
De Novia a Extraña, La Suerte que Gana
Capítulo 6
Temprano a la mañana siguiente, Liliana fue arrancada de la cama y arrastrada por los hombres de Pedro. Aunque luchó con todas sus fuerzas, recibió como respuesta solo un apretón más brutal, una inmovilización de acero que le impedía reaccionar. Antes incluso de que pudiera gritar por segunda vez, sintió un dolor agudo en la nuca y la conciencia le escapó.
Al recobrar los sentidos, se encontró sumergida en una oscuridad total. Puños caían sobre su cuerpo sin piedad, el sonido amortiguado de los golpes mezclándose con sus gemidos de dolor contenidos, haciéndola sentir como si sus órganos internos hubieran sido desplazados violentamente. El pánico se apoderó de Liliana, que no pudo contener el grito:
—¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué me están haciendo esto?
La única respuesta que obtuvo fue una secuencia de golpes aún más crueles.
Cuando el chasquido seco de un hueso dislocado explotó en sus oídos, la visión de Liliana se volvió blanca y un sudor frío empapó su ropa en un instante. Después de dos horas de aquella tortura interminable, estaba tendida en el suelo, sin fuerzas siquiera para mover un dedo. Alguien pateó su cintura, arrancándole un espasmo involuntario de dolor, e inmediatamente después se escuchó el sonido de una llamada siendo completada en el celular.
—Señor Pedro, todo resuelto conforme a sus órdenes —informó uno de los agresores, con naturalidad.
La sangre de Liliana pareció congelarse en las venas. El dolor físico que pulsaba en sus huesos y la punzada latiendo en las sienes no eran nada comparado con el frío agudo que perforó su corazón en aquel instante. La historia de contratarla como "niñera" no era más que una farsa cruel. La venganza por Renata era la única y terrible realidad.
¿Cómo alguien que un día amó podía tener el corazón tan endurecido?
—Pedro, eres despiadado —murmuró Liliana, con frialdad.
Incapaz de soportar más, sucumbió y se sumergió nuevamente en la oscuridad absoluta.
Cuando abrió los ojos otra vez, el olor fuerte y característico de desinfectante invadió sus fosas nasales.
—¿Y entonces, Liliana, ya aprendiste la lección esta vez? —La voz indiferente de Pedro sonó a su lado, cortando el silencio del cuarto de hospital.
Liliana giró la cabeza mecánicamente, forzando las comisuras de la boca en una sonrisa dolorosa, y respondió con la voz ronca, cargada de un sarcasmo amargo:
—Pedro, ¿crees que ya me enseñaste suficiente o quieres continuar?
Él frunció el ceño, sintiendo una rabia inexplicable crecer en el pecho ante aquella provocación.
—Solo quería domar ese temperamento tuyo, ¿y ya te estás quejando? Cuando atacaste a Renata con aquella botella, ¿te detuviste a pensar si ella lo soportaría? —replicó él, irritado.
Liliana lo encaró, encontrando la situación patética. Lo que él mandó hacerle superaba, y mucho, la herida causada por una botella, pero, según la lógica distorsionada de él, el castigo todavía parecía demasiado leve.
Bajo las sábanas, sus manos se cerraron con tanta fuerza que las uñas perforaron la piel, pero el dolor sirvió solo para aclarar su mente aturdida. Con los labios mordidos hasta quedar blancos, perdió súbitamente las ganas de discutir.
—Gracias por la lección, entendí —susurró ella, desviando la mirada hacia el techo, en un tono monocorde—. Ahora, por favor, vete. Quiero descansar.
Ante aquella sumisión repentina de la mujer que siempre era orgullosa, Pedro dejó traslucir una leve sorpresa en la mirada. Apretó los labios y suavizó el tono de voz, intentando demostrar algo de compasión.
—Liliana, pórtate bien. Deja de crear problemas —dijo él, más calmado—. El aniversario de muerte de tu madre es en algunos días. Recupérate pronto y, cuando te den de alta, te llevo.
Mientras hablaba, se levantó e hizo ademán de acomodar las cobijas, pero Liliana jaló el edredón bruscamente y se volteó hacia la pared, en un rechazo claro y silencioso. La mano de Pedro se detuvo en el aire, vacilando por un momento. Sin decir nada más, suspiró y salió del cuarto.
Liliana permaneció en el hospital por tres días. Durante ese tiempo, el perfil de Renata en las redes sociales fue actualizado con una frecuencia cruel, como si fuera una exhibición deliberada para atacarla. Un día, Pedro recorría la ciudad entera para encontrar una paleta que ya había salido de línea. Al otro, reservaba un collar de lujo de edición limitada para regalárselo, y, en la secuencia, ahí estaba Pedro, con la cabeza baja, cuidando con todo esmero las heridas de ella.
Liliana deslizaba el dedo por la pantalla, pasando foto por foto, torturándose a sí misma. Ver la gentileza que un día fue exclusiva de ella ser ahora dedicada a otra hacía doler su corazón, pero la punzada inicial poco a poco daba lugar a un entumecimiento anestesiante. Se forzaba a arrancar a Pedro de su corazón, pedazo por pedazo, hasta que aquel espacio quedara lo suficientemente vacío para que no cupiera nada más de él.
El día de su alta, coincidía con ser el aniversario de muerte de su madre.
Pedro, que había prometido acompañarla, no apareció. Liliana soltó una risa breve de sarcasmo, riéndose de su propia ingenuidad por todavía nutrir alguna expectativa. Tomó un taxi a la orilla de la carretera y, en aquel momento, la pantalla del celular se iluminó con un mensaje de él.
[Liliana, surgió una emergencia en la empresa. Ve al cementerio y espérame, llego pronto.]
El dedo de Liliana se quedó suspendido sobre el teclado por largo tiempo, vacilante, pero terminó escribiendo un simple "Ok". Estaba a punto de partir, de dejar todo atrás, y, al menos antes de irse, no quería que su madre la viera infeliz o peleada.
Al llegar a la entrada del cementerio, Liliana bajó del auto y esperó. Aguardó desde el momento en que el sol estaba alto hasta que el crepúsculo tiñó el cielo, pero ni señales de Pedro. El viento nocturno traía un frescor gélido que penetraba en sus huesos, enfriando su cuerpo y también el resto de paciencia que le quedaba.
Cuando el último rayo de luz desapareció en el horizonte, apretó los dientes y decidió subir la colina sola. A mitad del camino, el celular vibró con un sonido agudo, indicando un nuevo mensaje.
Era un video.
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