
El Elegido Se Convertirá En El Gran Padrino
Capítulo 4
La multitud quedó atónita al ver a Caesar. Lo miraban con una mezcla de miedo y respeto, retrocediendo instintivamente unos pasos. Incluso Damian se vio sobresaltado; un destello de temor cruzó sus ojos. Después de todo, todos sabían lo brutal que podía ser Caesar al manejar sus asuntos.
Sin embargo, Damian reprimió la aprehensión en su corazón al pensar que pronto heredaría tanto la familia Moretti como la Carter. Alzó la voz con brusquedad:
—Caesar, ¿quién te crees que eres para detenerme?
Caesar lo ignoró olímpicamente, y se limitó a lanzarme una mirada de reojo.
—¿Estás bien? —Su tono era frío, cargado con la autoridad gélida de un hombre al mando.
Fue una pregunta simple, pero hizo que mi corazón diera un vuelco. Recordé cuando, en mi vida anterior, durante aquel parto difícil, Damian había desviado todos los recursos médicos y me había encerrado en la sala de tratamiento para dejarme morir.
Cuando estaba al borde de la muerte, Caesar irrumpió en la sala; entró por la fuerza y me llevó para que recibiera atención urgente. Aun así, fallecí y me convertí en un fantasma.
Todos decían que Caesar era un demonio aterrador. Pero para mí, él había sido y era la persona más amable que conocí antes de mi muerte.
—Estoy bien —respondí en voz baja.
Para Damian, toda la escena era un insulto a su hombría. No pudo evitar intervenir:
—Caesar, yo voy a ser el esposo de Annie. Ella no es asunto tuyo.
En ese momento, apareció el underboss de mi padre. Al escuchar las palabras de Damian, frunció el ceño de inmediato.
—El esposo de Annie...
Antes de que pudiera terminar, Caesar levantó una mano para detenerlo.
—Don Moretti y la Sra. Carter ya están aquí. Por favor, todos pasen al salón.
La llegada de mis padres significaba que el anuncio de la elección de mi esposo estaba a punto de ocurrir. Al escuchar esto, Damian se impacientó.
—Parece que el Don y la Sra. Carter me están esperando. Alice, vámonos.
Sin pensarlo dos veces, se llevó a Alice y me dejó atrás. Sin permitir que me afectara; seguí a Caesar y me tomé mi tiempo para entrar.
Una vez que todos estuvieron reunidos, mis padres hicieron su aparición. Sus ojos brillaban con lágrimas de nostalgia, mientras tomaban mis manos y, al unísono, anunciaban:
—Siempre dijimos que una vez que Annie cumpliera veinte años, el hombre que ella eligiera se haría cargo de las familias Moretti y Carter. Ahora, que el hombre que Annie ha elegido dé un paso al frente. Es hora de que comiencen su nueva vida juntos.
Tras aquellas palabras, todos los presentes miraron instintivamente hacia Damian. Estaban seguros de que él se casaría conmigo, por lo que todos comenzaron a aplaudir, listos para dar la bienvenida al nuevo gobernante de ambos imperios.
El rostro de Damian no podía ocultar su emoción; claramente había estado esperando este momento durante mucho tiempo. Se ajustó el cuello de la camisa y se preparó para avanzar. Sin embargo, una figura lo esquivó y caminó hacia mí.
Era Caesar, quien , bajo las miradas atónitas de la multitud, se puso de rodillas y abrió una caja de terciopelo rojo que llevaba en la mano. Dentro de la caja descansaba un anillo con un rubí del tamaño de un huevo de paloma. Había aparecido en las noticias no hacía mucho: se decía que un postor misterioso lo había comprado en una subasta por mil millones de dólares. Simbolizaba un amor inquebrantable y fiel.
En aquel entonces, todo el mundo se preguntaba quién sería la afortunada de lucir esa joya.
Me quedé mirando el anillo, que centelleaba bajo las luces; era una imagen que nunca imaginé ver ante mí.
Su mirada se fijó intensamente en la mía mientras decía con voz profunda:
—Annie, este es el anillo que conseguí para ti. ¿Estás lista para casarte conmigo?
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