
Levántame otra vez y es adiós
Capítulo 5
Esa noche, a las once en punto, Ivy apareció en casa, algo rarísimo en ella.
Al entrar, se quitó la chaqueta y estaba a punto de colgarla detrás de la puerta cuando notó que la foto que antes estaba ahí había desaparecido. Se quedó congelada.
—¿Dónde está nuestra foto que estaba colgada detrás de la puerta?
Sin siquiera soltar la chaqueta, caminó hacia el dormitorio con el gesto un poco alterado.
—Se cayó y se rompió.
Al oír eso, miró de reojo los vidrios rotos en el bote de basura junto a la entrada y su expresión se relajó. Luego dejó la chaqueta a un lado y sacó una bolsa con un cinturón Gucci.
—Ayer no tuve tiempo de darte el regalo que te prometí. Hoy, justo, es nuestro tercer aniversario de boda, así que este cinturón es para ti. Feliz aniversario.
Dejó el cinturón sobre la cama y por un momento pensé que había escuchado mal. ¿Después de tres años de casados, de verdad se acordaba de nuestro aniversario?
Pero al ver el recibo, con la hora de compra de hacía apenas treinta minutos, lo entendí de golpe. La publicación del «tercer aniversario» de Owen debió habérselo recordado, por eso había comprado aquel cinturón de camino a casa.
Lo que ella no sabía era que yo ya tenía dos cinturones de ese mismo estilo en el clóset. No dije nada; solo la miré de frente.
—Ah, por cierto, ya se acerca el cierre de año. ¿Podrías ceder el premio de excelencia de la aerolínea de este año? Owen lleva tres años en la industria, y su mayor deseo es ganar el premio al mejor, igual que tú. Tú lo has ganado varios años seguidos… ¿puedes dejárselo a él este año? —preguntó con una expresión dudosa.
Sonreí con amargura. Así que ese era el «por qué» de aquel regalo improvisado.
—Claro —asentí con calma.
Y no solo este año. Podía quedárselo el próximo y el que siguiera. Yo ya no competiría con él por ningún premio de la aerolínea, porque me iría después de esta noche.
—¿Tú… estás bien con eso?
Tal vez mi respuesta tan tajante la sorprendió, porque Ivy me miró de reojo varias veces.
—Owen es mi aprendiz —dijo, al cabo de un momento—, es normal que yo lo cuide. Además, tú eres mi esposo, así que esto es lo correcto. Ah, y por cierto, mañana no vuelo. Vamos al Registro Civil en la mañana y por fin sacamos el acta, ¿sí?
No dije nada.
De pronto, pareció acordarse de que yo había estado empacando ese día. Tras una pausa, preguntó con un tono más suave:
—Casi lo olvido… ¿no tienes un vuelo mañana? ¿A qué hora?
—A las tres de la tarde.
La miré, listo para aprovechar esta última oportunidad y decirle que me iba. Pero antes de poder seguir, su celular volvió a sonar.
Era Owen. Del otro lado se escuchó una voz débil: se había torcido el tobillo y no podía moverse solo, por lo que le estaba pidiendo ayuda a Ivy.
Cuando colgó, me miró con culpa.
—Eh… Owen tuvo un problema. No puede con eso solo, así que quizá tenga que ir —dijo con cautela, casi como si me estuviera pidiendo permiso.
Tragué lo que quería decirle, forcé una sonrisa y asentí.
—Está bien. Ve.
Pareció aliviarse.
Se levantó de inmediato y, antes de salir, dijo:
—Tu vuelo es a las tres, así que hay tiempo. Vamos al Registro Civil a las diez de la mañana.
—No te preocupes. Esta vez estaré ahí pase lo que pase.
No pude evitar soltar una sonrisa amarga. Al final, otra vez no me había dado la oportunidad de terminar con ella cara a cara.
A la mañana siguiente terminé de empacar y, en lugar de ir al Registro Civil, me fui directo al aeropuerto.
Para el mediodía todavía no había recibido ninguna llamada de Ivy preguntando por qué no estaba allí. No fue hasta la tarde, cuando ya estaba por abordar, que me llegó un mensaje suyo.
«Perdón, hoy Owen no se sintió bien. Recién terminé de llevarlo al hospital. No pude llegar al Registro Civil. En cuanto regreses del viaje, iré contigo a primera hora».
Al leerlo, no sentí nada. Tal como esperaba, había fallado por decimoctava vez.
«No hace falta, Ivy. Ya renuncié y me voy a Avalonia. Después de hoy, no vamos a vernos otra vez.»
Le envié ese último mensaje y me preparé para apagar el celular. Pero al segundo siguiente, la ventana de chat que había estado en silencio tanto tiempo empezó a vibrar como loca.
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