
La Heredera Traicionada
Capítulo 4
Que por nuestra amistad de años, fuera a salvar a mi mamá.
El mayordomo que estaba a un lado, que me había visto crecer, finalmente sintió lástima.
—Joven, vaya a echar un vistazo, la señorita Lucía no mentiría sobre estas cosas.
Xavier dudó un momento, aproveché la oportunidad y empecé a golpearme la cabeza contra el suelo frente a él.
—¡Te lo ruego, te lo ruego, salva a mi mamá!
Xavier finalmente habló, aunque su tono seguía frío:
—Voy a ir a ver. Pero, Lucía, si todo esto es un show, te haré pagar las consecuencias.
Levanté la cabeza de golpe, y una chispa de esperanza brilló en mis ojos.
¡Como sea, con que fuera estaba bien!
Después de llamar a varios guardaespaldas, su celular sonó inoportunamente.
Era mi hermano.
Xavier me echó un vistazo, puso el altavoz, y la voz perezosa y helada de Gustavo se oyó a través del auricular.
—Lucía no te fue a buscar, ¿verdad? No le hagas caso, alguien acaba de llamar con el teléfono de mi mamá amenazando con matar gente, ¡qué ridículo!
Se me heló la sangre. No esperaba que mi hermano, que una vez había jurado protegerme toda la vida, fuera capaz de ser tan indiferente por una mujer, ignorando la seguridad de su propia madre, y haciendo oídos sordos a mis súplicas.
La rabia y el miedo se entrelazaron, grité al teléfono:
—¡Gustavo! ¡¿Estás loco?! ¡¿Tienes que esperar a que muramos para creer?! ¡Tú viste cómo quedamos mamá y yo!
—¡Eso no era más que tu estrategia para tomar el poder! —rio él con frialdad—. Ya le pregunté a la empleada, Flora, y en casa no pasa nada. Eres despiadada y tienes el corazón de una serpiente, ¡esta vez no te creeré! ¡Si le pasa algo a mamá es porque tú lo buscaste!
Mi corazón se enfrió por completo.
¡Flora había pedido permiso para irse a su pueblo hacía una semana, ¿cómo iba a saber lo que pasaba en casa?!
Justo cuando iba a contradecirlo, Gustavo colgó la llamada.
La cara de Xavier también se puso completamente seria, y me miró con asco:
—¡Claro que estás mintiendo! ¡Vengan, rómpanle las piernas, que aprenda la lección!
Varios guardaespaldas se movieron, para cumplir la orden.
Aguantando el dolor intenso en las piernas, grité:
—¡No se atreverán! ¡Cuando regrese mi papá, no los voy a perdonar!
Los guardaespaldas se miraron entre sí, indecisos.
Xavier se rio fríamente, tomó un bate de béisbol y se acercó a mí. Me miró desde arriba con condescendencia, con los ojos llenos de burla y sarcasmo.
—Ellos no se atreven, pero yo sí.
Lo miré con desesperación; toda esa ternura del pasado parecía un sueño ilusorio. No podía creer que me tratara de esa manera.
Retrocedí asustada, pero él me tiró al suelo de una patada.
Sentí un intenso dolor en el abdomen, y antes de que pudiera recuperarme, me pegó duramente con el bate en mi pierna izquierda, la cual ya tenía lastimada.
—¡Ahh! —solté un grito desgarrador, mientras mi cuerpo temblaba con violencia. El dolor punzante casi me hizo perder el conocimiento.
Sin embargo, él solo se quedó parado mirándome con frialdad.
—Este es el precio de mentirme.
En ese momento, sonó mi celular. Él se agachó a recoger el teléfono, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
—Déjame escuchar quién llama esta vez.
—¿Bueno? ¿Es la señorita Guzmán que llamó a emergencias? Acabamos de llegar a su casa. Los ladrones escaparon, y actualmente su madre está muy mal. Necesita atención médica urgente.
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