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Portada de la novela Me Humilló por Pobre, y Ahora Me Suplica

Me Humilló por Pobre, y Ahora Me Suplica

En la novela romántica Me Humilló por Pobre, y Ahora Me Suplica, César vive una pesadilla. Su novia Isabel, heredera de una inmensa fortuna, lo sometió a una tacañería extrema por siete años bajo la excusa de ponerlo a prueba, negándole incluso dos mil dólares para la cirugía que habría salvado a su madre. Tras costear el funeral solo, César descubre que ella derrochaba lujos en su vecino Marco y se burlaba de su dolor. Con el corazón roto, decide desaparecer de su vida para siempre.
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Capítulo 4

—¿Renunciar? ¿Isabel ya te dio el visto bueno? Ah, cierto… si te vas ahora, el bono de este mes te va a tocar muy poco. Lo demás te lo depositan en una sola cuenta, ¿verdad?

Fruncí el ceño. Era demasiada información de golpe.

—¿Una sola cuenta? ¿Y desde cuándo tengo bono?

Al verme así de confundido, él también se desconcertó.

—¿Ustedes no son novios? Isabel le pidió al área de Finanzas que separara tu sueldo. El salario base te lo depositan a ti, pero el bono y los aumentos se van a otra cuenta. Dijo que era para que fueras ahorrando. La verdad, qué raro: teniendo una novia como ella, y aun así sigues siendo tan ahorrador… eso no se ve todos los días.

Entonces, todos estos años, yo solo había recibido el mismo sueldo que cuando entré.

Cada vez que pedía un aumento, no era que yo no trabajara lo suficiente: era que Isabel lo desviaba a otra cuenta.

Fui a Finanzas a pedir el historial de pagos. Y ahí, en la línea de "bono", aparecía, nítido y despiadado: dos mil dólares.

Días atrás, por esos mismos dos mil dólares, había pasado un día entero haciendo malabares para juntar el dinero del hospital.

Y por esa demora, mi madre no llegó a entrar al quirófano; se me fue.

Lo más absurdo era esto: la suma de todos los bonos retenidos en estos siete años ya alcanzaba de sobra para el tratamiento de mi madre.

Fui un idiota, tan idiota que solo sabía trabajar, con miedo de que me despidieran y de quedarme sin sustento. Tan idiota que me dejé engañar por Isabel, sin darme cuenta.

Para que ella no pensara que yo era un interesado, no solo nunca gasté su dinero: también dejé que me quitara lo que yo mismo ganaba.

Y en una relación llena de mentiras y humillaciones, yo aguanté siete años.

Con el historial de pagos en la mano, pensaba ir a buscarla y pedirle cuentas. Pero ella apareció primero. Con todo el descaro del mundo, entró como si nada.

—César, nada más discutimos por un par de cosas y ya sales corriendo de la casa y encima renuncias. Tu carácter empeora cada día.

Detrás de ella venía Marco, con una sonrisita, como si lo estuviera disfrutando. Se acercó, fingiendo preocupación, y soltó, con tono venenoso:

—César, qué frío eres. Vives del dinero de Isabel, en el departamento que ella paga. Sin ella, ¿de verdad podrías sobrevivir en esta ciudad?

Hay gente sin vergüenza capaz de mentir sin inmutarse.

Me dio tanta rabia que hasta me reí de puro coraje. Iba a responderle, pero Isabel me cortó:

—Marco tiene razón. En estos siete años, si no fuera por mí, ya te hubieras muerto de hambre. Hoy voy a hacer como que solo estás armando un drama. Te voy a dar el día libre: vámonos a casa. Y ni siquiera este día de ausencia te lo voy a descontar del sueldo.

***

Mientras más claro veía quién era Isabel, más me preguntaba cómo pude pasarme siete años así de ciego.

A mi alrededor empezaron los susurros. Señalaban, murmuraban. Y al ver que Isabel no hacía nada por detenerlos, las voces subieron de volumen.

—Isabel escondió quién era para que César no se sintiera menos; incluso nos pidió que guardáramos el secreto. Con eso se nota cuánto le importa César.

—Vive de lo que paga Isabel, vive gracias a Isabel y todavía se atreve a hacerle berrinches.

—Quiere codearse con los de arriba sin tener con qué. Sin Isabel, ¿qué es él?

Mientras más gente hablaba, más satisfecha se le veía a Isabel.

Y Marco no paraba de echarle más leña al fuego, cargándome culpas inventadas.

—César, ¿no fuiste tú el que fue a pedirle a Isabel dos mil dólares, diciendo que tu mamá se estaba muriendo?

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