
Después de renacer, dejé de obsesionarme con mi esposo.
Capítulo 3
Hacía mucho que no lo veía así, tan cariñoso.
—No, gracias. Ya comí fuera.
—¿Cómo es posible? Tú nunca gastas dinero en comer fuera.
Sus palabras me pincharon.
Antes, era cierto: contaba cada centavo, ahorraba hasta lo imposible... todo para malgastarlo en él, comprándole regalos. Pero ahora iría a la Universidad, necesitaría dinero.
—Recuerdo que hace días te di dinero para los preparativos de la boda —dije, mirándolo con calma—. Veo que no compraste nada. Devuélvemelos.
Se quedó paralizado, luego balbuceó:
—Ese dinero... se lo usé para comprar zapatos a Camila.
No pude evitar hacer una mueca. Siempre lo mismo.
—Si no hay más, voy a dormir.
—¡Te lo devolveré mañana! ¿Somos pareja o contables?
—Ah, ¿o sea que con mi dinero le compras cosas a otra, y ni protestar puedo?
Sabía que perdía, pero igual refunfuñó:
—Eres irrazonable.
Cerré la puerta de un golpe.
Los siguientes días, convertí en efectivo todo lo inútil. Un chatarrero me di unas monedas por el lote.
Mientras terminaba mi maleta, Lucas apareció con dinero:
—Toma. Tu dinero.
—Gracias —asentí, sin dejar de doblar ropa.
Sus ojos se clavaron en mis pertenencias:
—Camila me acompañará primero a la base militar en Ciudad Esmeralda. Deja de empacar.
No detuve mis manos.
—Cuando te vayas, yo regresaré al pueblo.
Se inquietó. No reconocía mi indiferencia.
—No es que te excluya... Es solo que Camila nunca ha visto la ciudad. En unos meses te llevaré.
Asentí distraída.
En mi vida pasada, esa promesa había durado ocho años.
Solo vino por mí cuando Camila se casó con un oficial adinerado.
—¿Qué te pasa? Pareces otra —insistió.
Evité responder. Si descubría que en los papeles había puesto el nombre de Camila, capaz me arrastraba al registro.
—¿Y las fotos de boda? Vamos mañana —propuso de pronto.
Justo entonces, Camila entró abrazándole el brazo:
—¿Fotos? ¡Yo también quiero!
Lucas le acarició el pelo:
—Claro, iremos los tres.
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