
La Mujer Detrás Del Delantal
Capítulo 7
Cuando me dieron de alta en el hospital, faltaban solo tres días para nuestro vigésimo aniversario de bodas. Alexander parecía tener remordimientos por haberme dejado sola antes de la cirugía.
Después de muchísimo tiempo, reservó una mesa en el restaurante giratorio más exclusivo de la ciudad, situado en una terraza de gran altura. Con la mano en el corazón, me hizo una promesa:
—Me equivoqué aquel día. Quiero compensarte por este aniversario. Reservé la mejor mesa del lugar. Solo nosotros dos. Sin niños, sin trabajo y sin distracciones.
No puse ninguna objeción. Este sería nuestro último aniversario.
Llegó la noche de la celebración. El restaurante tenía una luz tenue y romántica, acompañada por un cuarteto de cuerdas que tocaba en vivo.
Cuando llegaron las entradas, el celular de Alexander empezó a vibrar sobre el mantel blanco. Era una solicitud de videollamada. Alexander me miró, dudó un segundo y luego presionó el botón verde.
En la pantalla se alcanzaba a ver el fondo de un club oscuro y caótico con luces de colores parpadeando. La cara de Chloe estaba encendida y tenía la mirada perdida. Sostenía una botella de vodka mientras lloraba y gritaba frente a la cámara:
—¿Dónde estás? Te extraño... —sollozó—. Unos tipos me están molestando. Me quiero ir a mi casa...
Alexander se puso pálido y se levantó de su silla.
—¡Está borracha en un club! Ese lugar es un basurero, es peligroso. Está ahí sola, ¡le va a pasar algo!
Me quedé sentada, todavía con los cubiertos en la mano, mirándolo con calma.
—Hoy es nuestro aniversario número veinte. Lo prometiste. Se suponía que esta noche sería solo para nosotros.
—¡Por Dios! ¿Cómo puedes estar reclamando eso ahora? —gritó Alexander mientras agarraba su gabardina—. ¡Esto es de vida o muerte! ¿Por qué eres tan egoísta? Hay un aniversario cada año, ¿qué no podemos celebrarlo el que viene?
Sin esperar a que yo dijera nada más, se dio la vuelta y salió disparado del lugar. Lo único que me dejó fue la imagen de su espalda alejándose. Otra vez.
Miré el exquisito tartar de atún que tenía enfrente. De pronto, perdí el apetito. Levanté la mano y le hice una seña al mesero.
—La cuenta, por favor.
***
Esa misma noche, ya tarde, estaba guardando las últimas prendas de ropa en mi maleta. Mi celular vibró. Era un mensaje de Chloe con una foto adjunta.
En la imagen se veía el asiento trasero del Maybach de Alexander. Él estaba recargado hacia atrás con los ojos cerrados, descansando. La cabeza de Chloe se apoyaba con cariño en su hombro y ambos estaban cubiertos con el saco del traje de él. El texto era corto y prepotente:
Chloe: “Solo tengo que decir una palabra y te deja para venir corriendo conmigo. Ya ríndete. Él siempre ha sido mío”.
Miré la foto y, con tranquilidad, presioné “Eliminar”. No respondí. Aventé el celular a la cama y me concentré de nuevo en meter mis cosas en la maleta.
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