
Renacer Es Volver A Morir
Capítulo 2
La ceremonia de unión fue al día siguiente.
Debió ser el momento más glorioso en la vida de la Luna más poderosa de la Alianza.
Pero ahí estaba yo, sola frente al altar sagrado, hecha una burla. El lugar a mi lado permanecía vacío. Damon no llegó.
Los murmullos zumbaban como moscas en mis oídos.
—¿Ven? Se los dije, Damon solo estaba jugando con ella.
—¿Por qué el Alfa de la Manada Dark Moon querría unirse a una loba con un espíritu tan débil?
—Qué patética. La abandonaron antes de cerrar el vínculo.
Aun así, me mantuve firme, con la espalda bien derecha. Yo sabía dónde estaba Damon.
Como ya había vivido este día antes, sabía lo que venía. La invasión de errantes más grande de la historia estaba por estallar en la frontera.
La última vez, los dramas de Sarah retrasaron a Damon y masacraron tres aldeas. Esta vez, gracias a la pista que le di, se fue antes.
—Ay, ¿dónde está tu Alfa?
Esa voz tan dulce que empalagaba llegó en un momento de silencio incómodo.
Las puertas se abrieron de par en par. Sarah entró del brazo de Liam. Llevaba un vestido rojo con un escote escandalosamente bajo y el cabello hacia un lado. Una marca de mordida, tosca y roja, arruinaba la piel de su cuello. Era la prueba de que se acababan de unir.
Todos los presentes se giraron a verla.
—Cielo santo, Liam debió ser muy rudo anoche.
—Parece que el Alfa de la Manada Alder está loco por Sarah.
Sarah disfrutó ser el centro de atención, luego se acercó a mí y suspiró de falsa lástima.
—Linda, te dije que Damon era puro cuento. Te dejó plantada en tu propia ceremonia. Si yo fuera tú, buscaría un hoyo donde esconderme para morirme de vergüenza.
Sin embargo, escuché las carcajadas en su mente: “¡Jajaja! ¡Parece que Damon no pudo venir! Tal vez su maldición se adelantó. ¡Elena, esta noche él te va a hacer pedazos!”
Contaba con que Damon se volviera salvaje.
—Preocúpate por ti, Sarah —le dije con indiferencia.
Liam acarició la espalda de Sarah y me sonrió.
—No le hagas caso a Sarah, ya sabes que no se guarda nada. Si te sientes sola, a Sarah y a mí no nos molestaría invitarte un trago.
Qué compañero tan considerado.
Si tan solo no pudiera escuchar lo que estaba pensando: “ ¿Damon no vino? Qué bien. Ya escuché los rumores sobre su maldición. En cuanto aumente mi poder, me quedaré con su territorio... y con su hembra”.
Qué asco.
Sarah sentía que no me había humillado lo suficiente. Se puso de puntitas, rodeó el cuello de Liam con los brazos y le plantó un beso apasionado frente a los cientos de invitados.
—Eres tan bueno conmigo —ronroneó Sarah, lanzándome una mirada desafiante—. No como otros Alfas, que son tan secos.
El espíritu de mi loba gruñó de furia en mi interior.
Ya basta. No iba a tolerar esto ni un segundo más. Me giré hacia el altar y hacia la multitud.
—Silencio.
Mi voz, aunque no fue un grito, se impuso sobre el ruido y calló a todo el salón.
—Mi Alfa no me abandonó.
Recorrí el salón con la mirada hasta detenerme en la burla de Sarah.
—Todos están aquí, bebiendo champaña y riéndose de mí. Mientras tanto, mi Alfa lidera a los guerreros de Dark Moon contra una invasión de tres mil errantes en la frontera norte.
Se escuchó un murmullo de asombro entre la multitud. Nadie sabía que la frontera estaba en peligro.
—Se perdió esta ceremonia para que todos ustedes pudieran estar aquí perdiendo el tiempo hablando de más —dije con una sonrisa burlona—. Él está allá afuera derramando sangre para proteger a cada uno de ustedes. No como cierto perro alborotado, que no sirve para nada más que para morderle el cuello a la primera que se le ponga enfrente.
Hubo un silencio. Después, las burlas se convirtieron en miradas de admiración.
—Cielos, nos está protegiendo...
—¡El Alfa Damon es un líder de verdad!
La situación se había invertido. A Sarah se le borró la sonrisa. Esa marca roja de pasión ahora se veía corriente y vulgar.
—Pero yo... —Sarah se puso roja de coraje e intentó contestar.
Pero no le di la oportunidad.
—Continúen con la ceremonia —ordené con firmeza—. El pacto sigue en pie. Mi vínculo con Damon se mantendrá.
Había ganado. Al menos por ahora. Había protegido el honor de Damon y asegurado mi posición.
***
El banquete continuó. Sostuve mi copa de vino mientras los observaba desde el otro lado del salón.
Sarah estaba acurrucada en los brazos de Liam, riendo y coqueteando. Pero noté un pequeño detalle. La mano que Liam tenía en su cintura la apretaba con muchísima fuerza; tanto que los dedos se le pusieron pálidos. Le estaba encajando los dedos en la parte más blanda del costado.
Sarah hizo un gesto de dolor por un segundo antes de forzar otra sonrisa. Escuché sus pensamientos, dolor y engaño: “Me duele... pero es porque me ama demasiado. Todos los Alfas son así de posesivos. Solo me está castigando por dejarlo en mal”.
Tonta.
Dirigí mi mirada a la cara de Liam. Seguía sonriendo, con una mirada tan dulce que podría engañar a cualquiera. Pero la voz que escuché en su cabeza era más siniestra que el mismo infierno: “Aguántate, estúpida. ¿Crees que esto duele? Esto es solo el principio. Esta noche te voy a enseñar lo que es el dolor de verdad cuando me devore a mi presa”.
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