
Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad
Capítulo 3
No pude aguantarme más y le puse las manos encima. Empecé a acariciar esos botones rosados; se sentía increíble. No solo era la suavidad, sino esa textura tan delicada que parecía cobrar vida bajo mis palmas. Pasé saliva, perdido en el cuerpo de Lucy.
Parecía estar disfrutando, cerró los ojos y empezó a respirar con dificultad. Me incliné para besarla y succionarla. Sintió un pequeño temblor y empezó a gemir.
—¿Por qué se siente tan rico?
Su aroma era adictivo. Jugueteé con mis dientes y ella reaccionó con más fuerza, abrazándome y hundiendo mi cara contra su pecho.
Después de disfrutar de aquel banquete, le pedí que se acomodara y la puse debajo de mí. Saqué mi bulto y lo puse justo frente a su boca.
Ella me miró con los ojos perdidos, como si no estuviera muy segura de qué hacer, y se resistía a abrir la boca. Con un poco de brusquedad, la obligué a abrirla para que me recibiera.
—Mmm... mmm....
Ella empezó a quejarse, tratando de hacerse a un lado, pero le sostuve la cabeza con firmeza. Comencé a moverme despacio.
Su boca se sentía tan suave, y ese calor que me envolvía era tan intenso que sentía que iba a perder el control en cualquier momento.
Lucy forcejeó hasta que logró soltarse; se cubrió la boca y, con la voz entrecortada por el llanto, me dijo:
—Ese tumor huele muy feo, no quiero chuparlo.
En cuanto terminó de hablar, salió corriendo hacia el baño tapándose la cara. Ni siquiera cerró la puerta; se quitó la ropa frente a mí y se metió a bañar. Me quedé mirando su cuerpo desde afuera; era perfecta, blanca y delicada. Mientras el agua resbalaba por su piel, ella hizo algo que no esperaba: ¡se llevó la mano ahí abajo!
Empezó a acariciarse mientras respiraba con dificultad. Yo estaba hipnotizado viendo la escena. Lo que ella había tenido en su boca estaba más hinchado que nunca. Al poco tiempo, salió desnuda, con la cara toda roja y una mirada de desesperación.
—Siento como si tuviera hormiguitas allá abajo. Me siento mal, ¿será que a mí también me va a salir un bulto?
Al verla así, no pude aguantarme más. La cargué y la llevé de vuelta a la cama. Se acostó y todavía seguía tocándose con una mano.
—Hace rato que me tocaste se sintió muy rico. Hazlo otra vez, por favor.
Me puse entre sus piernas.
—Te voy a chupar ahí abajo para que se te quite el malestar.
Abrió las piernas. Estaba toda blanquita y lisita. Me acerqué y empecé a lamerla y a chuparla con ganas, usando todo lo que había visto en los videos. Su vientre subía y bajaba con rapidez y le temblaban las piernas.
—Ja... ¿por qué me da tanta picazón? Hazlo más fuerte.
Ya no pude más. Me quité la ropa en un segundo y me puse encima de ella. Se quedó viendo lo mío.
—Tu bulto es hacia afuera y el mío es hacia adentro. Intenta ver si cabe.
Sabía qué seguía, pero Erika me había pedido que cuidara a su hija, y miren cómo lo estaba haciendo. Lucy ya no soportaba más, sentía que iba a llorar de la desesperación.
—Por favor, ayúdame. Me siento muy mal.
Al ver sus labios tan rojos y provocativos, la besé con fuerza. En cuanto la toqué, sentí una ansiedad recorrer cada parte de mi cuerpo. Me dolía de lo hinchado que estaba. Ya no me importó nada; me acomodé y apunté a su flor...
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