
Cuando me tuviste, no me viste
Capítulo 2
Estaba sumergida en la lectura cuando una llamada de César me interrumpió de golpe.
Cuando atendí, su voz, grave y magnética, sonó al otro lado del celular:
—Mi equipo de relaciones públicas pregunta si quieres que retiremos esas publicaciones.
Sonreí para mis adentros, y, tranquila, respondí:
—No hace falta. Si tienes dinero extra, mejor inviértelo en nuestra boda. No pienso permitir que lo gastes en otros.
Desde el otro lado, escuché su risa suave:
—Está bien. Hoy iremos a que te pruebes el vestido. También llegaron tres variedades de rosas para la boda; ve a elegir la que más te guste.
«Apenas ayer decidimos casarnos, y ya están aquí esas flores. Qué eficiencia».
Desde que decidimos casarnos, César y su gente se encargaban de todo. Yo, felizmente, no movía ni un dedo. Él nunca me reclamaba nada, solo preparaba cada detalle para que yo decidiera.
Recordé cuando decidimos casarnos, Nelson y yo. En ese entonces, todo era lo contrario. Yo me encargaba de todo, y cada vez que le pedía su opinión, respondía molesto:
—¿Para qué me preguntas esas cosas tan triviales? Decide tú y no me hagas perder el tiempo.
Al ver cómo César organizaba todo, entendí finalmente cómo debía comportarse un verdadero futuro esposo.
Casi cincuenta opciones de vestidos de novia llegaron solo para que pudiera elegir, y, lo más sorprendente, es que todas eran exactamente de mi talla.
La diseñadora, sin cansarse, me animaba a seguir probándome más vestidos:
—Anoche, el señor Santos nos sacó de la cama a mitad de la madrugada. Tuvimos que ajustar varias tallas, y él insistió en que estuviéramos aquí por si hacía falta algún ajuste de última hora.
Me observaba con ternura, admirada por el brillo de mi vestido:
—El señor Santos debe amarla muchísimo.
Sentí cómo el calor me subía a las mejillas. Miré de reojo a César, y él me respondió con una sonrisa misteriosa.
Entre vestidos, joyas y rosas, terminé completamente agotada, por lo que, apenas llegué a casa, me dejé caer en el sofá.
Fue entonces cuando vi varias llamadas perdidas de Nelson. Justo en ese momento, mi teléfono volvió a sonar.
—¿Dónde diablos estás? ¿Cuántas veces debo repetirte que no llegues tarde? ¿O es que te gusta hacerme esperar para sentirte importante?
—¿Tarde a dónde? —le pregunté, confundida.
Nelson soltó una risa cargada de sarcasmo:
—Vaya contigo, Paula. Pensé que realmente habías aceptado a Ivana, pero parece que lo de ayer fue solo actuación. ¿Ahora también ignoras mis mensajes? Te dije claramente que hoy es la fiesta de bienvenida de Ivana. Ella insistió en que vinieras. Te mando la ubicación, apúrate.
Colgó sin esperar respuesta, e, inmediatamente, recibí la ubicación seguida de un mensaje de voz de Ivana:
—Paula, hace tanto que no nos vemos. Ven rápido, por favor. No quiero que haya malos entendidos entre Nelson y yo...
Antes de que terminara de escucharla, llegó otro mensaje de Nelson:
—Si no vienes, olvídate del contacto del editor de la revista que tanto quieres.
Me quedé un momento dudando. Como soy del área de medicina, llevaba tiempo intentando publicar una investigación, pero lo que realmente quería era que fuera en una revista específica.
Ese contacto era clave, y había sido Nelson quien lo había conseguido por pura casualidad y me había prometido que me lo daría. Qué increíble que ahora me estuviera chantajeando con eso.
Me levanté, me acomodé un poco la ropa y salí. Al fin y al cabo, esos dos no podrían fastidiarme por mucho más tiempo.
Al llegar al salón del hotel, vi a Nelson e Ivana sentados en el centro, casi pegados el uno al otro, mostrando una complicidad exagerada.
Apenas entré, Ivana se levantó rápidamente, con una sonrisa enorme:
—¡Paula! Ven, siéntate aquí.
Comenzó a cederme su asiento, pero Nelson la detuvo bruscamente:
—Ivana, tú eres la homenajeada hoy, quédate donde estás. Aquí hay muchos asientos, ella puede sentarse en cualquiera.
Ivana me miró con timidez, mientras su rostro se sonrojaba ligeramente:
—Perdona, Paula, es que Nelson... creo que ha bebido un poco de más.
Sacudí la mano con calma:
—No te preocupes, estoy bien aquí. Nelson tiene razón, hoy la protagonista eres tú.
Los amigos de Nelson empezaron a bromear:
—Ya basta con tanto protocolo por un asiento. Hoy vimos esas fotos de los paparazzi y, en serio, Ivana y tú se ven increíbles juntos. Incluso quienes no los conocen, los ven como pareja.
—Ivana siempre puso su carrera por delante, fue una pena que se separaran. Pero ahora que volvió, podrían intentarlo de nuevo.
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