
Pues, Fuiste Mi Tío Para Siempre
Capítulo 2
Al regresar del hospital, Diana fue directamente a la residencia de la familia García.
Ya había enviado la solicitud de la beca.
En diez días, volaría a Fauna.
Nada más cruzar la puerta, don Sergio la llamó.
Solo entonces notó que varios de los mayores de la familia García también estaban presentes.
Al mirar alrededor, como era de esperar, no vio a Enzo por ningún lado.
Desde aquella vez que acostaron por accidente, él no había dejado de evitarla.
Aunque al final, presionado por la familia, accedió a casarse con ella, su actitud hacia Diana ya no era la de antes.
Al verla entrar, las miradas de los adultos se posaron en su vientre.
—Diana, ven, siéntate junto a mi lado. Cuéntame, ¿qué tipo de boda te gustaría? Le diré a tu tío Roberto y su esposa que se encarguen de los preparativos.
Don Sergio sacó una caja de madera antigua, que por su aspecto había visto mejores tiempos.
—Esta pulsera era de tu difunta abuela, me pidió que se la entregara personalmente a la esposa de Enzo. ¡Vamos, pruébatela, Diana!
Diana estaba a punto de rechazarla.
Iba a irse pronto, esa pulsera era para la esposa de Enzo, y ella no podía aceptarla.
Pero justo en ese momento, Enzo abrió la puerta y entró.
Sus miradas se encontraron, y solo entonces notó que detrás de él había una mujer de
piel blanca y rasgos delicados: Isabel Silva, su primer amor.
Don Sergio, que ya estaba molesto por su expresión sombría, frunció el ceño aún más
al ver a Isabel detrás de él.
—¡Te llamé para discutir tu boda con Diana! ¿Qué significa traer a una desconocida? El rostro pálido de Isabel se sonrojó al instante.
Tiró con timidez de la manga de Enzo.
Él le dirigió una mirada firme y entró, seguido por ella.
—Ustedes deciden lo de la boda, ¿para qué tenían que hacerme volver? Justo estaba
con Isabel tratando unos asuntos, pero insistieron tanto por celular que no tuve más
remedio que traerla.
Al notar las miradas desaprobatorias de los mayores, añadió una explicación vacía: —Isabel y yo solo somos amigos.
Don Sergio resopló y, deliberadamente delante de Isabel, comenzó a discutir los detalles de la boda entre Enzo y Diana.
Enzo fingía desinterés, pero Diana notó claramente los gestos ambiguos que él e Isabel se hacían bajo la mesa.
Ella enganchó su pie con el de él, rozándolo una y otra vez.
De pronto, a Diana le vinieron recuerdos de su vida pasada.
Después de la boda, Enzo solía aparecer con Isabel frente a ella, mostrando su amor como si quisiera frotárselo en la cara.
Justo como ahora, haciendo gestos asquerosos como si nadie más estuviera presente,
mientras Isabel dejaba ver a propósito marcas ambiguas para que ella las viera.
Si fuera la Diana de antes, le habría dado mucho asco.
Pero ahora, ya no sentía nada.
Don Sergio tuvo que llamar a Diana varias veces antes de que reaccionara.
—Diana, tranquila. Aunque sea con poco tiempo, ya lo hemos hablado, no faltará ninguno de los ritos tradicionales.
El tío Roberto le preguntó a quiénes de la familia Ximénez pensaba invitar, para
enviar las invitaciones al día siguiente.
La tía, sonriendo, tomó su mano y con cuidado le dio consejos para los primeros meses de embarazo.
Don Sergio tosió a propósito, y Enzo finalmente miró hacia ellos.
—¡Enzo! Tu boda con Diana será el día 10. ¡Estos días quédate en casa y ayuda a tu hermano y cuñada con los preparativos! ¿Me has oído?
El anciano golpeó el suelo con fuerza con su bastón, con gesto severo.
Solo entonces Enzo retiró su pierna y murmuró como aceptación.
Al oír que la boda sería el día 10, el rostro de Diana se crispó.
Ese mismo día era cuando ella partía a Fauna para su beca.
Pensó:
“Esta vez, nadie lo sabría, pero ella no se casaría con él. ”
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