció en un segundo. Fue reemplazada por furia y pánico diez veces más fuertes. Ni siquiera volvió a mirar las cenizas en el suelo. Corrió, me empujó con fuerza contra la pared y luego levantó a Ivy con mucho cuidado.
—¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás loca?!
Me gritó por encima del hombro, mirándome como si yo fuera un monstruo.
—¡Ya sé que te importan esas cenizas, pero solo son cosas muertas! ¡Ivy lleva una vida adentro! ¡Lleva a mi heredero!
—¿Cómo pudiste atacar a una hembra esperando cachorros? ¿Qué, no tienes conciencia? ¡No tenías por qué empujarla!
Me apoyé en la pared y me resbalé un poco hacia abajo. Miré las cenizas de mis padres, ahora pisoteadas y mezcladas con la mugre. Luego miré al Alfa que alguna vez dijo amarme, ahora pisoteando la dignidad de mis padres por una hembra que solo decía mentiras.
Mi corazón terminó de morir. Me limpié la sangre de la boca y caminé hacia él, paso a paso.
Ethan pensó que iba a pedirle perdón o a explicarle algo. Quiso regañarme otra vez.
—¡ZAS!
Usé hasta la última gota de mi fuerza de Rango S y le di una cachetada. La fuerza fue tanta que la cabeza se le fue de lado y la sangre le brotó del labio.
—¡¿Eso te despertó, Ethan?!
Escupí un poco de saliva con sangre al piso y lo miré a los ojos con indiferencia.
—No te preocupes. A partir de hoy, ya no soy tu futura Luna.
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