
Fallé la Misión y Ellos Lloraron
Capítulo 4
Sentí que el destino se estaba burlando de mí. Justo cuando por fin había tomado la decisión de irme, aparecían uno tras otro para molestarme.
De pronto, una irritación profunda me invadió.
—¿No deberías estar brindando por la felicidad de Gemma en su boda? ¿Qué haces aquí?
Lo miré con impaciencia. Lo único que quería era que se fuera cuanto antes.
Él tenía un porte elegante y refinado, una voz fría, y siempre era amable, considerado y educado con las mujeres.
En aquel entonces, fue él quien me dio esperanza poco a poco, quien me hizo creer que por fin podría sobrevivir.
Pero también fue él quien destruyó esa esperanza y me hundió otra vez en la desesperación.
—Samuel me pidió que viniera a verte. Además, necesitaba despejarme un poco. ¿Eso también está mal?
Tal vez mi pregunta lo molestó, porque su expresión se volvió impaciente y su tono aún más frío.
Después de todo, también era uno de los objetivos de conquista. Amaba a la protagonista más que a su propia vida.
Por ella, renunció a la oportunidad de seguir estudiando, solo para quedarse en la ciudad a su lado.
Hoy era la boda de Gemma. Por eso estaba de tan mal humor.
—¿Qué te pasó? ¿Por qué querías suicidarte? ¿O es que solo querías llamar nuestra atención? ¿Montaste todo este escándalo a propósito para arruinar la felicidad de Gemma? Frida, que Gemma tenga depresión no significa que tú también tengas que fingir lo mismo. Ese truco ya está muy gastado.
Si hubiera escuchado esas palabras antes, quizá me habría dolido. Pero ahora ya estaba entumecida. Me había acostumbrado.
Después de todo, no era la primera vez que oía palabras tan hirientes.
Él siempre pensaba que yo estaba fingiendo, que todo lo hacía para competir con Gemma. El amor los había dejado ciegos.
Esa era la diferencia entre ser amada y no serlo. Ellos nunca podrían ponerse en mi lugar. No tenía intención de defenderme.
Me levanté, dispuesta a buscar un lugar tranquilo donde esperar la muerte en silencio.
Tal vez porque nunca me había visto tan tranquila, como si mi corazón ya estuviera muerto, Martín sintió miedo por primera vez.
Sin dudarlo, me tomó de la muñeca y me llevó a casa de Samuel.
Luego llamó a Samuel y le dijo que volviera para vigilarme.
Cuando Samuel regresó, detrás de él venían dos personas más, como sombras pegadas a sus pasos.
En cuanto Gemma me vio, empezó a temblar, como si se hubiera encontrado con la persona que más miedo le daba. Se aferró al brazo de Víctor y se escondió detrás de él.
Víctor ni siquiera se molestó en fingir. Me miró con fastidio y dijo:
—¿De verdad te parece divertido montar este numerito? Siempre quieres quitarle todo a Gemma, y ahora vienes con esta escena. ¿Sabes que hoy es el día más feliz de mi vida? ¿Qué intentas arruinar ahora? ¿No te bastó con haberla acosado antes? ¿Ahora todavía quieres seguir causando problemas?
Otra vez lo mismo. No importaba lo que dijera ni lo que hiciera. Ellos nunca me creían. Siempre pensaban que yo era una mujer cruel y manipuladora, que quería arrebatarle todo a Gemma.
Pero ahora mi corazón ya no sentía nada. Miré a todos los presentes. En sus rostros había un desprecio imposible de ocultar.
Solté una risa fría.
—¿Y si les dijera que todo lo que ella dice es falso? ¿Que todo son mentiras para hacerse pasar por una chica débil frente a ustedes? ¿Y si les dijera que, en realidad, las cosas fueron al revés? ¿Que fue ella quien me acosó a mí?
También te podría gustar





