
El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma
Capítulo 2
—¿Veneno de lobo? ¿Quién se atrevió a usar eso con mi hija? —La voz de mi padre retumbó con una furia incontenible.
—Yo misma me encargaré de ellos, papá —respondí con firmeza.
—Está bien. El antídoto estará listo en tres días. Enviaré a los guardias para traerte a casa en cuanto pase ese tiempo.
Colgué con una mueca amarga. Tres días.
La luna llena sería en tres días. En cuanto mi loba despertara, le quitaría a Alexander cada bendición que alguna vez le otorgué.
A la mañana siguiente, se escuchó un alboroto afuera.
El auto de Alexander se detuvo frente a la entrada. Él bajó y después lo hizo la rubia de las fotos, quien llevaba de la mano a un niño de unos cinco o seis años.
Eran Sophia y Lucas.
Alexander me dedicó una sonrisa amable, actuando como si lo de ayer no hubiera pasado.
—Hay alguien que quiero que conozcas —dijo mientras acercaba al niño hacia mí—. Él es Lucas. Lo adopté de un orfanato. Pensé que... tal vez podría ser nuestro cachorro.
Observé al pequeño. Tenía los ojos verdes y el cabello castaño de Alexander. Si no supiera la verdad, hasta le habría creído el cuento de la adopción.
—Y ella es Sophia —añadió Alexander señalando a la hembra—. Cuidaba a Lucas en el orfanato. Me preocupaba que no se adaptara bien, así que la contraté para que nos ayude con el proceso.
Sophia me saludó con la cabeza, manteniendo una sonrisa educada y ensayada.
—Es un honor conocerla, Luna. Me enteré de su pérdida y lo siento mucho. Haré todo lo posible para ayudar a Lucas a instalarse sin molestarla.
Hablaba a la perfección. Cualquiera que no la conociera pensaría que es una santa.
Lucas miró a Alexander con los ojos brillantes.
—¡Papá! ¿Voy a vivir aquí? ¡Está mucho más grande que el orfanato!
“Papá”.
Esa palabra hizo que Alexander se quedara paralizado.
Lucas se dio cuenta de su error y se corrigió.
—Digo... Alfa Alexander.
Era demasiado tarde.
Alexander se puso a su altura y forzó un tono cariñoso.
—Claro que vas a vivir aquí. Y no hace falta que me digas Alfa. Solo dime papá.
Luego me miró con nerviosismo.
—Sé que esto es repentino. Pero al verte sufrir tanto por Ethan... pensé que Lucas podría llenar ese vacío. Podemos amarlo como si fuera nuestro.
Me quedé mirando su patética actuación.
—¿Crees que el cachorro de un extraño puede reemplazar a mi hijo muerto? —pregunté sin ninguna emoción.
El pánico se asomó en los ojos de Alexander.
—No, no quise decir eso. Nadie puede reemplazar a Ethan. Es solo que... de hecho, no quería que estuvieras sola.
—Qué detallista —dije con sarcasmo—. Y hasta trajiste a una niñera. En serio pensaste en todo.
La sonrisa de Sophia se volvió rígida.
—Entiendo su dolor. Si mi presencia le molesta, puedo quedarme en el área de servicio.
—No es necesario —dije mirando su cara de hipócrita—. Ya que Alexander lo organizó así, quédate aquí.
De todos modos, la manada dejaría de existir en dos días. No importaba dónde durmiera ella.
Lucas aplaudió emocionado.
—¡Sí! ¿Puedo ver mi cuarto?
Alexander asintió.
—Explora toda la casa.
Observé a Lucas subir las escaleras saltando, mientras el odio crecía en mi pecho.
Poco después, una voz chillona resonó desde el piso de arriba.
—¡Qué cosa tan fea! ¡Es de mala suerte!
Se me detuvo el corazón. El grito venía del cuarto de Ethan.
Corrí escaleras arriba y empujé la puerta.
Lucas estaba junto a la cama de Ethan con un collar de colmillo de lobo en la mano. Era la posesión más valiosa de mi cachorro; él creía que ese collar le daba valor.
—¡Suelta eso! —Me abalancé hacia el niño.
Lucas me lanzó una sonrisa maliciosa, dejó caer el collar a propósito y lo pisoteó.
CRAC.
El colmillo se hizo pedazos.
—¡Las cosas de los muertos traen mala suerte! —presumió Lucas—. ¡Ahora este es mi cuarto!
Una furia ciega se apoderó de mí. Empujé a Lucas a un lado y me caí de rodillas, tratando de juntar los fragmentos.
—Ethan... Lo siento... Mamá no pudo proteger tu tesoro... —Las lágrimas rodaron por mi cara.
Sophia entró corriendo, cargó a Lucas y gritó.
—¡Auxilio! ¡Quiere matar a Lucas!
Alexander entró furioso. Vio a Lucas en el suelo, a Sophia llorando y a mí apretando el collar roto. Su cara se transformó por el enojo.
—¡¿Qué estás haciendo?!
Levanté la mirada con odio.
—¡Rompió el collar de Ethan a propósito!
—¡No es cierto! —chilló Lucas, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas falsas—. ¡Solo quería ver el collar bonito, pero la Luna me empujó! ¡Me caí y se me soltó!
La mirada de Alexander se llenó de decepción y coraje.
—¡Basta! —rugió—. ¡Llegaste demasiado lejos! Lucas es solo un niño. Acaba de perder a sus amigos del orfanato y llegó a un lugar extraño. ¿Cómo puedes tratarlo así?
—Yo no...
¡ZAS!
El sonido del golpe retumbó en la habitación.
La fuerza de la mano de Alexander me tiró al suelo. Sentí que la mejilla me ardía.
—Me decepcionas. —Alexander me miró con desprecio—. ¿Cuándo te volviste tan cruel? ¿Tantos celos tienes como para lastimar a un niño inocente?
Me llevé la mano a la mejilla y lo miré con indiferencia.
Sophia abrazaba a Lucas con fuerza, fingiendo preocupación, pero alcancé a ver la sonrisita de satisfacción que no pudo ocultar del todo.
—Olvídalo, Alexander —susurró ella—. Tal vez no debamos quedarnos. Puedo llevarme a Lucas antes de que...
—¡No! —Alexander se volteó hacia ella—. No tienen que irse. Ustedes no hicieron nada malo.
Él intentó darme la mano para ayudarme a levantar, pero me aparté.
Mientras salían, escuché la voz sollozante de Sophia desde el pasillo.
—En serio estoy preocupada. Si Ivy odia tanto a Lucas... me da miedo que en serio le haga algo. Después de todo... —hizo una pausa dramática—, Lucas es el heredero ahora. Si algo le pasa...
—No pasará nada —prometió Alexander—. No dejaré que nadie le haga daño a Lucas.
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