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Portada de la novela Tuve cinco hijos con el papá de mi exesposo

Tuve cinco hijos con el papá de mi exesposo

En esta novela de romance multimillonario y fantasía, una médica revive el peor día de su vida. En su primer destino, salvó a Nelson de una sobredosis de afrodisíacos, lo que derivó en un matrimonio infeliz, dos hijos y un trágico final donde él los asesinó por rencor a su amor perdido. Ahora que ha retrocedido en el tiempo, ella decide no intervenir para que él busque a su alma gemela. Con una segunda oportunidad para evitar su trágico final, ella se dirige al estudio dispuesta a alterar su destino.
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Capítulo 4

Agarró los papeles de la mesa y me los tiró a la cara.

—¡Entonces lárgate! ¡Aquí no hay lugar para una doctora que se revuelca con cualquiera!

Ni siquiera lo miré; simplemente me di la vuelta y me fui.

Salir no me venía mal. Al menos, dejaba de verlos a él y a Clara derrochando cariño delante de mí.

Apenas crucé la puerta del despacho, me topé con Clara parada ahí, mirándome con esa expresión venenosa de siempre.

—Elsa, ¿por qué tienes que meterte en mi camino?

Solté una risa seca.

—Nelson solo te importa a ti. Yo no lo quiero ni regalado.

La ignoré y seguí mi camino.

—¡Doctora Lima, ¿qué hace?! ¡No, doctora Lima, no! —Clara soltó un grito desgarrador.

Volteé sin saber por qué... y la vi cayendo por las escaleras, sin poder frenarse.

Abrí los ojos, helada. No entendía qué acababa de pasar.

Los sirvientes bajaron corriendo. Nelson salió del despacho y fue directo hacia ella.

—¡Clara! —exclamó con la voz quebrada, levantándola en brazos, desesperado.

Clara, con lágrimas en los ojos, murmuró apenas:

—No fue culpa de Elsa... fue mi culpa. Yo te aparté de ella... entiendo que esté molesta. —Lo miró a los ojos, antes de sollozar—: Pero es que… no puedo renunciar a ti.

—¡Elsa! —rugió Nelson—. ¿Cómo te atreves a hacerle esto a Clara? ¡Alguien, deténganla!

Varios empleados se abalanzaron sobre mí y me obligaron a arrodillarme frente a ella.

Caí de rodillas tan fuerte que me dejó sin aliento.

—¿Con qué mano la empujaste? —me preguntó Nelson desde arriba.

—Yo no la empujé —dije entre dientes—. Puedes revisar las cámaras.

Clara sollozaba en sus brazos, tan frágil, tan buena actriz…

—No hace falta. Fue culpa mía... me caí sola. Ella no tuvo nada que ver...

—Clara, eres demasiado buena —dijo Nelson, acariciándole el cabello con ternura—. Ella no merece que la defiendas.

Solté una risa seca. No importaba el momento ni la forma, Nelson nunca iba a creer en mí.

—Si no sabes con qué mano fue... entonces rompámosle la derecha —dijo entonces, sin una pizca de emoción.

El pecho se me apretó de golpe.

Como estudiante de medicina clínica, si me rompían la mano... mi carrera se acababa ahí.

—¡No, no puedes! —negué con la cabeza, desesperada—. Llévame con la policía si quieres, pero no toques mi mano…

Nelson sonrió con crueldad.

—¿Tanto te importa? Entonces empecemos por los dedos. Tráiganme un martillo.

Clara, todavía en sus brazos, me miraba con satisfacción.

Sentí la rabia subiéndome por dentro, como fuego.

¿Por qué tenía que aguantar todo esto si yo no había hecho nada?

Nelson agarró el martillo con sus propias manos y me lo estrelló en el dedo meñique. El golpe fue tan brutal que se me nubló la vista y yo me vi obligada a apretar los dientes para no venirme abajo.

El dedo me quedó torcido en un ángulo antinatural.

—Esto es por no saber comportarte —me susurró Nelson al oído—. En tu vida pasada eras tan sumisa... en esta, ¿por qué...?

No alcancé a oír lo último, pero lo entendí.

Él también... había vuelto del pasado.

Una ola de rencor me cubrió entera.

Lo miré directo, con odio, y él levantó el martillo de nuevo.

—Pídemelo. Suplícame... y te dejo en paz, ¿sí?

—¡No! —le escupí con rabia—. Nelson, en esta vida... ¡tú y yo vamos a destruirnos!

Su cara se deformó de la furia y levantó el martillo otra vez, listo para golpearme.

Pero, justo en ese momento, una voz dura retumbó en la sala:

—¿¡Qué demonios está pasando aquí!?

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