APKDock Logo
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Solo El Plomo Florece

Solo El Plomo Florece

Tras tres años de matrimonio con Alexander, el temido Don de la mafia, la vida de su esposa se derrumba cuando él le entrega el broche de la Donna a su asistente Elena. Cansada de justificar los desplantes de su esposo bajo la excusa de la gratitud, ella decide firmar el divorcio y abandonar su vida en común. Alexander, confiado en que una huérfana desamparada no sobrevivirá sola en Sicilia, acepta sin dudarlo. Sin embargo, ignora que su ahora exesposa es en realidad la hija menor de la dinastía mafiosa más antigua de Europa y su peor enemiga, lista para regresar con su verdadera familia.
Capítulos
Compartir

Capítulo 5

Me desplomé en el suelo, me limpié la sangre de la comisura de los labios y me quedé mirando hacia la puerta vacía mientras me reía hasta que las lágrimas me rodaron por la cara.

No importaba. Solo quedaban tres días.

No supe por qué, pero un dolor punzante volvió a aparecer en mi bajo vientre y me desmayé en medio de la confusión.

A las tres de la mañana, la puerta principal de la villa se abrió de nuevo a patadas.

Alexander entró a toda prisa, cargando con él el aire indiferente de la noche y el olor a sangre; detrás venían dos médicos de la familia con batas blancas.

Tenía los ojos rojos, como un animal acorralado. Se acercó a paso firme y me sacó de la cama.

—Ven conmigo.

Me dolía todo el cuerpo y apenas podía entender qué estaba pasando.

—¿A dónde? ¡Suéltame!

—Elena perdió mucha sangre y entró en choque. No hay tipo Rh negativo en el banco de sangre. Tú tienes el mismo tipo. Eres la única que puede salvarla.

Su voz daba la orden como si tuviera todo el derecho del mundo.

Lo miré con incredulidad mientras forcejeaba desesperadamente, clavándole las uñas en el brazo.

—¡No voy a ir! ¿Por qué tendría que salvar a mi enemiga? Alexander, ¿eres un demonio? Aparte no me siento bien... me duele la panza, no puedo donar sangre...

Gritaba y lloraba, intentando despertar el último rastro de su humanidad. El vientre me había estado doliendo por días y mi instinto me decía que estaba mal con mi cuerpo. No podía soportar un daño más.

Alexander hizo oídos sordos a mis súplicas. Me agarró del mentón con fuerza.

—Elena nada más te dio unos golpes en la espalda; ¿cómo te va a doler la panza? Ivy, ¿en serio inventas una excusa así nada más para no salvar una vida?

—¡No te vas a morir porque te saquen un poco de sangre! Elena tiene heridas viejas por salvarme la vida. ¡Si se muere esta noche, la asesina vas a ser tú!

Me inmovilizó por la fuerza en el sillón individual de la recámara y les hizo una señal a los doctores.

—Háganlo. Saquen toda la que necesiten.

—¡No! ¡No lo hagas! Alexander, por favor... te vas a arrepentir de esto...

Grité desesperada al ver que el doctor se acercaba con una aguja gruesa.

Dos guardaespaldas me sujetaron de los hombros para que no pudiera moverme.

La punta helada de la aguja me atravesó la vena.

Alexander se quedó a un lado, prendió un cigarrillo y esperó impaciente mientras la bolsa de sangre se llenaba. Tenía la mirada pegada al monitor de signos vitales en su celular; ni siquiera me volteó a ver.

Me quedé mirando el líquido rojo que se iba por el tubo. El dolor pesado en mi vientre se volvió más intenso, convirtiéndose poco a poco en una agonía desgarradora.

Cuando volví a despertar, estaba acostada en una habitación VIP del hospital.

El olor penetrante a desinfectante me hizo sentir un poco aturdida.

Alexander estaba sentado junto a la cama. Al ver que abría los ojos, una mezcla de emociones cruzó por su cara; quizá era culpa, quizá alivio.

—¿Ya despertaste? La enfermera dijo que solo tienes un poco de anemia. En unos días vas a estar bien.

Estiró la mano para acomodarme la orilla de la sábana con movimientos torpes.

—Lo de anoche... fue una emergencia. No me porté bien. Te debo una. Te lo voy a compensar.

¿Compensarme?

Estaba a punto de burlarme cuando sonó su celular.

Era el tono especial de Elena.

Su expresión cambió. Contestó la llamada con un tono suave, como si fuera otra persona.

—No tengas miedo, estoy aquí al lado... Está bien, voy para allá.

Colgó y ni siquiera me miró; solo soltó un “tengo asuntos urgentes” antes de darse la vuelta para irse.

En cuanto se cerró la puerta, entró el médico que me estaba atendiendo.

Se quitó el cubrebocas y me miró con mucha seriedad.

—Lamento darle esta noticia. Estaba embarazada, de unas cinco semanas. Por la pérdida de sangre excesiva de anoche, sumada a los golpes previos y al fuerte estrés emocional... no pudimos salvar al bebé. Este es el formato de consentimiento para el procedimiento de legrado. Necesitamos la firma de un familiar.

Mi mente se quedó en blanco.

Aunque ya lo presentía, escuchar la noticia definitiva fue como si me hubieran arrancado un pedazo del corazón.

Inconscientemente me toqué el vientre liso.

Una pequeña vida había estado creciendo ahí. Era el hijo de Alexander.

Pero ese hombre lo había matado con sus propias manos.

Las lágrimas rodaron en silencio, pero me carcajeé de forma desesperada; fue un sonido agudo y lleno de dolor.

—Está bien, doctor —tomé el formato y firmé con la mano temblorosa; mi voz sonaba extrañamente tranquila—. No hace falta la firma de ningún familiar. Qué bueno que este niño no nació. No merecía tener un padre como él.

Saqué la tarjeta negra de mi bolso y se la deslicé al doctor.

—Hágame un favor. Mantenga esta información bajo llave. Dígales a todos que me internaron por una hemorragia gástrica debida al estrés. No quiero que nadie sepa que este bebé existió, y mucho menos ese hombre.

***

Estuve en el hospital tres días.

Durante ese tiempo, Alexander no me visitó ni una sola vez. Me enteré de que se la pasó con Elena todo el tiempo.

Se decía que, por esta “herida” y por su “servicio heroico” del pasado, Alexander hasta le prometió acciones del negocio familiar para que se sintiera mejor.

Qué ironía.

Mi celular vibró. Era un mensaje encriptado:

Familia Rainier: “Princesa, ya tengo todo lo que me pidió. La ruta del vuelo privado ya se autorizó. El jet de la familia la espera en la pista”.

Después, me llegó un archivo protegido.

Eran las pruebas irrefutables que encontró la red de inteligencia de la familia Rainier: los detalles de cómo Elena se puso de acuerdo con familias enemigas, además de todas las grabaciones de la planificación y los registros de las transferencias de dinero del tiroteo de hace seis meses que la convirtió en una “salvadora”.

Sin ninguna expresión, reenvié el archivo. El destinatario era la madre de Alexander, la verdadera Donna, que no toleraba ni una sola traición.

Elena quería ser la esposa del Don, ¿no? Pues quería ver si podía sobrevivir a lo que pasaría mañana cuando la enfrentaran con las pruebas de su traición.

Después de hacer todo esto, no dudé en arrancarme la aguja del suero del dorso de la mano. La sangre brotó a chorros, pero no sentí ningún dolor.

Me puse una gabardina negra y regresé por última vez al despacho de ese lugar que alguna vez llamé hogar.

Puse la “Declaración de Secesión de la Familia” ya firmada y los papeles de divorcio en el centro del escritorio de Alexander.

Luego, con las manos temblorosas, saqué de mi bolsillo el comprobante del ultrasonido que estaba todo arrugado.

El doctor me lo había dado antes de la operación; solo mostraba un pequeño punto negro borroso.

Lo rompí a la mitad y puse los pedazos debajo de los papeles de divorcio.

Alexander, se acabó el juego.

Me puse la capucha para tapar mi cara pálida, me di la vuelta y subí al jet privado.

¡Sigue leyendo!
¡La historia se pone cada vez mejor! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los capítulos
Busca “B23206” en goodnovel para leer el libro completo.
Copia el código y busca en la app Goodnovel para continuar leyendo.
B23206
Copiar

También te podría gustar

Portada de la novela El Amante Oculto en el Sofá
9.7
Tras mandar a fabricar un sofá de dimensiones inusuales, Margarita López abandona el dormitorio conyugal para instalarse cada noche en la sala de estar. Pese a las insistencias de su esposo por recuperar la intimidad, ella siempre se rehúsa alegando cansancio, mientras extraños ruidos ahogados resuenan en la oscuridad. Incapaz de tolerar el secreto, el día en que su esposa da a luz, el hombre toma una decisión drástica: se niega a sostener al recién nacido y le exige el divorcio inmediato, confirmando sin dudar que el misterioso mueble es el motivo de su separación.
Portada de la novela El mismo día, diferente altar
9.4
Tras un noviazgo de cinco años, Sheila Duarte descubre la peor traición: Fernando Ochoa, el hombre por el que tanto esperó, planea casarse en secreto con otra mujer bajo la excusa de cumplir un último deseo. Seguro del amor incondicional de Sheila, Fernando cree que ella jamás lo abandonará y exige ocultarle su boda. Sin embargo, su arrogancia se desmorona por completo el mismo día del enlace, al enterarse de que Sheila también ha decidido seguir adelante y contraer matrimonio con alguien más.
Portada de la novela Infiel con mi mejor amiga, pero me quiere a mí
9.1
Durante el festival de la manada, una misteriosa bruja entrega un orbe de cristal con la instrucción de usarlo en soledad. Al activarlo, la protagonista contempla una devastadora revelación: su compañero, Jared Hamilton, le jura amor eterno ante la Diosa de la Luna a Luciana Rose, quien resulta ser su propia mejor amiga. El dolor de la traición y el peso de un juramento sagrado roto dejan a la protagonista sofocada y sumida en la incredulidad ante el engaño de las dos personas en quienes más confiaba.
Portada de la novela La mascota rebelde del Don
9.2
Nora entregó cinco años de su vida y recibió disparos por proteger a Damon Vitale, el temido líder mafioso de Nueva York. Ella creía en un futuro juntos, pero en su noche número 999, Damon le revela su compromiso con una princesa de la mafia rival. Al humillarla y calificarla como una simple mascota de su propiedad en lugar de una compañera, Nora decide romper su sumisión. En secreto, contacta a aliados externos para planear su huida definitiva de la ciudad y de su jaula de oro.
Portada de la novela Me convertí en la novia del archienemigo de mi ex
8.6
Después de que su novio Jasper la empujara al mar para impresionar a otra mujer, dejándola en cuidados intensivos, una joven despierta con amnesia selectiva. Aunque el culpable intenta disculparse y recuperar su lugar, ella ha olvidado por completo su existencia. Para desesperación de Jasper, la protagonista insiste firmemente en que su verdadero novio es Mateo, el hombre al que él más odia en el mundo. Comienza así un juego de tensiones donde el pasado y la rivalidad se entrelazan sin remedio.
Portada de la novela Princesa de los Lobos: Venganza
9.1
Tras tres años de relación sin ser marcada, la protagonista acepta una humillante prueba en el bosque para retener a Cameron Stevenson, el Alfa de la Manada Silver Moon. Sin embargo, él la deja encadenada a un árbol con esposas de plata para correr al auxilio de Rebecca, una Omega cuyo cachorro está enfermo. Abandonada a su suerte durante un día y una noche bajo un frío desgarrador que hiere sus muñecas, ella comprende la traición y jura una implacable venganza contra ambos.