
Fui La Nueva Muñeca Humana De La Tienda
Fui La Nueva Muñeca Humana De La Tienda - Capítulo 1
Mi mamá, Allison Ramsey, tiene una tienda para adultos.
Un día estoy tan cansada que me quedo dormida ahí dentro, y por accidente termino atrapada en una de esas camas del placer.
Cuando el señor Palmer, el vecino, entra al local, me confunde con un nuevo modelo de muñeca de la tienda y empieza a bajarme los shorts.
—Voy a salir por mercancía. ¿Me ayudas a cuidar la tienda un momento?
La voz de mi mamá se escuchaba a lo lejos. Murmuré cualquier cosa antes de quedarme profundamente dormida.
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero cuando desperté, sentí que algo no estaba bien. Estaba boca abajo en la cama, con las manos sujetas por algo suave y elástico.
La cama estaba doblada en una posición extraña que se ajustaba a las curvas de mi cuerpo. Podía sentir que tenía el trasero levantado y las piernas abiertas. No necesitaba verme para saber que estaba en una posición de lo más vergonzosa. Todo estaba oscuro frente a mí, como si tuviera la cabeza cubierta por una cortina.
¿Qué... qué estaba pasando?
Entré en pánico. Luché con todas mis fuerzas contra las sujeciones que me apresaban las manos, solo para darme cuenta de que no podía soltarme.
Entonces caí en la cuenta de que mi familia tenía una tienda para adultos, y esta debía ser la cama del placer que habíamos pedido hace poco. La cama tenía mecanismos que solo podían desbloquearse desde afuera una vez que se activaban.
Había estado tan agotada que me tiré en cualquier cama de la bodega sin fijarme en que era el modelo más nuevo. Como suelo dormir boca abajo y moverme mucho, debo haber activado el mecanismo sin querer mientras dormitaba. Ahora, esta cama individual me tenía las manos atrapadas.
El colchón se dividía en dos debajo de mi cintura, elevando mi vientre y mi cadera, dejando mi trasero muy en alto. Era como si me hubieran puesto en posición para...
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Grité un par de veces, pero nadie respondió.
Fue entonces cuando recordé que, antes de dormirme, mamá dijo que saldría por mercancía y me pidió que cuidara el lugar.
—¿Hola? ¿Alison?
En ese momento, escuché la voz del señor Palmer, uno de los clientes, que venía desde la entrada. ¡Y se estaba acercando!
¡No puede ser!
Mamá sí había mencionado que el señor Palmer pasaría después para pagar su cuenta. El pánico me dominó. Me esforcé por zafarme, pero aunque las sujeciones se sentían suaves, era imposible romperlas.
—¿No hay nadie? Según yo les dije que hoy vendría a pagar la cuenta.
La voz del señor Palmer se escuchaba cada vez más cerca, hasta que pareció estar a solo unos pasos. Inmóvil en esa posición tan penosa, sentí que se me ponía la cara roja. Por el miedo, me quedé totalmente tiesa, sin atreverme a mover un solo músculo.
—¿Será una muñeca nueva?
Al escucharlo, sentí que se me detuvo el corazón. Al segundo siguiente, sentí un par de manos tibias y secas sobre mi muslo. Luego, empezaron a subir poco a poco hasta meterse bajo mis shorts. Hacía muchísimo calor y, como estaba en mi casa, obviamente estaba con poca ropa. Mis shorts apenas alcanzaban a cubrirme el trasero.
—Se siente muy bien. Es bastante realista, hasta está calientita
Comentó el señor Palmer mientras me manoseaba. Esa sensación tan extraña hizo que rechinara los dientes, muerta de miedo de hacer cualquier ruido. Si alguien descubría que me estaban confundiendo con una muñeca, se acabaría todo para mí. Pero entonces, para mi horror, sentí que esas manos empezaron a bajar mis shorts.





