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Portada de la novela En la fiesta del hijo falso, apareció mi foto de niño

En la fiesta del hijo falso, apareció mi foto de niño

Agregado por error a un chat familiar, un joven descubre que sus padres organizan un cumpleaños espectacular para un desconocido apodado 'Tesoro', mientras olvidan el suyo por décimo año consecutivo. Decidido a romper lazos, guarda pruebas en silencio. La situación da un giro cuando su ejemplar hermana le revela que todo es parte de un engaño mayor que prometieron terminar. Esta novela moderna de misterio y drama juvenil expone los secretos de una familia rota.
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Capítulo 1

Mi mamá accidentalmente me metió a un chat de grupo llamado “Familia Feliz”. En el grupo solo hay tres personas, mi mamá, mi papá y un chico que no conozco que lleva el apodo de “Tesoro”.

Ellos están emocionadísimos organizando una fiesta de cumpleaños para él… y mañana es mi cumpleaños, ese que llevan diez años consecutivos olvidando.

En el chat mamá escribe: ‘El lugar debe ser de ensueño, que se sienta como el rey de la fiesta.’ Luego, mi papá le hizo una gran transferencia de dinero, y le dijo: ‘No te preocupes por el dinero, solo no dejes que tu hermano se entere, se molestaría’.

Mientras tanto yo, en silencio, tomo capturas de pantalla, esperando el momento perfecto para romper todos los lazos de una vez.

En ese momento, mi hermana, siempre tan aplicada y ejemplar, me envía un mensaje al privado con una captura de pantalla de su conversación con mamá:

“Mamá, ¿ya organizaste la fiesta sorpresa de cumpleaños para mi hermano? Me prometiste que esta sería la última vez que lo engañaremos”.

Miré la captura de pantalla que me había enviado mi hermana Lucía Suárez y, sentí un frío recorrer todo mi cuerpo.

¿Sorpresa? ¿La última vez que me engañan?

Sí… cada año, en mi cumpleaños, siempre encuentran alguna excusa para ignorarme.

“Adrián, a mamá le salió algo urgente en el trabajo.”

“Adrián, papá quedó con unos amigos por negocios, pide algo a domicilio para que comas.”

Y este año, para colmo, ni siquiera fingieron… prácticamente me reemplazaron por otro hijo.

Tiré el teléfono a un lado y sentí como si algo me apretara el pecho.

Lucía volvió a enviarme un mensaje:

“Adri, no le des tantas vueltas, papá y mamá ellos…”

No tenia muchas ganas de hablar, así que solo le dije:

“Lo sé.”

¿Que no le dé vueltas? Y entonces, ¿qué debería pensar? La verdad estaba justo frente a mis ojos, la supuesta “sorpresa” de la que hablaban no era para mí, sino que es la fiesta de cumpleaños de ese tal “tesoro”.

Soy su propio hijo, pero para ellos este otro chico es más importante.

Desde la sala, llegó la voz de mamá murmurando por teléfono:

—Sí, queremos los globos azules, los más grandes y brillantes. Gabriel ama el azul, tenemos que asegurarnos de que le guste y que esté feliz.

Gabriel… Así que es Gabriel, o mejor dicho, Gabriel Mendoza, según vi en sus redes sociales.

Tomé el teléfono y lo busqué, y enseguida apareció su perfil, un chico con un rostro impecable, y fotos de sus viajes por el mundo.

La más reciente mostraba a dos adultos junto a él… y el fondo era nuestra sala de estar.

Los adultos de la foto eran mis padres.

En la foto, sonreían con ternura; mamá apoyaba cariñosamente su mano en el hombro de Gabriel, y papá estaba a un lado, con la mirada llena de afecto. Una expresión que jamás había visto en sus rostros.

La descripción de la foto decía:

“Gracias, tío y tía, ¡estoy deseando que llegue la fiesta de mañana!”

Mamá comentó:

“No seas bobo, estamos en confianza.” — y papá dio “me gusta”.

Qué gran “familia feliz” somos.

Guardé la foto y la captura del chat, y las puse en un álbum secreto. Todo esto sería mi “sorpresa” para ellos mañana.

A la hora de cenar, mi mamá había cocinado una sopa y me sirvió con esmero:

—Adrián toma, pruébala, mamá la preparó especialmente para ti.

Miré la sopa de pollo que estaba grasosa y, sentí un nudo en la garganta y un asco que me subió hasta la boca.

—¿Todo esto es para el cumpleaños de Gabriel? —Pregunté con voz ligera.

La sonrisa de mamá se congeló y, miró a mi papá, y él enseguida frunció el ceño:

—¡Qué dices! ¿De qué Gabriel hablas?

—Ah… parece que papá olvida a sus amigos importantes con facilidad.

Saqué el teléfono y abrí la foto donde aparecían los tres.

—Este chico… ¿no es su ‘Tesoro’?

El rostro de papá se tensó de inmediato, pero mi mamá intervino rápidamente:

—Adrián , te estás equivocando… es el hijo de un cliente mío muy importante, y estamos ayudando a organizar su cumpleaños.

—¿Hijo de un cliente?

No pude evitar reírme sarcásticamente:

—¿Tan importante que necesitan un chat de grupo, ponerlo como ‘Tesoro’ y mandarle como regalo una gran transferencia de dinero? ¿Tan importante que pueden ignorar el cumpleaños de su propio hijo?

De repente, la sala quedó completamente en silencio, hasta el punto que solo se escuchaba la respiración de nosotros.

Mi hermana salió corriendo de su cuarto y me sujetó del brazo:

—Adri, ¡no digas nada más!

Pero la aparté:

¿Qué pasa? ¿También te pondrás de su lado?

Lucía se puso pálida, movió los labios, pero no pudo decir ni una palabra.

Al día siguiente, en mi cumpleaños, la casa estaba vacía.

En la mesa había cien pesos y una nota escrita por mamá:

“Adrián, toma el dinero que está en la mesa y, cómprate algo rico.”

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