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Portada de la novela Nubes Sin Intención, Viento de Pasión

Nubes Sin Intención, Viento de Pasión

Tras ocho años de relación, la vida de Yanet da un vuelco devastador al salir del hospital. De forma accidental, descubre que su novio Julián la engañó, haciéndole creer que tenía un problema estomacal para extraerle médula ósea y donársela en secreto a Sofía, su amiga de la infancia. Sin reclamos ni lágrimas, Yanet decide cortar todo lazo con él. Para empezar de nuevo, contacta a sus padres en el extranjero y acepta un matrimonio arreglado con la influyente familia Luna.
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Capítulo 1

En el octavo año de salir con Julián, Yanet fue hospitalizada por una enfermedad.

El día que salió del hospital, accidentalmente escuchó en el pasillo la conversación de Julián con su hermana.

—¿Julián, te volviste loco? ¿De verdad le diste la médula ósea de Yanet a Sofía sin que ella se enterara? Sabías claramente que la salud de Yanet no es buena, ¿y la engañaste diciéndole que era enfermedad estomacal para que corriera este riesgo?

Sofía era la pequeña amiga de la infancia que Julián había querido por muchos años.

Yanet no lloró ni hizo escándalo, llamó a sus padres que estaban en el extranjero y aceptó el matrimonio arreglado con la familia Luna...

—¿Julián, te volviste loco? ¿De verdad le diste la médula ósea de Yanet a Sofía sin que ella se enterara?

En un hospital privado de Ciudad L, Rebeca Fuentes entró rápidamente al cuarto, señalando a Julián Fuentes, que estaba sentado en el sofá, y gritándole.

Julián apenas levantó la cabeza, su apuesto rostro se arrugó con impotencia:

—Hermana, es que solo Yanet y Sofía eran compatibles para el trasplante de médula, no tenía otra opción.

Rebeca agarró el expediente médico de Yanet López, los cuales estaban sobre la mesa, donde decía que llevaba medio año internada por una infección, y se enfureció:

—¿Que no tenías otra opción? ¡Bien que sabías que Yanet anda mal de salud y aun así le mentiste diciéndole que era una gastritis para que corriera ese riesgo! ¡No me jodas! ¿Acaso Sofía te embrujó? Hace años, para que sonriera te metiste a esas carreras y te quedaste paralítico por cinco años. En ese tiempo Yanet fue la única que estuvo contigo —le recriminó—. Y ahora que ya estás bien, le diste a Sofía la médula de Yanet sin que ella lo supiera. Pasó medio año, Sofía se recuperó y ya anda con ella con la idea de tener un bebé probeta.

En la puerta del cuarto, Yanet, quien apenas había terminado el papeleo del alta, oyó los gritos de Rebeca. Su mano, apoyada contra la pared, se tensó de golpe, la sonrisa se borró de su rostro, y sintió como si la hubieran aventado a un pozo helado.

Media hora antes, el doctor le había dicho que la infección de estómago ya había sanado del todo y que le podían dar de alta. Julián le había propuesto matrimonio de inmediato, ella había llorado de felicidad y hasta había publicado en Facebook que ese era el día más feliz de su vida.

En el cuarto, Julián tenía la cabeza agachada, su cabello negro y revuelto le tapaba los ojos oscuros, impidiendo que se le viera la cara.

—Hermana, ayúdame, por favor; que esto quede en secreto, no dejes que Yanet se entere. La abuela de Sofía está en sus últimos días, y, lo único que quiere es cargar a su bisnieto antes de morirse, no quiero que se vaya con ese pendiente.

Rebeca lo miró hecha una furia, su carita fina llena de coraje, y le preguntó:

—¿Y qué hay de Yanet? ¡Todo el mundo sabe que lleva ocho años contigo! Me acuerdo perfectamente que, hace ocho años, Sofía se le declaró al segundo hijo de los Ximénez y la rechazaron. Y tú, para vengarte por ella, te le acercaste a Yanet a propósito para enamorarla y hacer que el segundo hijo de los Ximénez, que estaba tras ella, se enfureciera. —Hizo una breve pausa, fulminándolo con la mirada—. Ahora que Sofía está embarazada. Yanet lleva casi una década contigo, ¿qué va a hacer?

Julián bajó la mirada, y, después de un largo rato, dijo con la voz ronca:

—Ya lo tengo todo arreglado, Yanet nunca se va a enterar de lo del embarazo de Sofía. En estos ocho años ya me acostumbré a tenerla cerca, me voy a casar con ella...

Lo demás, Yanet ya no lo escuchó, ya que, justo en ese momento, una enfermera se acercaba a la habitación, por lo que agachó la cabeza, simulando que acababa de llegar.

Los dos en el cuarto se quedaron sorprendidos, y Rebeca se llevó a Julián.

En el camino a casa, Julián le iba contando a Yanet sobre los detalles de la boda, pero ella no le prestaba atención, sino que miraba por la ventaba cómo pasaban los altos edificios, mientras un frío intenso la calaba hasta los huesos.

Yanet había conocido a Julián a los quince años, en una fiesta que sus padres organizaron con algunos socios. Aquel encuentro fugaz, su actitud distante y su estilo tan particular, se le quedaron grabados desde entonces.

A los dieciséis, se había metido a las carreras de coches con el apodo de «Sin Sonido», le había salvado la vida a Julián y ahí había empezado su amor no correspondido que había durado un buen tiempo.

A los veinte, Cristian Ximénez había empezado a cortejarla. Ese mismo año Julián había dio a una fiesta de una amiga suya, y esa noche él le pidió su número. Fue una noche inolvidable para ella. Estuvo más feliz que nunca.

Ese mismo año, se enteró de que Julián tenía una amiga de toda la vida, Sofía. Una chica extrovertida, que había tenido más de diez novios, pero Julián nunca la miró de otra manera.

A los veintiuno, Julián se le declaró, y ella le dijo que sí.

A los veintidós, Julián sufrió un accidente en las carreras y se lo llevaron de urgencia al hospital. Al otro día el doctor anunció que había quedado discapacitado.

Ese año, él, ya discapacitado, había cambiado por completo. Su carácter se volvió insoportable. Ella, por amor, había renunciado a irse al extranjero con sus padres, y había decidido quedarse para cuidarlo.

A los veintisiete, Julián se había recuperado por completo de las piernas, por lo que el abuelo Fuentes anunció a todo el mundo que Julián tomaría las riendas de la familia. El muchacho estaba en su mejor momento.

Ese mismo año, ella se desmayó de repente en su casa. Cuando despertó, el doctor le dijo que tenía un problema en el estómago y que debía ser ingresada para operarla...

Ahora que lo pensaba mejor, eso que ella creía que era un amor de ensueño, como caído del cielo, ¡había estado lleno de puras mentiras desde el principio!

Seis meses atrás, en el hospital, le habían sacado una gran cantidad de sangre. Julián dijo que era para unos estudios, ¡pero resultó que era puro cuento para que le donara la médula a Sofía!

El Bentley entró despacito al fraccionamiento.

Como a las doce de la noche, el teléfono de Julián comenzó a sonar, y, cuando Yanet miró la pantalla vio el contacto: «Mi Sofi».

Julián rechazó la llamada con un gesto rápido. Tocó la pantalla con sus dedos largos, y, poco después, se levantó y salió de inmediato.

Yanet se acercó a la ventana, y vio cómo el Bentley se alejaba poco a poco en la oscuridad.

Entonces, llamó a su madre.

—Mamá, ya tomé una decisión. Voy a aceptar la boda arreglada con la familia Luna. Me casaré con él en cuanto aterrice, dentro de siete días.

Su madre, quien seguramente se imaginaba lo que su hija había vivido, la consoló y le habló con calma:

—¿Ya lo pensaste bien? Yanet, los López ya no son lo que eran, esta boda arreglada no es cualquier cosa. Aunque los Luna y los Fuentes vivan lejos, se odian desde hace generaciones, no se pueden ver ni en pintura. Si te casas con un Luna, probablemente te pidan cortar todo lazo con los Fuentes.

Yanet bajó la mirada, con los ojos llorosos.

Seis años atrás, los López, al expandir sus negocios, trasladaron la empresa al extranjero y desde entonces vivían fuera del país.

Sin embargo, no pasó mucho antes de que una crisis financiera los golpeara. Los Luna, que también residían en el extranjero, ya habían mencionado varias veces su interés en una alianza matrimonial con los López.

Pero sus padres, como sabían que ella quería a Julián, nunca habían pensado en sacrificarla para salvar la empresa. Aun así, ahora era ella quien no quería saber nada de Julián, por lo que casarse con los Luna era lo mejor.

—Mamá, ya está decidido. ¡No quiero volver a ver a Julián nunca más en mi vida!

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