
El Tesorito De La Juventud
Capítulo 3
No pude evitar pensar en el video que Mariana tenía en su celular.
El trasero de esa chiquilla no era tan lleno como el de Leticia, le faltaba un poco de volumen.
Pero era suave, elástico, muy blando.
—Tío, ¿cuánto más vas a tardar en abrirlo? Es que… ahorita me pica demasiado…
Mariana me soplaba el aliento cálido al oído, como si me llegara directo al pecho.
Mi cuerpo reaccionó sin permiso y se me puso duro al instante.
Tuve unas ganas enormes de tirarla al suelo y poseerla sin parar.
—Ya casi lo abro.
Con los nervios a flor de piel saqué un alambre delgado del mueble y lo metí en el candado. Le di un par de vueltas rápidas.
¡Clic!
El candado se abrió.
La chiquilla que tenía en brazos se volvió todavía más blanda, como si se derritiera, y su respiración se aceleró más.
Sentí que toda la fuerza que llevaba dentro estaba a punto de estallar; quería tomarla ahí mismo.
Justo en ese momento se escuchó ruido en la puerta.
Alguien llegaba.
La cargué rápido y me metí al armario grande que estaba al lado, cerrando la puerta lo más silencioso que pude.
Tac, tac, tac…
Con el sonido de tacones vi entrar a la otra inquilina: Leticia, con camisa blanca, pantalón negro de vestir y esos tacones negros.
Apenas cruzó la puerta, llamó varias veces a Mariana.
Se notaba que había tomado de más.
Como nadie contestó, gritó también mi nombre y el de mi hija.
Silencio otra vez. Leticia pareció tranquilizarse un poco y se dejó caer, medio borracha, en el banquito del zapatero.
Luego, para mi sorpresa, sacó de una bolsa un juguete que parecía… bueno, ya saben.
—Solo saben emborracharme porque todos quieren tenerme… ¡pero yo sola termino, a ustedes ni les voy a dar!
Me acordé de lo que Leticia me había contado alguna vez: antes del divorcio, su jefe gordo y baboso la tenía amenazada, queriendo obligarla a hacer cosas fuera de lugar.
Y ahora que estaba separada, el tipo se había puesto peor.
Mientras hablaba, se fue quitando la ropa hasta quedar completamente desnuda y empezó a usar el juguete…
Era casi igualito al video que Mariana había grabado antes.
Desde mi ángulo veía perfectamente su perfil. La camisa blanca tenía varios botones abiertos y dejaba ver un brasier morado pegado al cuerpo.
Bajo esa piel tan clara, sus curvas se marcaban muchísimo, y con cada movimiento parecía que iban a salirse.
Su trasero temblaba con cada empujón, y yo sentía que me hervía la sangre, la cabeza a punto de estallar.
Y lo que dijo después me puso todavía peor; hasta Mariana, que estaba toda floja encima de mí, empezó a ponerse celosa.
—Aunque se la diera a David, a ustedes no les doy nada… David es tan fuerte, tan macho… seguro me dejaría agotada si me tuviera…
Mientras decía eso, como si ya estuviera imaginando la escena, empezó a moverse más rápido, retorciéndose.
Entonces Leticia sí tenía esos pensamientos conmigo… si era en serio, tragué saliva solo de pensarlo. La veía ahí, tan sensual, y me imaginé que estar con ella de verdad debía sentirse increíble.
La chiquilla a mi lado notó que me había puesto más duro y soltó un suspiro molesto.
—Tío, te prohíbo que te guste Lety, te prohíbo que te diviertas con ella. ¡Tú te diviertes conmigo y punto!
Y sin darme tiempo de reaccionar, levantó una pierna, se quitó lo último que le quedaba y se me trepó encima como si fuera una liana, colgándose completamente de mí.
El armario entero se sacudió.
“Esto está mal”, pensé. Leticia estaba justo afuera, seguro había oído el ruido.
Y sí, dejó de moverse, giró la cabeza hacia el armario y abrió la puerta de golpe.
Cuando me vio, sus ojos se llenaron de un brillo extraño, casi hambriento.
Tiró el juguete a un lado, apartó con fuerza a Mariana que seguía pegada a mí y se colgó también, encajándose perfectamente contra mi cuerpo.
—Chiquilla, ¿de verdad aguantas algo tan grande? Hazte a un lado, niña, deja que los adultos… tengan una buena charla…
Mariana no se quedó atrás. Se acercó rápido, me agarró la mano y la llevó directo hacia su centro, que ya estaba completamente mojado…
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