
Fui Su Secreto Compartido
Capítulo 6
—¡Isabella!
Dante se arrodilló a su lado.
—Ayúdame...
Alcancé a estirar una mano temblorosa, intentando que Dante me diera la inyección. Pero él ni siquiera me miró. Me arrebató la epinefrina de la mano.
—¡Resiste!
Le clavó la aguja en el brazo.
—¡Rápido! ¡Lleva a Isabella al hospital! —Dante la cargó en brazos—. ¡Pidan una ambulancia!
—¿Y Rose qué?
Marco dudó un momento y me miró. Yo estaba hundida en mi silla, con los labios ya poniéndose morados. Dante ni siquiera le contestó; salió corriendo. Tras un breve instante de indecisión, Marco fue tras ellos.
Se habían ido.
Me quedé sola en el salón, sintiendo cómo perdía el sentido. Notaba que mi corazón iba más lento y que mi respiración era cada vez más débil.
—¿Señorita? ¡Señorita! —Era un mesero—. ¡Dios mío, llamen a una ambulancia!
Todo se volvió negro.
Cuando desperté, estaba en una cama de hospital con una cánula de oxígeno en la nariz.
—Ya despertaste —dijo el doctor mientras se acercaba—. Tuviste mucha suerte. Diez minutos más y esto habría sido fatal.
Sonreí, débil y triste. No había sido suerte. Dante me había robado mi medicina. Había sido un intento de asesinato. Además, Isabella no era alérgica; solo quería que me quedara claro que, entre las dos, Dante siempre la elegiría a ella.
La voz de Dante llegó desde la puerta.
—Ya despertaste.
Giré la cabeza. Él estaba ahí, impecable. Quizás el hecho de que estuve a punto de morir le despertó un poco de culpa, porque su cara mostraba un rastro de arrepentimiento. Se acercó a mi cama, pero evitó mirarme a los ojos.
—Me da gusto que estés bien... sobre lo de esta noche, tienes que entenderlo. Los Rossi, la familia de Isabella, son socios muy importantes. Por el bien de la familia, no podíamos ponerla en riesgo.
—¿Ah, sí? —Lo miré fijamente, buscando cualquier señal de que estuviera mintiendo—. ¿O es porque sientes algo especial por ella?
Su cara se puso rígida y luego pareció recordar su objetivo. Su tono se volvió despreciativo y burlón.
—Ya sabía que seguías de celosa. Isabella y yo crecimos juntos. Si la quisiera a ella, ¿por qué estaría contigo?
Sabía lo que estaba pensando. Se estaba recordando a sí mismo su misión: castigar a la mujer interesada que se había atrevido a molestar a su adorada Isabella.
Por un segundo quise decírselo todo; contarle sobre los abusos y las mentiras. Pero llevábamos tres años juntos. Si alguna vez me hubiera conocido, si le hubiera importado, no se habría puesto de acuerdo con su hermano para engañarme.
Así que cerré los ojos y no dije nada.
Dante se quedó callado un momento.
—Descansa. La boda es en dos días.
Él todavía no tenía idea de que la novia no pensaba presentarse.
Después de que se fue, mi celular vibró. Era un video de Isabella. Lo que vi hizo que mis manos temblaran y sentí dolor en el estómago.
El video mostraba a un hombre junto a la cama de mi abuela en el hospital. Sostenía unas fotos: imágenes mías sufriendo acoso, los momentos humillantes que tanto me había esforzado por enterrar. Una tras otra, se las ponía frente a la cara.
Reconocí el emblema de su chaqueta. Era uno de los hombres de Isabella.
A mi abuela, que siempre me había amado con tanta fuerza, le rodaban las lágrimas por la cara. Estaba temblando tanto por la pena que ni siquiera podía hablar. Al estar ya tan débil, perdió todo el color de la cara. El monitor cardíaco a su lado empezó a emitir un pitido largo y agudo. Y el hombre se dio la vuelta y se fue, como si nada.
Luego llegó un mensaje de Isabella.
“Qué lástima, Rose. Yo solo quería hacer una buena obra y contarle a tu abuelita por todo lo que pasaste. ¿Quién iba a saber que se pondría tan mal y que así, de la nada... se moriría?”
“Ah, por cierto, este era el anillo de tu abuela, ¿no? Se me ve maravilloso. La boda es en dos días y pienso ponérmelo. Como voy a ser tu dama de honor, no te va a molestar, ¿verdad?”
El mensaje venía con una foto: Isabella sonriendo a la cámara, luciendo el anillo de mi abuela en el dedo. Era de las pocas cosas que me quedaban de ella. Llevaba semanas buscándolo y resulta que esa ladrona lo tuvo todo el tiempo.
No, no era solo una ladrona. Era una asesina.
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