
Fallé la Misión y Ellos Lloraron
Capítulo 2
Pero las palabras que dijo después rompieron sin piedad la poca esperanza que me quedaba.
—No te hagas ilusiones. No vine por ti. Volvía a casa a buscar un juego de joyas para Gemma. ¿Quién iba a imaginar que te encontraría actuando como una loca? Te lo advierto, no vuelvas a usar estas cosas para llamar mi atención. No intentes darme lástima.
Al ver su expresión feroz, apenas logré esbozar una sonrisa. Y yo que había creído que de verdad se preocupaba por mí, que por eso me había seguido.
Otra vez había sido una falsa ilusión.
Sabía desde hacía mucho que Samuel amaba desesperadamente a Gemma. Durante años había vivido detrás de ella, aunque Gemma estuviera enamorada de Víctor.
Por eso Samuel era capaz de verla caminar, paso a paso, hacia los brazos de otro hombre. Y aun así se encargaba de todos los detalles de su boda, intentando que todo fuera perfecto.
La amaba con locura.
Ya no quería seguir así. Me di la vuelta y caminé poco a poco hacia la baranda.
Samuel seguía pensando que solo quería llamar la atención. Se apoyó contra el auto con los brazos cruzados y no dejó de burlarse.
—Si vas a morirte, hazlo rápido. Así llamo para que recojan tu cadáver y me voy. No me hagas perder el tiempo. Si llego tarde, Gemma se va a molestar.
Al escucharlo, aceleré el paso, trepé la baranda y me dejé caer al río.
Dejé que el agua helada me cubriera los ojos, la nariz y los oídos. Sentí cómo se me acababa el aire poco a poco y la asfixia empezaba a apoderarse de mí.
Si me iba así de este mundo, tal vez ellos sentirían un poco de arrepentimiento.
Pero al segundo siguiente, alguien me sacó del agua de un tirón.
¡Paf!
Sonó una bofetada clara y fuerte. Samuel volvió a golpearme.
—¡De verdad te atreviste a tirarte! Frida, sin mi permiso, no puedes morir.
Mientras hablaba, me arrastró hacia arriba.
—Te lo advierto. Tu mamá no pasó por tanto para traerte al mundo solo para que vengas a quitarte la vida aquí.
Mamá era la única persona de este mundo que me había querido sin condiciones.
Pero ya estaba muerta, y yo tampoco tenía nada que me atara aquí. También había llegado el momento de irme.
Como esta vez no había muerto y tampoco sabía cuándo volvería a aparecer el sistema, inventé una excusa cualquiera y le pedí a Samuel que me llevara a casa.
Durante todo el camino, él siguió sermoneándome sin parar.
—¿Solo porque Víctor se casó, vas a andar así, queriendo morirte? Si de verdad amaras a Víctor, deberías alegrarte por ellos de corazón, como hago yo. ¡Eso sí es amor de verdad!
Pero yo nunca había amado de verdad a ninguno de mis objetivos.
Desde el principio, siempre me acerqué a mis objetivos con un propósito.
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