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Portada de la novela Pedaleando A Máxima Succión

Pedaleando A Máxima Succión

9.4 / 10.0
Tras sufrir un leve percance durante su entrenamiento de ciclismo, el protagonista recibe la angustiada atención de Pao, su atractiva entrenadora, quien hace todo lo posible por asegurar su bienestar. Aunque él ya se ha recuperado por completo del golpe accidental, decide prolongar el momento para seguir disfrutando de la calidez y dulzura de sus cuidados. Lo que comienza como una pequeña farsa para mantenerla cerca pronto enciende una chispa de atracción mutua e inevitable entre ambos.

Pedaleando A Máxima Succión - Capítulo 1

—Pao, ayúdame aquí abajo, chupa con un poco más de fuerza...

Con tal de ayudarme a que todo volviera a funcionar, la guapa chica que tenía enfrente se puso de rodillas y empezó a succionarme con muchísimas ganas.

Ella es mi entrenadora de ciclismo. Por un descuido, terminó dándome un golpe accidental en la entrepierna.

En ese momento, estaba toda angustiada intentando que mi hombría despertara de nuevo.

Pero en realidad yo ya había recuperado la sensibilidad desde hace rato; solo me estaba dejando llevar por el placer de su boquita.

Y lo que menos me imaginé fue que, por lo visto, ella también se estaba empezando a calentar.

Me llamo Joshua Becerra. Tengo más de treinta años y todavía no sé andar en bicicleta.

Últimamente vi en línea un anuncio donde una universitaria daba clases de ciclismo. En la foto aparecía una chica guapísima y sensual sentada en la bici, con unas piernas largas y delgadas. No aguanté la curiosidad y contraté el servicio.

Pronto llegó el fin de semana y la chica llegó al Parque Ecológico donde habíamos quedado.

—Hola, me llamo Paola Gaytán y soy tu entrenadora personal de ciclismo.

Al verla en persona, su carita blanca era exactamente igual a la foto. Traía una licra deportiva súper ajustada. Entre las piernas se le marcaba clarito una rajita bien definida, con una pequeña hendidura en el centro. Y esos pechos enormes parecían dos globos que iban a reventar la licra en cualquier momento. Casi me desmayo.

Llevaba años sin estar con ninguna mujer. Mi cuerpo estaba seco como un desierto. Ver a una chica tan guapa, sensual y de apariencia inocente al lado me tenía completamente alterado por dentro.

—Hola, me llamo Joshua Becerra. Vamos a empezar con la clase entonces.

Le extendí la mano para saludarla. ¡Qué suave era su mano! Se sentía sedosa y resbaladiza. De mala gana se la solté y ella empezó a explicarme.

—Primero pon los pies en los pedales, agarra fuerte el manubrio con las dos manos, mira siempre hacia adelante y yo te sostengo al lado.

Me subí a la bicicleta, pero como no tenía experiencia, apenas me moví y ya me estaba cayendo. Paola trató de sostenerme con fuerza, pero su cuerpecito no aguantaba mi peso.

¡Pum! Me caí encima de ella.

Mi hombro entero presionó contra sus pechos suaves y grandes, aplastándolos. La sensación era tan suave y rica que mi cuerpo reaccionó al instante y se me marcó un buen bulto en el pantalón.

—¡Ay, ay! Me estás aplastando, ¡levántate rápido!

Paola se retorcía debajo de mí, pero la bicicleta todavía me tenía atrapado y no podía levantarme tan fácil. Ella se desesperó más, abrió las piernas intentando patear la bici para quitársela de encima. Pero cuando separó las piernas, toda mi parte de abajo se deslizó entre ellas. Mi bulto quedó perfectamente presionado contra esa rajita marcada.

Se le puso la cara toda roja y me miró sorprendida.

Me rasqué la cabeza:

—Perdón, no fue mi intención.

Pero en vez de enojarse, me miró asombrada y hasta me elogió.

—No pensé que la tuvieras tan dura, como un tronco.

Al escucharla, me emocioné un montón por dentro. Más importante, no parecía molesta para nada, al contrario, se veía algo excitada. Definitivamente era una calenturienta. Más tarde iba a aprovechar para pasarla bien con ella.

Cuando nos levantamos, Paola se sacudió el polvo del trasero. Sus nalgas rebotaban con cada palmada y eso me prendió todavía más. No pude contenerme y le dije:

—Ven, déjame ayudarte a sacudirte.

Aunque dije que era para sacudir el polvo, en realidad solo quería tocarla. Le manoseé las dos nalgas redondas y firmes. Hacía tanto que no tocaba el culo de una mujer que esa sensación me recorrió todo el cuerpo y mi deseo creció aún más. El bulto entre mis piernas se puso todavía más grande.

Y lo mejor fue que Paola se quedó con el trasero levantado, dejando escapar unos gemiditos suaves y provocadores.

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Tabla de contenidos de Pedaleando A Máxima Succión

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