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Portada de la novela Bajo el Silencio del Dolor

Bajo el Silencio del Dolor

En la novela moderna Bajo el Silencio del Dolor, María Valero, una joven muda rechazada por todos, logra casarse por azar con Robert, el primogénito de la influyente y adinerada familia Bonnet. Consciente de que su esposo jamás corresponderá a sus sentimientos, María decide poner fin a su matrimonio cuando Nahia Dumas, el primer amor de Robert, regresa al país para reavivar su romance. Tras descubrir que espera un hijo, opta por ocultar su embarazo y marcharse para siempre.
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Capítulo 2

Después de almorzar, Robert fue a buscar el carro, mientras Nahia y María esperaban en la entrada del restaurante.

María miraba al suelo, enfocada en la punta de sus zapatos, cuando Nahia rompió el silencio de golpe:

—Sabías que Robert se casó contigo solo por un simple capricho, ¿no?

María levantó la mirada, dudó un segundo y luego asintió con la cabeza.

Nahia alzó la barbilla, y toda esa actitud amable y suave que había mostrado con Robert se esfumó, dejando ver la arrogancia de una princesa.

—¿No te contaron que antes él se peleó con su familia y dijo que no se casaría con nadie más que conmigo?

María volvió a asentir, sin inmutarse. Sin embargo, mientras más tranquila se mantenía, Nahia más se encendía.

Cuando se había marchado al extranjero, había esperado que Robert la buscara... pero en vez de eso, él no solo se había casado con otra, ¡sino que encima era una tonta muda! Y Nahia no lo podía soportar.

La rabia la consumía por dentro. Pensaba que María era torpe, boba, y que Robert la odiaba.

Mientras armaba en su cabeza el plan para recuperarlo, un dolor intenso le atravesó el abdomen. Su cara se puso blanca como papel y cayó de rodillas, sin poder levantarse.

María se alarmó y se agachó a ayudarla, preguntándole con las manos si estaba bien.

—¡Muévete a un lado! ¿¡Qué diablos le hiciste!? —preguntó alguien en ese momento, empujándola con fuerza hacia un lado.

María se golpeó la cabeza contra algo duro y empezó a sangrar de inmediato. Con dolor, alzó la vista y vio a Robert cargando a Nahia con urgencia, diciéndole que le indicara dónde le dolía.

Nahia lloraba, diciendo que le dolía el estómago. Robert no lo pensó dos veces: la levantó y se la llevó en el carro a toda velocidad.

María se cubría la herida con la mano mientras la sangre le bajaba por la cara, mientras miraba fijamente al auto, sin poder creer que la habían tirado así, como si fuera un perro.

Le vino a la mente el rostro preocupado de Robert, y, por primera vez, entendió que incluso el hombre más egoísta que conocía era capaz de preocuparse por alguien.

Con una sonrisa amarga, se levantó y tomó un taxi al hospital.

Por suerte, el doctor dijo que la herida no era grave y que solo necesitaba descansar unos días. Eso la tranquilizó un poco.

Cuando salió de urgencias, se cruzó con Robert, que venía con las pastillas de Nahia en la mano.

Él miró la venda en su frente, con una expresión tensa, sin decir mucho.

—El doctor dijo que Nahia tiene gastroenteritis, una especie de infección. No fue culpa tuya.

María intentó sonreír. Claro que no había sido su culpa, pero... ¿eso quería decir que Robert pensaba que ella había intentado hacerle algo a Nahia por celos?

Intentó explicarle con gestos que no sentía celos. Tal vez algo de envidia, sí, pero nada más.

Sin embargo, Robert no estaba con humor para leerle las manos, por lo que, sin ganas, respondió:

—Luego iremos a dar una vuelta, y te compraré un bolso. Olvidemos todo esto por ahora.

Tras decir esto, sin esperar nada más, apretó los medicamentos y se marchó.

María, queriendo hablar con él, lo siguió hasta la habitación de Nahia. Cuando llegó, la puerta estaba entreabierta. Desde la rendija, vio a Robert sentado al borde de la cama, mientras Nahia lo miraba sin parpadear, antes de inclinarse hacia él y besarlo.

Robert no la apartó.

Pasaron varios segundos, hasta que Nahia se separó y miró hacia la puerta, como si hubiera sentido algo.

María retrocedió rápido. No quería que la vieran. Se llevó una mano al pecho, tratando de calmar esa mezcla amarga y triste que sentía en el alma.

Se dijo a sí misma que no pasaba nada. Ya había tomado la decisión de irse.

Si Robert y Nahia querían volver a ser novios, era asunto de ellos. Ella ya no era parte de la ecuación.

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