
El Elixir que Robó Mi Amor
Capítulo 4
Cuando Valeria volvió, yo ya me había comprado una bolsa enorme de snacks y estaba tirada en el sofá viendo una serie, feliz de la vida.
—¿Quieres unas papitas sabor limón con chile? —le ofrecí sin despegar los ojos de la pantalla.
Valeria me empujó la mano y me gritó como si se le fuera la vida:
—¡¿Eres una cerda o qué?! ¡¿Cómo puedes seguir comiendo?! ¡¡Santiago es un maldito infiel!!
«¡Crunch, crunch!»
—¡La que estaba tosiendo en la llamada es su ex! ¡Su primer amor! ¡Y resulta que ella fue la novia de la boda de hoy! ¡Dicen que tiene cáncer!
«¡Crunch, crunch!»
—¿Y entonces? —pregunté, pasándole una papita bien crocante—. Suena de novela. ¿Qué pasó después?
—¡Dame eso! —exclamó, abrió la boca y mordió la papa. Masticó un rato y de pronto se detuvo—. ¡No! ¡En serio! ¡Tu prometido se casó con otra y tú acá tragando como si nada!
«Crunch, crunch.»
—Uff, qué fuerte. Cáncer, exnovia, boda cancelada... Tiene todos los ingredientes de un drama. Pero yo no lo conozco, que se case con quien quiera.
Valeria bufó, derrotada por mi pasividad, pero igual se lanzó de lleno al modo detective y consiguió todo el chisme.
Santiago se había ido de luna de miel por Europa con su ex enferma. En las redes lo estaban pintando como un mártir del amor. Un hombre de verdad. Un héroe romántico.
—¿Y tú lo vas a dejar así nomás? —me lanzó Valeria con indignación.
—¿Por qué no? Yo ni lo recuerdo. Mi corazón ni se inmuta con su nombre. ¿Qué sentido tiene pelear por un desconocido?
Valeria se quedó sin palabras.
Pero, pese a todo, no se detuvo.
Logró comprarle al gerente del hotel las grabaciones del día de la boda. Y ahí estaban. Santiago y Jimena caminando entre un mar de flores, jurándose amor eterno, besándose frente a todos.
Y el jardín… ¡Dios, qué jardín!
—¡Hija de su madre! —gritó Valeria, furiosa—. ¡¡¡Esa es la flor que ELEGIMOS NOSOTRAS!!! ¡Calas! ¡Simbolizan amor puro y eterno! ¡Nos tomó medio mes decidirla! ¡Vos diseñaste cada rincón!
Yo simplemente la miré y me encogí de hombros.
—Romántico, ¿no? Amor de infancia, enfermedad terminal, viaje por Europa. Santiago no dejó nada fuera del guion.
Valeria estaba a punto de explotar.
Me contó que los últimos reportes decían que la parejita dorada había viajado a Inglaterra. Cornualles, específicamente; a un lugar llamado «el fin del mundo».
—¡Ohhh, Cornualles! —dije yo, aplaudiendo como foca—. Dicen que ahí está el Edén. Qué poético. Adán y Eva, versión siglo XXI.
Valeria casi revienta del coraje. Pero, al final, se resignó y no volvió a mencionarlos.
Después de eso, no supe más de ellos. Fue como si se hubieran borrado de la vida.
Yo seguí con mi vida. Series, oficina, papitas, memes.
Pero a veces… en medio del trabajo, recordaba algo que Valeria me había dicho. Algo sobre Santiago. Y entonces me quedaba en blanco, mientras sentía un pinchazo en el pecho.
Mi cabeza no pensaba en nada, pero… las lágrimas caían igual. Como si algo podrido hubiera sido arrancado en mi interior.
Raro.
Pero, pese a ello, sacudía la cabeza y volvía a enfocarme.
Ya no importaba. No recordaba. No valía la pena.
«¡Tiiin, tiiin, tiiiin…!»
Un mes después, estaba archivando datos cuando mi celular empezó a vibrar como loco. Se llenó de mensajes hasta casi colapsar.
Al abrirlos, me encontré con decenas de fotos. Boda, paisajes, selfies de pareja. Santiago y Jimena, abrazados. Sonriendo. Como cualquier matrimonio feliz.
Y al final… un mensaje:
«Gracias por dejarnos vivir esto. Santiago fue directo a tu casa apenas aterrizamos. No me dio tiempo de imprimir las fotos, ¿puedes hacerlo por él, por favor?»
¿¡Perdón!?
¿¡Qué clase de performance era esa!?
No me aguanté y le escribí:
«¿Estás segura de que tus chequeos médicos están completos? Capaz te falta una consulta con psiquiatría.»
Bloqueé, borré, eliminé tantas fotos que me dolían los dedos.
Hospital General Psiquiátrico, Avenida Santa Elvira 600, Ciudad Nueva. Que fueran los dos. En combo. Terapia de pareja, si quieren.
Estaba tan indignada que le mandé captura a Valeria y la invoqué para que viniera a insultar conmigo a esa pareja demente.
Estábamos en pleno festival de memes y ofensas cuando…
«¡Pum!»
La puerta se abrió de golpe.
Y el protagonista de mis maldiciones apareció ante mí.
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