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Portada de la novela El Semental De Los Tres Huevos

El Semental De Los Tres Huevos

9.7 / 10.0
Ante el fracaso de los métodos psicológicos tradicionales para sanar a su paciente, la despampanante doctora Paulina decide tomar una medida radical y sumamente personal. Convencida de que la mente ya no es el camino, opta por iniciar una terapia estrictamente física. Desnudándose de manera sugerente sobre la camilla de su consultorio, la especialista invita al protagonista a aproximarse para comenzar un tratamiento íntimo y directo que cambiará las reglas de su relación médica.

El Semental De Los Tres Huevos - Capítulo 1

—Como no logro curarte desde la mente, voy a tener que iniciar el tratamiento de manera física. Ven aquí.

La despampanante doctora Paulina se quitó la ropa interior y se recostó en la camilla. Abrió las piernas y, con un gesto coqueto, me hizo señas para que me acercara.

—¿Cuándo fue tu primera relación?

Mientras la doctora Paulina me interrogaba, yo no podía dejar de clavar la vista en su escote, tratando de averiguar qué tan profundo llegaba aquel valle entre sus pechos.

Sabía que era una falta de respeto, pero simplemente no podía controlarme.

—Damián, por favor pon atención a lo que digo y mírame aquí, que mis ojos están aquí arriba. Contesta la pregunta: ¿cuándo fue tu primera vez?

Aunque el tono de la doctora sonaba a regaño, se inclinó hacia delante para cooperar, regalándome una vista mucho más amplia de sus encantos.

—A los dieciocho.

—Una edad razonable. ¿Fue con tu novia?

Al escuchar mi respuesta, Paulina entrecerró sus hermosos ojos y estiró los labios en un gesto que parecía enviarme una señal ambigua, difícil de describir.

Eché un vistazo rápido al estrecho espacio entre sus muslos, justo debajo de la minifalda, y respondí con indiferencia:

—No. Fue con la vecina, doña Ceci.

—Ah... ¿y cómo fue que ustedes...?

Al saber que había sido con la vecina, la doctora puso cara de sorpresa y, como quien no quiere la cosa, separó un poco más las piernas.

—Ese día, doña Ceci me pidió que fuera a su casa a revisarle una tubería. Pero acabó jalándome a la cama y... bueno, luego me encargué de atenderla y de solucionar lo que necesitaba...

—Jiji, qué goloso y simpático me saliste.

La doctora se rio con tantas ganas que todo le rebotó; sin darse cuenta, abrió más las piernas. No pude evitar mirar y sentí que la sangre me hervía en la cabeza.

Ella traía lencería casi transparente; al separar las piernas, lo dejaba todo a la vista.

“¿Se supone que esto me cura la adicción o me están incitando a cometer un crimen?”, pensé.

“¿De verdad será de fiar mi tía Marcela? Me juró que su amiga era una eminencia tratando adicciones, pero con esa ropa y esas posturas parece una cualquiera”.

Quizá porque notó la lujuria y la duda en mi mirada, ella cerró las piernas de pronto y su cara recuperó la seriedad.

—Ejem. Y esa tal doña Ceci... ¿cuántos años me dijiste que te lleva? ¿Siguen teniendo... contacto físico?

—Tiene su edad, treinta y seis. Me lleva dieciséis años. Ya no se me acerca; dice que no me aguanta el ritmo.

—Vaya, así que tu vecina tiene mi edad... Te gustan las mujeres maduras, ¿cierto?

Al enterarse de que mi primera pareja tenía su misma edad, Paulina me clavó una mirada ardiente. Pude ver en sus ojos el mismo fuego que veía en los de doña Ceci.

—Entonces, ¿cómo resuelves tus necesidades ahora? ¿Cuántas veces a la semana?

Probablemente se dio cuenta de que su pregunta anterior no tenía nada que ver con la terapia, así que corrigió el rumbo.

—Intenté tener novias, pero ninguna me aguantaba. Después empecé a pagar, pero ya ni así resuelvo el problema, porque tampoco ellas quieren atenderme. Necesito mínimo cuatro veces al día, y cada una dura como una hora...

Al escuchar mi respuesta, se le pusieron los ojos como platos y se humedeció los labios.

Viendo el agitado vaivén de su pecho, me empezaron a temblar las manos; tenía miedo de perder el control y lanzarme sobre ella.

Paulina se ajustó los lentes de armazón dorado, respiró hondo y trató de fingir calma.

—Tu situación sí es algo grave. Acompáñame al consultorio privado; necesito examinarte físicamente para ver si hay algún problema con tu... anatomía.

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Tabla de contenidos de El Semental De Los Tres Huevos

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