
Mi Nueva Medicina Grande Y Dura
Mi Nueva Medicina Grande Y Dura - Capítulo 1
—Ay, no me toques ahí, se va a escuchar todo...
Apenas terminaron las fiestas de septiembre, la empresa organizó una salida a las aguas termales en la sierra. El problema fue que cerraron el camino de regreso de forma inesperada, así que todos tuvimos que quedarnos a dormir allá.
Como era la primera vez que pasaba la noche fuera con ellos, alguien se dio cuenta de mi condición insaciable por un descuido. No tuve más remedio que pedir ayuda y, al final, elegí al hombre que parecía el más tranquilo de todos. Nunca me imaginé que terminaría dominándome de esa manera.
Nadie sospecha que tengo una adicción a la intimidad.
Pero en este retiro del trabajo, olvidé mis pastillas y, para colmo, me tocó compartir la tienda de campaña con un compañero.
Así que terminé llorando mientras llegaba al clímax frente a él.
No tenemos forma de regresar pronto y mi cuerpo ya está empezando a traicionarme...
***
Cuando el supervisor nos avisó que tendríamos que quedarnos en las aguas termales, me angustié.
Porque tengo una adicción.
Si llego a rozar a un hombre por accidente, el deseo se desata; a veces es una inquietud, pero otras es como un fuego interno que me consume, donde el más mínimo contacto me hace llegar al límite.
Es vergonzoso, jamás se lo he contado a nadie.
Pensé que al crecer se me pasaría, pero mi cuerpo se volvió cada vez más rebelde, al grado de casi hacerme gemir en lugares públicos.
Así que, tragándome la vergüenza, fui al médico y conseguí un tratamiento.
Pero este viaje se organizó tan rápido que olvidé las pastillas en casa.
Y ahora, quién sabe cuándo podré volver.
Tratando de ocultar mi miedo, me repetía a mí misma que debía controlarme mientras caminaba detrás del grupo.
En ese momento, el supervisor dijo:
—El hotel está lleno, pero traemos tiendas de campaña. No son muchas, así que tendremos que acomodarnos entre varios. Ale, te toca dormir allá con Rogelio.
Y así fue como terminé en esta situación.
Estoy atrapada en una tienda de campaña con un tipo alto al que apenas conozco, y no tengo mis medicinas.
Me hice bolita en una esquina, mordiéndome el labio y cerrando los ojos con fuerza, esperando quedarme dormida antes de que el efecto de la última dosis desapareciera.
Entonces, Rogelio se acercó.
—¿Te sientes bien?
Sentí el calor de su cuerpo cerca de mi espalda y mi piel comenzó a erizarse.
—No... no es nada, gracias.
Por favor, aléjate.
El roce de su ropa contra mi piel me provocó una sensación placentera que recorrió todo mi cuerpo; supe entonces que lo peor estaba por comenzar.
Hice un esfuerzo para revisar mi celular: era medianoche. Habían pasado más de seis horas desde la última toma.
El medicamento ya no me estaba haciendo efecto.
Tabla de contenidos de Mi Nueva Medicina Grande Y Dura
Novedades






